Cuando el trigo nos tapa el bosque: el modelo agroalimentario argentino y la posibilidad de plantar alternativas

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Por Laura Trebucq*

En los últimos meses hemos escuchado muchos debates en torno al trigo HB4, lo cual una vez más puso en el foco de la agenda a los transgénicos y el glifosato. Es que, como es sabido, el desarrollo de organismos genéticamente modificados (OGM) a partir de técnicas de ingeniería genética es sujeto de amplios debates por su utilización en la agroindustria y el paquete tecnológico que forman con el glifosato y su primo hermano, el glufosinato de amonio, dos potentes y tóxicos herbicidas. Sin embargo, los OGM y las técnicas de edición genética también se utilizan para curar enfermedades, hacer vacunas, salvar vidas. ¿Es posible, entonces, separar a los transgénicos del uso de herbicidas tóxicos para la salud humana y ambiental? El propósito de esta nota es debatir sobre el trigo HB4, como emergente tecnológico del modelo agroexportador de nuestro país y reflexionar sobre como podemos construir, desde lo colectivo, sistemas agrobiotecnológicos inclusivos y sustentables. 

El trigo HB4, desarrollado por la Universidad Nacional del Litoral y producido por la empresa nacional Bioceres-Indear, consiste en una semilla modificada genéticamente para ser resistente a la sequía. A la semilla original se le agrega un gen de otro organismo en su ADN, que permite establecer resistencia al estrés hídrico. A su vez, el trigo HB4 tiene otra modificación: la resistencia a glufosinato de amonio, un potente herbicida. El desarrollo de semillas transgénicas resistentes a herbicidas es muy frecuente, dado que las técnicas de control de malezas mediante fumigación con pesticidas, como el glufosinato o el glifosato, son muy comunes en nuestro país y la adición de una resistencia garantiza el control de malezas sin afectar el cultivo de interés. La toxicidad de estos herbicidas ya ha sido demostrada en diversos estudios científicos nacionales e internacionales (1). Si bien ambos poseen un límite tolerable de consumo humano, en el campo y en los cultivos ese límite es generalmente muy sobrepasado, provocando envenenamiento de los suelos, el agua y, por consiguiente, las personas. La experiencia sojera ya demostró que la utilización de altas concentraciones de herbicidas genera riesgos altísimos sobre la salud humana, que el cultivo extensivo y latifundista agota las cuencas hídricas y que el monocultivo produce corrimiento de la frontera agropecuaria (2).

Estas prácticas de cultivo están directamente relacionadas con el modelo agroindustrial de nuestro país, el cual está fundamentado, cimentado, en la desigualdad y la explotación de recursos y personas. Por tanto, no sorprende que el emergente de esta matriz sean tecnologías que requieren que los campos (y la gente) sean regados con herbicidas altamente tóxicos. Es imposible pensar el HB4 actual, acoplado al glufosinato, sin la matriz socio-productiva nacional. Preguntarnos por esta tecnología es preguntarnos por el sistema científico-tecnológico, por la desigualdad, por el acceso a tierras, la pobreza, la distribución de la riqueza. Estas ideas ya fueron expresadas por el científico Andrés Carrasco, pionero en el estudio de la toxicidad del glifosato: “Decir que el problema es el glifosato es achicar el discurso. Uno debe hacer un esfuerzo intelectual y analizar que el glifosato es un emergente. Es una forma de ver el desarrollo de un país. No es que aparece el paquete tecnológico y después alguien empieza a producir en función de eso, sino que hay una decisión primaria, una forma de ver el progreso, el desarrollo de las sociedades, la distribución de la riqueza y la explotación de los recursos.” (3)

Las tecnologías y los artefactos son políticos, al igual que los actores que los producen: existe una co-construcción entre actores y artefactos, que vuelve a las tecnologías elementos dinámicos con una trayectoria específica y, a los actores, parte de estos sistemas tecnológicos (4). Es por esto que caer en reduccionismos deterministas tecnológicos, que planteen que el mal de todo es únicamente el glifosato (o el paquete tecnológico HB4-glifosato), nos lleva a obviar el problema mayor, nos lleva a negar que las tecnologías se construyen en función de la agencia de las sociedades (y los intereses dominantes), y viceversa. Eliminar el glifosato y el glufosinato (más allá de que eliminar su uso es necesario e imperante) no eliminará las desigualdades que acarrea el modelo socio-productivo que venimos repitiendo, ya que surgirá otro emergente que continuará generando que los ricos sean cada vez más ricos, y los pobres, cada vez más pobres. Algunas tecnologías, al igual que algunas sociedades, sustentan sistemas desiguales. Algunas participan de procesos de concentración de poder, de potenciación de riesgos ambientales. Otras, sin embargo, colaboran en procesos de democratización e igualdad, porque los actores que las construyen también están motivados por procesos de igualdad.

Entonces, ¿Puede generarse una tecnología HB4 que no requiera glufosinato? ¿Puede terminarse con este paquete tecnológico, que, hasta ahora, parecería indivisible? La experiencia está demostrando que sí. En muchos laboratorios del país, se investigan biopesticidas, formas de cultivo que no requieran latifundio y diversas semillas resistentes a sequía o algún otro estrés abiótico, aportes mucho más inclusivos y sustentables, que, en muchos casos, no cuentan con el financiamiento o difusión que deberían (basta observar la no muy difundida cumbre sobre biopesticidas que ocurrió en el 2019 en la Universidad Nacional de Rosario) (5). Sin embargo, pensar en alternativas que permitan modificar la forma en que está concebida la agroindustria, no es tarea fácil. Quizá el primer paso sea generar debates profundos en torno a alternativas tecnológicas reales, que permitan que surja, por ejemplo, una semilla resistente a la sequía orientada al cultivo en zonas de alto estrés hídrico, de las más afectadas de nuestro país, que no requiera de agrotóxicos.

Acoplar el HB4 a otra tecnología, distinta de la impuesta por los intereses económicos imperantes, requiere cambiar el pensamiento en torno a la tecnología, requiere resignificar, rediseñar el artefacto. Esto es difícil, pero no imposible. La identidad del trigo HB4 puede cambiar y, en lugar de ser adoptada por determinadas empresas que pujan por continuar construyendo sistemas desiguales, puede ser readoptada por organizaciones que pujen por modelos redistributivos y solidarios, orientando estas tecnologías hacia un desarrollo inclusivo sustentable, que genere una verdadera soberanía científica. Cambiando las alianzas socio-técnicas que juegan en torno a esta tecnología, será posible pensar otras dinámicas. Quizá, allí justamente radique el desafío: en empezar a preguntarnos qué matrices socio-productivas queremos, para poder co-construir (bio)tecnologías que nos permitan terminar con este bosque de desigualdad y empezar a caminar -y plantar- un camino más justo hacia la igualdad social, la inclusión y la sustentabilidad.

*Biotecnóloga por la Universidad Nacional de Quilmes. Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

(1) Aspectos Ambientales del Uso del Glifosato. Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. 2010.

(2) Nodal (26 de junio de 2017). Conflictos sociales por el agronegocio de la soja en América Latina. https://www.nodal.am/2017/06/conflictos-sociales-agronegocio-la-sojaamericalatina/#:~:text=El%20cultivo%20de%20la%20soja,a%20campesinos%20y%20comunidades%20ind%C3%ADgenas.

(3) La Capital (22 de agosto de 2010). Andrés Carrasco: “Con mi trabajo sobre el glifosato contribuí a un debate que debieron liderar otros”. https://www.lacapital.com.ar/andreacutes-carrasco-con-mi-trabajo-el-glifosato-contribuiacute-un-debate-que-debieron-liderar-otros-n357687.html

(4) Thomas, H. y Santos, G. (2015). Tecnologías para Incluir. Ocho análisis socio-técnicos orientados al diseño estratégico de artefactos y normativas. Buenos Aires: Lenguaje Claro-IESCT.

(5) UNR Noticias (12 de abril de 2019). Científicos italianos y argentinos debaten en torno a los biopesticidas. https://unr.edu.ar/noticia/13221/cientificos-italianos-y-argentinos-debaten-en-torno-a-los-biopesticidas

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