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La “agenda” de Cristina: claves para volver real el “volver mejores”

Por Juan Manuel Ciucci

Foto: Charo Larisgoitia Fotografía

En tiempos en donde parece no quedar tan clara la delimitación del rumbo a seguir, suele ser una buena orientación observar los temores de las clases dominantes, y las demarcaciones en torno a lo que “pueden hacer” quienes ellos ubican como enemigos/contrincantes. Esa dicotomía que han construido en nuestro país hace ya tanto tiempo, y que ha tomado los visos del oscurantismo más feroz en terminologías como civilización/barbarie, el antiperonismo más acérrimo de la Revolución Fusiladora o la persecución genocida contra la “subversión”.

En nuestros días intentan construir un demonio parecido, bajo la denominación del “kirchnerismo duro”, o replicas semejantes, y en donde ubican dentro de todos los males a la “agenda” que Cristina Fernández de Kirchner “desearía” impulsar. Un escenario de enfrentamiento posible dentro del Frente gobernante, donde las pujas hacia demandas más radicalizadas podrían poner en peligro el gobierno de Alberto Fernández, y su necesidad de un acuerdismo que le permita organizar una salida a la debacle que cuatro años del neoliberalismo macrista nos dejó. Y que la pandemia que aun sufrimos a nivel planetario no hizo más que agudizar.

Prontos a cumplir el primer año del gobierno de Alberto, sin dudas se han prendido las alarmas en vastos sectores de la sociedad, y especialmente dentro de la militancia que acompañó y acompaña a la fórmula del Frente de Todes. Algunas dudas e inquietudes hacia el inicio de la gestión se han tornado en franca molestia y preocupación, ante las dificultades enfrentadas y los no pocos “errores no forzados” que ha presentado el gobierno. Si se quiere, el episodio Vicentín puede ser la piedra de toque de estas sensaciones: un proyecto que despertó mucha expectativa en las bases al presentar una posible avanzada contra los capitales concentrados, y que terminó  por escenificar el mar de dudas en que se ha convertido muchas veces la gestión. Con disímiles actuaciones, el gabinete nacional no ha logrado plasmar la voluntad transformadora que en las elecciones del año pasado sí pudo articular el frente electoral, y por lo tanto ha ido perdiendo un poco del apoyo y las expectativas populares. No hay quien destaque ni quien pueda convertirse en un apoyo para que Alberto no termine siempre siendo el principio y el fin de toda política pública.

Ante este escenario es que los poderes concentrados redundan en la construcción de Cristina como responsable de todos los males, y aún ante la timidez que presenta en muchos frentes el gobierno, se quejan por aquello que podría pasar si Ella tomara las riendas de la realidad nacional. Sigue representando, por lo tanto, aquella “sombra terrible” que batallaban años atrás enfundados en las banderas de una “civilización” que no hizo más que regar con su barbarie el suelo patrio.      

Pero como decíamos al inicio, en tiempos de incertidumbre puede ser justamente en los temores de quienes nos enfrentan en donde podremos encontrar algunos de los lineamientos de aquello por lo que deberíamos ir, sin temores ante las reacciones del “círculo rojo” o de los diversos “aliados” que tienen mucho más en común con ellos que con nosotres. Allí es donde aparece la “agenda” de Cristina como una posibilidad de transformación que nos lleve a concretar la mentada consigna del “volver mejores”, que tanto gustó a los que nunca quisieron demasiado a quienes somos kirchneristas.

A un año de gobierno, lejos se está de haber logrado aquella vuelta mejorada, y cobra cada día más grandeza la obra realizada durante 12 años tanto por Néstor como por Cristina. El avance contra los poderes concentrados, una mayor redistribución de la riqueza, un mayor control sobre los monopolios informativos, una fuerte apuesta al mercado interno con medidas contracíclicas que puedan impulsar el desarrollo del trabajo nacional, terminar con la justicia elitista y de clase que nos gobierna, apuntalar una redistribución de la población en el territorio nacional, invertir en obra pública para desarrollar zonas hasta ahora olvidadas, impulsar un federalismo real que se sostenga en el tiempo, avanzar con el juzgamiento de los delitos de lesa humanidad e impulsar el cumplimiento de los derechos humanos de tercera generación, acompañar el impulso sostenido que están teniendo los feminismos populares, impulsar una reforma en el agro que permita trabajar y habitar las zonas que permanecen subexplotadas, etc. Son estos algunos de los mayores temores de las clases dominantes, que hoy como ayer los presentan como “plan” de aquelles a les que intentan sojuzgar, para reafirmar su violencia y su dominio; presentándolo como el temor de una avanzada “vengativa” o “socializante” que vendría a quitarles todo lo que tienen.                  

Quizás pueda ser entonces en base a lo que fuimos y podemos ser, pero también especialmente a lo que temen que seamos, que podremos construir el programa que necesitamos para salir de este atolladero en el que nos encontramos. Pasado ya un año, las expectativas y deseos populares parecen estar acostumbrándose a la realidad de un gobierno que parece no poder solucionar aquello que prometió realizar con especial urgencia ante la debacle que nos dejaron. Y es en este escenario donde Cristina vuelve a ser el faro ante el cual esos deseos pueden organizarse, como resultante ideal de lo que podremos ser. Como aquella parte del Frente de Todes capaz de impulsar los mayores avances. El reciente proyecto sobre jubilaciones, y su intervención desde el Senado para evitar un ajuste que se tornaba insostenible, dan cuenta de ello. Será cuestión de volver a ocupar las calles (como haremos esta semana para apuntalar la aprobación del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo), y construir la realidad de una “vuelta mejorada” que en este angustioso año que transitamos se torna cada día más necesaria.        

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