“Hay una falsa dicotomía entre la justicia social y la justicia ambiental”

Ambiente Destacados

Por Paula Carrizo

Foto: AnRed

Durante la discusión en torno a “la 125”, allá por 2008, ciertos actores políticos abonaron a solapar bajo el imaginario común “todos somos el campo”, los intereses particulares del sector agrario concentrado. Años más tarde, en pleno gobierno macrista, la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) logró hacerse un lugar en la escena pública, decidida a romper con esa idea. Afirmando: somos el otro campo, somos el campo que alimenta. Apostando a la solidaridad, la organización y el tejido de redes para no sólo resistir a las políticas neoliberales, sino construir también alternativas. Ahora, en el marco de la Emergencia Sanitaria, Ambiental, Económica y Social que estamos atravesando, vuelve a marcar ese rumbo, donando miles de toneladas de alimentos a vecines de villas y barrios vulnerados, acompañando a las vecinas organizadas de la toma de Guernica. En esta charla, Rosalía Pellegrini (fundadora y coordinadora nacional de la secretaría de Género de la organización), nos introduce a la realidad de aquellas miles de familias productoras organizadas a lo largo del país, con una labor tan esencial como lo es producir el alimento de nuestra población, y a las discusiones y proyectos que emergen de esa experiencia e intercambio colectivos, para construir un futuro con justicia social.


¿Cómo surge la consigna-identidad ‘el otro campo’?

Rosalía Pellegrini: Lo que buscamos es empezar a trabajar dentro de la sociedad este debate de qué es realmente el campo, en una Argentina que se construyó de alguna manera con una lógica y una cultura muy urbanas, en la cual nos pusieron un paredón de cara al interior de nuestro país y al río para hacer negocios. Nuestro país se funda en el marco de una estructura económica, de un sector muy chiquito de nuestra sociedad, para construir un proyecto para pocos, que tiene que ver con la tierra en función de la mercantilización apuntada al modelo agroexportador. Es tan fuerte esa cultura de ese campo que supuestamente genera las riquezas de nuestro país, que justamente lo que hace es esconder la ilegitimidad en el proceso que hubo de apropiación de la tierra, la matanza de los pueblos originarios, la contaminación y degradación ambiental que ha generado ese modelo de campo mercantilizado, la fuga de capitales que implica ese campo empresarial, la falta de solidaridad total y de visión del bien común. Por un lado las miserias que vive el pueblo trabajador de un sector del campo y por otro lado el campo de los commodities en argentina, no produce alimentos, produce una mercancía, un commodity, una mercancía exportable para generar recursos para unos pocos.

En ese marco quisimos empezar a dar esa batalla cultural de lo que es el campo en Argentina. Justamente detrás de ese discurso del campo pujante que genera riquezas para todo el sector de la sociedad, está el tabú de pensar la distribución y democratización de acceso a la tierra en Argentina, y por ende, la posibilidad de pensar un proyecto de reforma agraria, integral y popular. En Argentina hablar de eso es un tabú porque hay un sector económico cultural y social que es este mal llamado campo, que es el empresariado del agro, con un proyecto justamente para las minorías, y que encima implica no solo la mercantilización de la tierra y de la vida de las personas que la habitamos, sino también de la degradación de la naturaleza.

Hay una lectura ampliamente compartida respecto a la Pandemia como suceso inédito que vino no sólo a visibilizar sino a profundizar ferozmente desigualdades preexistentes. ¿Qué impacto tuvo la pandemia en los sectores rurales, en la vida de los y las trabajadores/as de la tierra?

RP: La pandemia impacta claramente en nuestras vidas, como habitantes del territorio rural. Cuando se piensa el aislamiento social obligatorio y se pone a las fuerzas de seguridad como garantes de ese aislamiento, sufrimos todo tipo de abusos. El aislamiento estuvo pensado desde un lugar muy urbano. Para una familia rural ir a comprar el pan es subirse a un vehículo y atravesar una ruta provincial, no tenés un centro comercial al lado de tu casa. Al principio cuando se instaló la cuarentena vivimos toda una suerte de abusos y acoso policial para garantizar comprar alimentos o insumos para la producción. Ahí nos vimos fuertemente discriminados como sector campesino. Muchas veces se aprovechan de una cultura por ahí más callada, silenciosa, que puede agachar la cabeza individualmente. Después tenemos la fuerza de la organización, que nos hace sentirnos más fuertes, pero muchas veces se aprovechan de la fuerza del/la más débil y en ese sentido sufrimos bastante acoso sobre todo los primeros meses. Luego, la crisis de las familias productoras de flores. Fue algo que no se visibilizó mucho pero fue muy fuerte. Al cerrarse los mercados de flores tuvieron que tirar miles y miles de producción de flores, que eran todo su ingreso. Una situación muy grave. 

Por otro lado, hubo una enorme demanda de consumo de alimentos agroecológicos en este momento de pandemia. Habla de una concientización por ahí de la sociedad sobre todo más urbana, encerrada, aislada, de empezar a mirarse para adentro cómo se está alimentando, nutriendo. Justo coincidente en la temporada más baja de producción, que hace frío, que la verdura crece más lento, entonces ahí tuvimos un poco de presión para producir más. Eso en un contexto de demandas estructurales (haya pandemia o no), no satisfechas, como es la falta de acceso a la tierra. Todavía estamos esperando propuestas puntuales para el sector, estructurales, que tengan que ver con la tierra, con el acceso al monotributo social agropecuario, el acceso a una obra social y jubilación gratuita, cuestiones que todavía no aparecen.

Podríamos decir que la organización viene transitando un recorrido en torno a la problematización de las violencias machistas y desigualdades de géneros en los ámbitos rurales, así como en el desarrollo redes y estrategias colectivas para afrontar estas problemáticas. ¿Qué implica pensar la labor cotidiana y distribución de tareas, tanto en el trabajo como en la organización, desde una perspectiva de género? ¿De qué manera dialogan estas formas de pensar y construir desde un feminismo campesino con las formas de organización y la plataforma política que la UTT propone?

RP: La UTT tiene un fuerte componente de perspectiva de igualdad de género en la organización. Me siento muy orgullosa de formar parte de esta organización en la cual eso que decimos lo hacemos y es real. Empezamos hace ya unos años, desde lo más chiquito. La semilla que funda la reflexión de géneros en la UTT fuimos las mujeres que nos empezamos a juntar, a reflexionar sobre lo que nos pasaba, cómo eran nuestras vidas, qué era lo que sucedía en la casa. Ese terreno de empezar a cuestionar y desnaturalizar eso que decían que es personal pero que en realidad esconde un montón de opresiones y desigualdades por esta estructura machista y patriarcal. Las mujeres organizadas en esa reflexión fuimos viendo que era necesario instalar ese debate al total de la organización, que fuera algo que permeara todas las áreas de la UTT. Así formamos la Secretaría de Géneros.

El año pasado hicimos un Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras de la Tierra, participaron 200 referentas de género de 15 provincias de la UTT. Ahí elaboramos un documento donde justamente hay propuestas para el terreno de lo cotidiano y nuestro hogar, el terreno de la producción (la quinta y el trabajo), y el terreno de la organización. En lo que es organización justamente planteamos eso: cómo la cultura patriarcal afecta también la construcción de nuestras organizaciones y la política, y cómo nos tenemos que dar criterios y propuestas activas para despatriarcalizar la política. Entonces propusimos cupos de género a la hora de representar a la organización y ocupar roles de responsabilidad. Siempre tiene que haber una compañera mujer tanto en las representaciones de delegados provinciales, regionales, como también en las secretarías de trabajo, comercialización, relaciones políticas. En el área de la agroecología, con la articulación con la secretaria de género y la visualización del rol de las mujeres en la propuestas de transformación productiva que tiene la UTT, que está centrada en la agroecología, la perspectiva de género y feminista es fundamental. A la hora de visualizar como el agronegocio está íntimamente vinculado con la mentalidad patriarcal presente en la cultura rural de las familias. Y cómo cuestionar al agronegocio es cuestionar al patriarcado, y construir una alternativa agroecológica y de alguna manera feminista. Y por otro lado, en todas las propuestas de política pública que tiene la UTT. Por ejemplo: no nos habíamos dado cuenta que el proyecto de ley presentado en 2016 de Procrear rural construido a través del primer verdurazo como herramienta de protesta durante el gobierno macrista, no tenía un artículo que priorizara el acceso a este crédito para la tierra propia a mujeres que hayan atravesado alguna situación de violencia, ya sea económica, física o psicológica. Entonces empezamos a hacer que cada programa de la UTT, cada propuesta de política pública, cada demanda de acceso a un derecho o un beneficio para las familias productoras de alimentos, tenga como requisito la prioridad de acceso a las mujeres. Porque entendemos que las mujeres agricultoras hemos sido históricamente las más rezagadas a la hora de avanzar en todo tipo de derechos             

Hace unas semanas realizaron una intervención en Plaza de Mayo, instalando una colonia agroecológica para reclamar una Ley de Acceso a la Tierra. ¿Qué medidas e iniciativas contiene este proyecto? ¿Qué problemáticas permitiría comenzar a saldar?

RP: Nosotros con respecto a la tierra tenemos dos propuestas muy concretas. Una es el ProcreAr Rural, es básicamente créditos para acceder a la tierra propia. Comemos gracias a un sector que vive arrendando la tierra de por vida, de por vida no tenes derecho a una tierra propia ni vos ni tus hijos, y andas migrando de territorio en territorio en búsqueda de un alquiler menos injusto. Y así toda la vida, por generaciones y generaciones. Nosotros planteamos: con esa misma garantía que pagas el alquiler, pagar un crédito por una tierra propia. Muy simple. Por eso le decimos ProCrear Rural. 

Por otro lado, está el proyecto de colonias agrícolas, agro-ecológicas de abastecimiento urbano, que está vinculado a la cantidad de tierras fiscales que tiene el Estado Argentino en desuso o mal uso. Muchas veces se hacen con ellas negociados a espaldas del pueblo. La importancia de lo que significaría no solamente que una familia acceda a un derecho tan digno como es el acceso a la tierra, sino que tan solo con esa familia accediendo a ella, significa alimentos para 125 familias, de cercanía, sanos, poder saber de donde viene lo que comemos, al menos lo que tiene que ver con frutas y hortalizas. 

La crítica situación que estamos atravesando puso en agenda diversos temas tales como la distribución de la tierra, la  calidad nutricional de los productos que ingerimos diariamente, el impacto integral de las lógicas de producción depredatorias y extractivistas en las comunidades y ecosistemas. A la vez, ciertos sectores de la opinión pública subestiman estos planteos, caracterizándolos como provenientes de grupos acomodados y urbanos con lecturas oenegeistas de la realidad, o argumentando que no se tienen en cuenta los aspectos económicos que condicionan la posibilidad de desarrollar otros modelos productivos. 

¿Es real la contradicción entre las dimensiones económica y ambiental a la hora de discutir modelos productivos? ¿Es posible transicionar a un esquema de producción sustentable?

RP: Hay una falsa dicotomía entre la justicia social y la justicia ambiental. Esa forma de pensar que tienen algunos sectores actualmente en el gobierno es totalmente errónea. La pandemia, más que nunca, demuestra que como pensamos el desarrollo de nuestras vidas, y como en ese desarrollo nosotros y nosotras nos concebimos como parte de la naturaleza, del ecosistema, del territorio, del suelo que pisas, es fundamental. La disociación de eso, de que vivimos en este planeta y que es el único que tenemos, el suelo que pisamos es el único que tenemos. Esa disociación genera que hoy estemos como estamos: en pandemia, en crisis económica y en un eterno sistema de desigualdades. Si no nos dimos cuenta antes, hoy tenemos la posibilidad de pensar realmente, con seriedad y responsabilidad, qué es lo que vamos a dejarle a nuestros hijos/as y a las generaciones que vienen. Para mí es una tristeza enorme pensar que nuestros hijos e hijas van a atravesar un mundo con muchísimos sufrimientos, en base a este modelo actual, que piensa el desarrollo sin importar que nosotros formamos parte de la naturaleza. 

Si en algo colaboró la UTT, es en demostrar que es posible una matriz de producción de alimentos sanos, desde una perspectiva popular, que sea de acceso a alimentos sanos y a precios justos para el pueblo. Y esto hecho no por un sector de una vanguardia iluminada, sino realizado por el mismo sector que abastece de alimentos hace 20 o 30 años. No somos otros, somos la  organización que tomó la decisión de, en el corazón de la producción de frutas y verduras, inserta en el marco de este modelo de producción del agronegocio, de la dependencia con las grandes industrias, en ese corazón, transformar ese modelo. Porque en ese corazón de un modelo de producción basado en el veneno, habitamos familias, hombres y mujeres que laburamos la tierra con nuestras propias manos, y que merecemos una vida digna. Y que pudimos entender que la posibilidad de un proyecto de vida digna para nosotro/as implica un proyecto de acceso a  alimentos sanos y precios justos para el resto de la sociedad. No sabemos ya cómo explicarselo al gobierno, hacérselo llegar, entendemos que tiene que ver con una matriz de pensamiento que es un lastre de la humanidad. Que contrapone la idea de desarrollo económico y justicia social y distribución de la riqueza con un paradigma de que ése desarollo sea en armonía con la naturaleza, con una relación de respeto y reprocidad con la naturaleza. Así estamos. 

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