Benjamin: actualidad de un pensamiento fragmentado

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Por Juan Manuel Ciucci

Supo decir que “existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra”, casi como una clave de lectura para su propia obra. Con una importante presencia en su tiempo, Walter Benjamin no ha cesado de crecer en su influencia en el pensamiento contemporáneo, donde sus planteos en torno al arte, el progreso o la historia se tornan fundamentales para pensar el hoy. Incluso en este contexto de pandemia, es uno de los autores que nos permiten repensar la acción del capitalismo global y la necesidad de construir caminos de liberación. 

La amplitud de su pensamiento e intereses lo marginaron por mucho tiempo de las tradiciones bibliográficas que buscan construir pensamientos sobre la base de la división social del trabajo y el pensamiento. Benjamin escapó tempranamente a esas organizaciones y sus limitaciones, un poco impulsado por el rechazo de su tesis doctoral que lo alejaba de un empleo seguro como docente. Esa errancia laboral es parte también del recorrido que lo llevaría a encontrar impulso en publicaciones aisladas, en proyectos faraónicos como el Libro de los pasajes, en viajes iniciáticos como su encuentro con Moscú. Será en los diarios resultantes de aquella visita a la capital de la revolución bolchevique, a fines de 1926 y principios del ´27, donde nos encontramos con el trazo más humano del autor, con sus dudas existenciales, con las necesidades que también atravesaron su vida.  

Su no consolidación en las tareas consagratorias de la intelligentzia quizás haya sido fundamental para encontrar un camino completamente genuino y personal, que a su vez le permite hoy presentar un pensamiento sumamente moderno para encarar el inicio de este Siglo XXI. Su presencia en currículas académicas, e incluso en los medios de comunicación, demuestra una relectura de su obra que no ha cesado de consolidarse – aun cuando ese “triunfo” va de la mano de un empobrecimiento de los alcances de su pensamiento. Así, seguramente tode estudiante argentine leerá algo de Benjamin durante su carrera, pero seguramente no sea más que uno o dos de sus textos canónicos, acompañados de una reflexión en torno a su obra que siempre se demora en la presentación de su condición “excepcional”: la academia debe esforzarse siempre en “explicarlo”, casi como un conjuro para que su “mal ejemplo” no sea imitado, pero sí estudiado. 

Algo parecido ha pasado durante mucho tiempo con la recuperación desde el marxismo del legado de Benjamin: en esa tradición del pensamiento también él se presenta “poco ortodoxo”, complicando los modos de abordarlo sin recuperar sus críticas a la herencia positivista que habita en Marx. Su concepción del progreso, “jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de barbarie”, no sólo enjuicia al capitalismo y su modo depredador de consumo/producción, sino también a los horrores que el “socialismo real” traería de la mano de Stalin. Sin embargo, en las búsquedas por salirse del canon marxista, en estos tiempos también ha sido redescubierto y actualizado su legado. 

Es por esto que decimos que quizás hoy, a 80 años de su suicidio, encuentra Benjamin el campo propicio para expandir su pensamiento, pero también sus preguntas, sus búsquedas, sus pasajes sin salida, sus calles de mano única. Con una escritura capaz de enriquecer el ensayismo de un modo notable, volviéndose un polemista que escapa al enfrentamiento personal para lograr encauzar un diálogo fecundo con aquello que busca debatir, enfrentar, deshegemonizar. Se convierte en un modelo contrahegemónico del pensamiento, pero también de la militancia política e intelectual. Una posible apuesta hacia un camino que nos permita salirnos de las seguridades que nos plantea el estado de situación actual, y buscar en la recuperación de nuestra historia los elementos nucleares que nos permitan enfrentar este presente. 

De citas, pasajes y encuentros 

Su obra se presenta de modos muy diversos, tanto en recopilaciones semioficiales como los 8 tomos de sus Ensayos que se conseguían en el Parque Rivadavia editados por una misteriosa Editora Nacional de Madrid; como en diversas presentaciones que reúnen algunos de sus textos clásicos, recopilan material desconocido o agrupan temáticamente sus escritos. Así, podemos analizar sus reflexiones en torno al consumo de hachís o recuperar algunas de sus alocuciones radiofónicas.   

Sin embargo, será su Libro de los Pasajes el espacio ideal para naufragar en el universo benjaminiano, y también quizás sea el mejor ejemplo de la actualidad de su pensamiento. Ya en su Tesis sobre la filosofía de la historia había dicho: “el cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia”. Así, en esa magna obra que tan sólo ha sido posible merced a la recuperación póstuma del proyecto que le atrapó desde 1927 hasta su muerte, podemos encontrarnos con la cocina de un modo de pensamiento, con las bases que nos permiten recuperar aquella apuesta hacia una construcción abismada que dé cuenta de los alcances del capitalismo en el Siglo XIX desde las continuas ruinas que no son sus bases. De todos aquellos elementos de avanzada que no hacen más que mostrarnos la ruina que lleva intrínseca dicho modo de explotación.  

Partiendo del principio del montaje, esta obra busca construirse desde los materiales reunidos y las citas anotadas, casi como un enfrentamiento que permita vislumbrar que en el envejecimiento acelerado de todas novedades e invenciones podemos encontrar el rasgo característico de toda modernidad. Construye entonces desde los desechos, las ruinas que la sociedad capitalista ha dejado ocultadas o en el olvido, como quien busca en las ferias de usados una joya perdida. Fue así que fue construyendo un arsenal al que su temprana muerte no le permitiría brindar una forma final, pero que al mismo tiempo parecía nacido para ser incompleto. Es por esto que el Libro de los Pasajes se convierte para nosotres, lectores del Siglo XXI, en otro baúl recóndito en una feria callejera en el que sabemos cuándo entramos pero no cuándo podremos salir. Una asociación de conceptos, citas e ideas que nos interna en aquello que Benjamin buscó, pero más aún, en todo lo que nosotres aún no hemos sabido encontrar. Es un disparador, una posibilidad, en síntesis, una búsqueda.  

Puede que queramos internarnos en los textos que recuperan la vida de las calles de París, o en los pormenores de la moda o de la prostitución o del juego, los bemoles del flâneur o ‘paseante’, la construcción en hierro o la fotografía. Entre el aforismo y la revelación, las citas son interrumpidas por pequeños textos del propio Benjamin que nos abren a una multiplicidad de significantes, lo que nos invita a un viaje expansivo del conocimiento. Quien se sumerge en el Libro de los Pasajes está pues a merced de la pérdida, el error, la incoherencia. Deberá pues saber qué busca, o que intenta no encontrar. Qué caminos le parecen posibles y cuáles desea no afrontar. No es un libro, o una escritura, que garantice certezas. Es más bien una obra abierta, un montaje inacabado que funciona precisamente por su ausencia de un punto final. Si bien encontramos la presentación de su propósito en los resúmenes París, capital del Siglo XIX no se cancela la experiencia vital que nos embarga aún hoy abrir esta obra y permitirnos ser atravesados por ella.       

“El contemporáneo que llega a conocer con qué cuidado y anticipación se ha preparado la miseria que se abate sobre él –y mostrarle esto debe ser una honda preocupación del historiador- alcanza una alta opinión de sus propias fuerzas. Una historia que le enseña de esta manera, no le entristece, sino que más bien le fortalece”, nos dice aquí Benjamin. Pero dirá también en su Tesis de la filosofía de la historia que “la lucha de clases (…) es una lucha por las cosas ásperas y materiales sin las que no existen las finas y espirituales”, las cuales están vivas en ella “como confianza, como coraje, como humor, como astucia, como denuedo” y “acaban por poner en cuestión toda nueva victoria que logren los que dominan”.             

De esto también habla la actualidad de su legado: en tiempos de frases cortas e imágenes resplandecientes, de citas de las citas y de construcciones fragmentadas, en épocas de contrahegemonía publicitaria y triunfo del mercado de las discrepancias; Benjamin nos permite repolitizar aquellas apuestas que el sistema intenta presentarnos como parte de su propio pasatismo. Nos brinda herramientas para potenciar las apuestas que buscan construir nuevas emancipaciones con fuerte raigambre feminista y diversa. Con la posibilidad de recuperar nuestro pasado, con los empujes necesarios para enfrentar con valor la barbarie actual. Será nuestra la responsabilidad de encontrar en la cultura fragmentaria, que hoy nos parece empobrecedora, aquellas luces que nos posibiliten construir el futuro que ya no sólo anhelamos, sino que necesitamos como humanidad para triunfar por sobre los mismos enemigos con los que Benjamin batalló. Y aunque hace 80 años haya parecido que perdía, entendemos hoy que no ha cesado de vencer.    

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