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Cómo habla la Corte Suprema: las confesiones de Horacio Rosatti

Quien se autovotó para ser presidente del máximo tribunal, acaba de editar un libro donde indaga en “cómo funciona, piensa y habla” la Corte. Partiendo de un análisis del pasado, termina sin embargo desnudando las tramas del presente de una institución sumamente cuestionada y que enfrenta la necesidad de una reforma socialmente demandada.

Por Juan Manuel Ciucci

El libro se llama “La palabra de la Corte Suprema. Cómo funciona, piensa y habla (y algunas ideas para debatir su futuro)” (Siglo XXI, 2022) y su autor es ni más ni menos que Horacio Rosatti, el juez de la Corte que se autovotó para ser su presidente. “Una salida perfectamente legal, aunque indecorosa”, tuvo que admitir el diario Clarín cuando dio cuenta de la repercusión que tuvo esta maniobra  (1). Pero no era esto lo más grave que había sucedido en la corta carrera de Rosatti en el máximo tribunal: ya había aceptado, junto con Carlos Rosenkrantz, ser designado por decreto en la Corte Suprema. Procedimiento que si bien el Diario La Nación indicaba que “puede ser riesgoso en términos políticos para el flamante presidente pero es válido según la Constitución” (2), en una interpretación tan partidaria de lo sucedido que refleja el tinte oficialista del diario centenario durante el gobierno macrista, fue social y políticamente repudiado y obligó al entonces presidente a dar marcha atrás en su decisión (3).

Este personaje es quien publica ahora en formato de libro su tesis doctoral en el área de Historia de la Universidad Católica Argentina, “El lenguaje de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Un registro de treinta años (1973-2002)”. Su análisis del pasado reciente del máximo tribunal dice sin embargo mucho del presente de la Corte que preside. Y también de su concepción de la justicia, el derecho, la legalidad. “De modo que, unas veces de manera consciente y seguramente otras de forma inconsciente, en este libro he vinculado a la época analizada con los tiempos más recientes”, reconocerá en el epílogo Rosatti.

“Lo que la Corte hace (y cómo lo hace) debería interesar a toda la población, pues finalmente ella es la destinataria -directa o indirecta- de este mensaje preceptivo y obligatorio que le dice lo que debe, lo que puede y lo que no debe hacer”, nos explica en su introducción. Imposible no pensar en el video publicado por Cristina Fernández de Kirchner días atrás, “De la Corte ejemplar a la Corte de los cuatro: breve crónica de la decadencia” (4), en tanto que funciona como una continuación temporal del registro elegido por Rosatti (que no casualmente se cierra en 2002). Pero también por lo que remarca la Vicepresidenta en cuanto a la conexión ineludible entre el oscuro accionar de la Corte y el día a día de les ciudadanes, algo que también aparece en esta primera cita que hacemos del libro.

Realiza pues Rosatti un análisis del funcionamiento de la Corte, de su composición, etc., dando cuenta quizás sin quererlo de cómo vulneró esas disposiciones en su accionar. Se torna benevolente su lectura de los miembros de las anteriores cortes, en especial si tomamos en cuenta que analiza la Corte Suprema de la última dictadura cívico militar. Pero también de aquella con la que debió batallar Néstor Kirchner al llegar a la presidencia: “al ser el primer tribunal expuesto a un vértigo informativo que no se conocía hasta ese entonces, la exhibición de las disputas entre los jueces resultó más evidente”, indica del tribunal menemista conocido como “la mayoría automática”. Siguiendo su lógica, sería la exposición la que determinaría la crisis y no el accionar del propio tribunal, que terminaría renunciando (Julio Nazareno, Adolfo Vásquez, Guillermo López) ante el juicio político que debían enfrentar o que sería destituido (Moliné O’Connor, Antonio Boggiano) por el mismo. 

Cómo habla la Corte: tiempos, silencios, “clima de época”

El análisis de los fallos del ‘73 al ‘02 le permite extraer algunas nociones generales del funcionamiento de la Corte, y de los modos que tiene para funcionar. Algo que se torna fundamental para pensar el hoy del máximo tribunal. Así, sus conclusiones parecen una “confesión de parte” de cómo entiende su rol dentro de la Corte y los alcances políticos, sociales y económicos que se desprenden del mismo. 

Al mencionar los tiempos de la sentencia, indica la posibilidad de analizar “tiempos largos y cortos”, velocidad que responde al “contexto histórico imperante (…) que permite entender el ritmo temporal (acelerado o lento) de cada decisión”. Esto apresuraría resoluciones o las alargaría en el tiempo, en base al contexto en el que le toca decidir a la Corte. Por otro lado, indica que “la temporalidad de la decisión (…) no sólo está vinculada con los vaivenes ‘internos’ del proceso judicial (…) sino que también está condicionada por un factor ‘externo’ que podría denominarse ‘cambio de época’”.

Expone así dos funcionamientos clave de esta Corte actual: el tiempo que se toma para dar sus fallos y la oportunidad de los mismos de acuerdo al “cambio de época” imperante, o a su voluntad de cambiarla. Lo denunciado en su video por Cristina Kirchner en torno a la causa conocida como “obra pública” es un claro ejemplo de esto: “con tres años de demora, la Corte de los cuatro falló exactamente como anticiparon esos medios (de comunicación): rechazando todos y cada uno de los recursos y las medidas de prueba que habíamos solicitado» (5).

Ante lo dicho por la Corte también está lo que “no se dijo”, que para Rosatti “puede tener igual o mayor relevancia que lo afirmado en forma expresa”. Algunas posibilidades de este “no decir” pueden ser las omisiones, las ambigüedades o vaguedades y las implicitudes. “El ‘no decir’ al que hacemos referencia no remite a un ‘error’ en la sentencia” sino que “se trata de aludir a las formas con las que el máximo tribunal decide no responder o selecciona lo que va a responder y, en paralelo, descarta aquello que no va a considerar”, agrega el magistrado. Nuevamente oímos decir a Cristina: «Fue un fallo totalmente atípico. A la falta de argumentación jurídica y el lenguaje ofensivo utilizado -llegando a citar como antecedente el del genocida Jorge Rafael Videla-, se le sumó el prejuzgamiento explícito y descarado de los cuatro cortesanos, como un aval anticipado para la condena que, tal como dije el 1 de diciembre de 2019 ante el Tribunal Oral, ya la tienen escrita y creo, a esta altura, hasta firmada» (6).

Por otra parte, al hablar de los fallos, indica que “es necesario desmitificar este acto, erradicando cierto sesgo de romántica espontaneidad”, siendo que “la expresión escrita de los argumentos constituye no tanto el antecedente de la decisión sino su legitimación ex post facto”, donde además las secretarías de la Corte “no solo estudian las causas y escriben memorandos, sino que redactan proyectos de sentencias que remiten a la consideración de los jueces y que son ponderados al momento de decidir”. Volvemos una vez más a Cristina: “un periodista de investigación dio precisiones sobre el fallo: ‘la apariencia jurídica provino de penalistas colaboradores de Juan Carlos Maqueda y las frases mordaces y despectivas se originaron en la presidencia del tribunal, con aportes de pluma del periodista Silvio Robles’ (7), mano derecha de Rosatti para todo tipo de funciones, quien además, ante algún interlocutor, llegó a afirmar que la ‘Doctrina Irurzun’ en realidad fue escrita de puño y letra por el entonces Presidente de la Corte Ricardo Lorenzetti y no por el tan mentado camarista” (8). Enroques en la autoría de las palabras, “ghost writers” de la avanzada judicial, Rosatti reconoce en el libro este accionar y lo justifica por el argumento “realista” de la imposibilidad por parte de los jueces de redactar personalmente todo…

Epílogo: que hable el juez

El cierre del libro se propone como una suerte de “ideas para debatir” el futuro de la Corte Suprema. Es allí donde aparece más clara la intencionalidad política que parece anidar en Rosatti, y su lectura de su rol en el máximo tribunal. Una aspiración que compartiría con su colega Lorenzetti, que soñó (y varios soñaron con él) con su candidatura presidencial allá por el 2012 (9). Porque como indica el autor, en las últimas dos décadas se dio un “incremento en la judicialización de los conflictos (y con ello el trabajo de la Corte), un hecho que demuestra -entre otras carencias- una creciente incapacidad de la sociedad para resolver sus diferencias sin depender de un tercero (el juez), cuya decisión final suele dejarla insatisfecha”. En esta “carencia” de la sociedad, como parece presentarla, anida el poder cada vez mayor del Partido Judicial.

En cuanto a las “reformas en la composición del tribunal”, que relaciona con la “lentitud” de la justicia (y evita así hablar de los cuestionamientos al modo en que representa intereses la actual composición de la Corte Suprema), indica que “carecen de un análisis que comience por definir qué se pretende del tribunal para avanzar sobre el diseño más adecuado para lograrlo”. Así dicho, y especialmente “no dicho”, las reformas podrían ser buenas pero están mal encaradas, por lo que mejor que continúe lo que está, indefinidamente…

A esto se suma según Rosatti “cierta `incomprensión recíproca´ entre la política y la judicatura que no es nueva ni es exclusiva de nuestro país” donde “el político suele sentir que la judicatura frena los cambios que propone” y “el juez siente que el político pretende imponer sus propuestas sin respetar las normas”. En el extremo, agrega, “la incomprensión se torna en crispación, lo que genera tensión en el sistema republicano”.  ¿Podemos no pensar que en esta definición está hablando de Cristina Fernández de Kirchner? Si ese vocablo, “crispación”, parecen haberlo descubierto desde que Cristina es la conductora del peronismo. Su inclusión en este pasaje del libro no puede ser, por lo tanto, ingenua, y explicita el enfrentamiento con un sector del poder político que ella representa, y que los adalides de la “república” pretenden sofocar.

Para el final, deja su mirada hacia el futuro de su carrera judicial/política: “si en otra época (…) bastaba con decir que el juez sólo debía hablar por sus sentencias, estimo que ahora es necesario que el juez hable extrasentencia”. Pero como quizás hasta a él le parezca un poco fuerte la sentencia, aclara: “no para polemizar con los otros poderes” sino “para explicar cómo trabaja y para contribuir a proponer soluciones que mejoren el rendimiento del poder que integra”.

“Que hable poco, solo lo justo y necesario, pero que hable. Que explique, que proponga, que rinda cuentas”, termina su libro Rosatti. Retoma así, pero para su conveniencia, un reclamo de toda la sociedad argentina: que el Poder Judicial rinda cuentas de su accionar, de sus privilegios, de sus deudas. “La palabra de la Corte Suprema. Cómo funciona, piensa y habla (y algunas ideas para debatir su futuro)” se convierte entonces no sólo en una descripción histórica del pasado, sino en una revelación de la autopercepción del poder más elitista y concentrado de la Argentina. Una lectura que nos permite reforzar las lecturas políticas de su accionar, en tiempos donde sus fallos pueden llegar a tener un peso sustancial en las elecciones venideras pero, especialmente, en el complejo día a día de todes les argentines.    

1 – https://www.clarin.com/politica/horacio-rosatti-nuevo-presidente-corte-suprema-justicia_0_MI8Qb-Zio.html

2 – https://www.lanacion.com.ar/politica/el-decreto-de-mauricio-macri-que-designa-a-los-dos-nuevos-jueces-de-la-corte-nid1854357/

3 – https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-291934-2016-02-06.html

4 – https://www.youtube.com/watch?v=uzb0HbwX03w

5 – Idem

6 – https://www.telam.com.ar/notas/202207/598939-cristina-fernandez-corte-suprema.html

7 – https://www.elcohetealaluna.com/por-ahora-no/

8 – https://www.tvpublica.com.ar/post/cfk-cuestiono-a-la-corte-suprema-los-ciudadanos-estan-en-libertad-condicional

9 – https://www.clarin.com/politica/Lorenzetti-nego-aspire-candidatura-presidencial_0_ByWzCnhsDXx.html

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