75 octubres: seguimos leales a la construcción del peronismo que le debemos al pueblo

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“Somos peronistas, siempre estamos en medio del pueblo y el tumulto” – Cristina Fernández, 31/10/10.

Por Mario Bedosti

No siempre me asumí peronista. Durante años tuve recelo al término, si bien siempre voté fórmulas peronistas al encontrarme en el cuarto oscuro. Habiendo comenzado mi trayectoria política en el movimiento de la diversidad sexual, estuve mucho tiempo imbuido en cierto pensamiento progre que le guardaba reparo al barro, a la contradicción. Contradicción que años después comprendería es inherente de todo aquel que hace. Mi despertar político, y sexual, transcurrió durante los años de los gobiernos de Cristina. Un joven puto, que comenzaba a entender como las luchas políticas y la confrontación abierta eran el camino no imposible para cambiar las cosas, veía como una presidenta que gritaba, que no guardaba las formas y que no rendía pleitesía a los dueños del país, era reelecta con una inmensa mayoría del voto popular. Para un pequeño homosexual, que quería ver estallar el mundo, pocas cosas podían parecer más subversivas que una mujer tomando las riendas de un país y un movimiento político diseñado para la supremacía de los varones cisheterosexuales. De algún modo, no podía ser otra cosa que amor a primera vista. Y sin embargo, aun no me sentía cómodo en el calificativo “peronista”.

Me parecía demasiado difícil asumir la misma identidad que compartían tantas personas oprobiosas de la historia de este país. Cómo llamarme peronista, si peronista había sido el peronismo del 74, si peronista había sido el menemismo, si peronistas habían sido personajes que habían apoyado recortes de derechos para el pueblo. Cómo llamarme peronista si, siendo puto, había visto peronistas votar en contra de la ley de matrimonio igualitario. Si bien el peronismo había sido el movimiento político que tantos derechos había otorgado, y que tantas proclamas con las que me identificaba había promovido, había demasiadas contradicciones como para sentirse cómodo. Creo que el click se dio cuando por fin comprendí que el peronismo no era algo estático, monolítico e incólume. Muches compañeres se molestarían si se asocia el peronismo al concepto de “significante vacío” de Laclau. Tampoco yo me atrevería a decir que el peronismo es un término sin un contenido particular. Pero sí adscribo a pensarlo como un movimiento político que es a su vez un campo de batalla. Batalla por llenarlo de contenido permanentemente. Comparto las palabras de Cristina, a días de la muerte de Néstor, y que abren esta humilde reflexión: “Somos peronistas, siempre estamos en medio del pueblo y el tumulto”. Creo que ese es un denominador común básico del peronismo: de una manera u otra, somos el espacio político que desde su nacimiento convocó e interpeló a las grandes mayorías populares. Con idas y vueltas, avances y retrocesos, pero siempre en el medio del pueblo. Tomando esa premisa, todo lo demás está siempre por construirse. Creo que así como uno no nace peronista, sino que deviene peronista, el peronismo no es una cosa cerrada, sino que está en constante devenir.

En este marco, creo que el peronismo es lo que les peronistas hagamos de él. Y es por eso que llamarnos peronistas es un grito de pelea, y un posicionamiento político. Estoy convencido de que a nuestra generación le toca lograr la incorporación total y definitiva dentro del peronismo de los feminismos, de las banderas de la diversidad sexual, del ambientalismo social, y de todas aquellas luchas que respondan a la consigna que dice que allí donde existe la necesidad, nace un derecho. Y en eso estamos. A finales del año pasado recuperamos el gobierno de la mano de Alberto y Cristina. En ese entonces no imaginábamos que nos iba a tocar enfrentar la crisis sanitaria, social y política más grande de nuestra generación. A la pelea contra el coronavirus, se suma la paupérrima situación socioeconómica que nos legó el macrismo. Pero también se suma un contexto regional y global donde las derechas radicalizadas, antidemocráticas pugnan por convertir sus discursos de odio y de exterminio de la diferencia en hegemonía. 

De cara a esos desafíos, nos toca una vez más reinventarnos. Creo que la experiencia nos enseña que una estrategia que siempre nos favoreció fue la de fugar para adelante. Sin dogmatismos, ni repitiendo fórmulas de otras épocas históricas. Pero sí pudiendo poner la imaginación política al servicio de la justicia social. Si el presente es adverso, y el pasado no es una opción, necesitamos construir un futuro lo más parecido posible al mundo que nuestro pueblo se merece. Y creo que, en ese sentido, allí descansa nuestra lealtad como peronistas. Como dijo Cristina hoy: “que la lealtad a las convicciones, al pueblo y a la Patria sigan inalterables en tiempos de pandemia”. Nuestra lealtad es hacia la defensa irrestricta de los derechos de nuestro pueblo. Y para defenderlos, necesitamos estar juntes. Asegurando que nuestros disensos, nuestras contradicciones y nuestras discusiones puedan darse siempre por dentro de un movimiento que es singular en América Latina. Dentro del movimiento que, en un marco regional de golpes, ascensos de odiadores seriales y represores neoliberales, ha sabido volver a conquistar en las urnas el favor popular. Porque todas las discusiones que podamos dar dentro del peronismo, mientras estén enmarcadas bajo la premisa de que el pueblo está primero, no pueden ni deben hacer otra cosa más que fortalecernos. 

Me gusta pensar entonces el peronismo como un dique de contención que ha conseguido que la derecha en Argentina jamás pueda erigirse como discurso único. Porque siempre estamos allí, reivindicando que el futuro de nuestros compatriotas no puede ser la resignación al oprobio. Les peronistas estamos siempre allí para decir que hasta que le últime argentine no viva con dignidad, la historia no escribirá su último capítulo. Les peronistas estamos y estaremos siempre allí, dando la doble pelea de construir en simultáneo la Nación que merecemos, y el movimiento político que esté a la altura de tamaño desafío. Por eso celebramos hoy el día de la lealtad. Debemos y nos mantendremos siempre leales a construir el peronismo que necesitamos, el peronismo que debemos ser para que finalmente “reinte en el pueblo, el amor y la igualdad”.

Feliz día, compañeres.

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