Entrevista a Lilian Celiberti: ecofeminismos y la sustentabilidad de la vida en común

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Lilian Celiberti es una activista feminista uruguaya que cuenta con una larga trayectoria militante. Maestra y compañera sindical, Lilian es una de las fundadoras de Cotidiano Mujer, colectivo feminista dedicado a la comunicación y los derechos humanos desde 1985, y de la Articulación Feminista Marcosur. Como pensadora y militante ha aportado al desarrollo del ecofeminismo como corriente teórica y práctica. Hace pocos días, fue nombrada ciudadana ilustre de Montevideo por su aporte a la construcción de una ciudad más justa e igualitaria. 

Círculo Ecuador: Para empezar, nos resulta interesante preguntarte sobre tu  trayectoria militante. ¿Cómo fuiste encontrando en el ecofeminismo una alternativa y posición política que se propone la transformación?

Lilian Celiberti: Yo ubicaría centralmente la experiencia que tuve en el Foro Social Mundial, en el 2001. La participación que tuve en nombre de la articulación feminista Marco Sur, en el comité Internacional. Y los espacios de diálogos que se fueron abriendo entre distintos movimientos, en los cuales todos aprendimos cosas nuevas. Siempre recuerdo, lo que fue en un primer momento la Vía Campesina, desde sus dirigentes una cierta oposición y debate con las organizaciones de las mujeres campesinas. Y paulatinamente a lo largo de los años, la penetración, la capilaridad que adquirieron las demandas feministas dentro de la propia organización. Entonces, también en ese sentido, el encuentro con las organizaciones ecologistas nos permitió ir incorporando estás discusiones en nuestro accionar. Cuestionando algunas premisas previas que teníamos del pensamiento de la modernidad, del dominio de la naturaleza como parte del progreso. 

En particular, como feminista para mí el encuentro, los diálogos, los espacios de reflexión con las mujeres indígenas fue un punto central en mi propia reflexión. Siempre recuerdo uno de los primeros encuentros que hicimos, en el marco de los diálogos feministas en el Foro Social Mundial. Una mujer indigena planteándonos que teníamos muchos puntos en común, que compartíamos muchas visiones y perspectivas, pero que, sin embargo, ella sentía que había una lógica, una extrañeza de parte nuestra (se refería a las feministas urbanas) en relación a lo que es la cosmovisión indígena donde la naturaleza forma parte de la propia persona, colectivo, pueblo. Eso me quedó picando y me puse a buscar reflexiones a leer mucho más, a leer a las mujeres indígenas, algunas lideresas importantes de América Latina, y aprendí muchísimo. En ese sentido, fue muy significativo para mí. 

CE: En uno de tus textos, mencionas que, paradójicamente, quienes dicen que estas alternativas son inviables, imposibles, muy costosas, son quienes lideran formas de organización de la sociedad, la producción y  la vida que parecen tener una no muy lejana caducidad. ¿Que implican las alternativas que propone el ecofeminismo para la viabilidad de la vida en comunidad? 

LB: Estamos llamando ecofeminismo a una corriente que desde el punto de vista práctico y teórico pretende articular permanentemente las dimensiones ecológicas con las dimensiones feministas. Y un punto de encuentro central, tiene que ver con cómo atendemos estas dos dependencias. Por un lado, la de la vida humana que requiere de la presencia de las, los y les otres porque somos seres interdependientes y nos necesitamos mutuamente. Nuestra vulnerabilidad en las distintas etapas de la vida determinan la vida propia de la comunidad. Y por el otro, la relación de ecodependencia que tenemos con el ambiente. Estas son dos dimensiones marcadas por Yayo Herrero que me parecen centrales a la hora de definir una corriente del pensamiento feminista como ecofeminista. Es una definición que tal vez está en muchas más activistas que las que se autodefinen como ecofeministas. 

Me parece que hay un punto, que tiene que ver con los cuidados: los cuidados comunitarios, las relaciones comunitarias, la división sexual del trabajo en relación a cómo distribuir las tareas, y también el cuidado de la naturaleza. Pensar en una ética del cuidado trae dimensiones para la vida en común que han estado ausentes del debate político. Ponerlas en el centro como parte de la sustentabilidad de la vida, es una de las tareas centrales de la corriente ecofeminista en el debate con la economía clásica, en el debate con la ciudad tal como está concebida, y con la vida social tal como está concebida separando lo público de lo privado. Aquí hay un continuo que viven las mujeres y las personas que cuidan -a veces muy minoritariamente pueden ser varones- que tiene que ver con cómo transitamos la prioridad de la vida en relación a los cuidados, incorporando esta otra dimensión en relación a nuestra huella ecológica, lo que hacemos con los residuos, nuestra forma de consumir, nuestra forma de generar basura, la responsabilidad que tenemos con las otras y los otros. Me parece que estas son las dimensiones básicas, pensando que la lucha contra la violencia de género tiene que ver, como dice Rita Segato, con la reconstrucción de los territorios agredidos, divididos, fragmentados, reivindicando los lazos de solidaridad de la vida comunitaria y de la vida social desde territorios específicos. 

CE: Hay una frase: “ni la tierra ni las mujeres somos territorios de conquista” ¿Qué implica defender nuestros cuerpos al mismo tiempo que los suelos y el ambiente que habitamos?

LB: Creo que desde el movimiento indígena, los pueblos indígenas y originarios de América Latina, levantaron sus voces en relación a la demanda territorial. El territorio  constituye una parte significativa de la lucha anticapitalista. Porque defender territorio propio significa defender lagunas, mares, planicies, valles como parte de la vida de la comunidad que lo habita. En ese sentido, de estas demandas territoriales surgieron algunos reconocimientos importantes a nivel internacional como el convenio que establece la necesidad de consulta previa e informada de parte de los gobiernos en los territorios habitados por pueblos originarios. 

En este sentido, hay un encuentro con las mujeres que han defendido sus territorios, muchas de ellas no necesariamente definidas feministas, que son parte sustancial de esa resistencia territorial frente a mega proyectos productivos, hidroeléctricas, mineras, etc en América Latina. Ese encuentro se fue dando en la unión de esta demanda del territorio como eje central de la lucha anticapitalista en América Latina con la lucha feminista: el cuerpo como territorio, justamente la defensa de la autonomía de ese cuerpo frente a las violencias que atraviesan la vida de las mujeres en todas las dimensiones. 

Mi cuerpo mi territorio, nuestro cuerpo nuestro territorio, permite articular esas dos dimensiones en las luchas sociales de América Latina. Me parece que han sido un espacio de diálogo, de encuentro, de fervor feminista, incluso llevando a algunos liderazgos importantes como el de Berta Cáceres a hacer esa reflexión del feminismo con la lucha territorial y la defensa de sus pueblos originarios como lideresas indiscutidas. Y creo que esas reflexiones nos han traído estos espesores en las luchas feministas tan significativas de los últimos años. 

CE: ¿Qué potencialidades ves en el auge de los feminismos latinoamericanos que impulsan una cuarta ola? 

LB: Creo que los feminismos de los últimos años, esta cuarta ola – aunque no me gustan las clasificaciones tan fijas- marcan una nueva emergencia, una emergencia capilar de las jóvenes que toman la palabra, que no proviene de un pacto previo entonces no sé callan. Ese lema que ha inundando los 8 de marzo, “no contarán más con nuestro silencio”, me parece muy significativo porque no se detienen en mirar costos políticos en relación a  determinar o denunciar el abuso patriarcal de los varones en cualquiera de las circunstancias, sea en el rock, en la murga, en la izquierda, en la derecha. Y eso me parece que hace temblar al patriarcado en el sentido cultural de una forma nueva. Tal vez en ese plano, las feministas anteriores hemos sido mucho más medidas para llevar adelante la denuncia – que también tiene sus aristas complejas, porque hay que ser muy responsables para no sumarnos al coro de acusaciones fáciles e irresponsables. Aún así estos aportes de una radicalidad feminista que viene desde el cuerpo, desde la subjetividad son absolutamente centrales para la revolución de una cultura que tiene que hacer crujir al patriarcado en todas sus dimensiones y en todos sus espacios 

CE: ¿Qué desafíos políticos supone el ecofeminismo al interior del movimiento feminista?

LB: El eje central del aporte ecofeminista en el debate político actual tiene que ver con cuestionar radicalmente las perspectivas desarrollistas y del modelo productivo orientado por el capitalismo y por las grandes empresas multinacionales. Cuestionar también las lógicas en las cuales los gobiernos de esta parte de la región del mundo – y de todas- son las vías principales para imponer esos caminos llamados de “desarrollo”. Cuestionar el propio concepto de desarrollo establece una dimensión de la política que coloca la sustentabilidad de la vida como un eje principal. Por supuesto que es un debate complejo y es un debate en el que todavía tenemos que sumar más dimensiones de los feminismos, pero creo que es un momento muy fértil para este debate dentro del movimiento feminista. Las luchas de resistencia y de reexistencia en América Latina han dado aportes centrales a las luchas de mujeres que no necesariamente se identifican como feministas pero levantan la defensa de los territorios como un eje central. En ese plano creo que el movimiento feminista tiene debates para darse respecto a cómo ubicarse frente a las construcciones políticas de nuestros gobiernos y sus prioridades. 

El desafío en relación al resto del movimiento feminista es como enriquecer está perspectiva tanto desde lo teórico como de lo practico. Porque permite articular dimensiones que están en las luchas de muchos movimientos y hacerlas interactuar simultáneamente. La territorialización de las demandas feministas supone generar solidaridades y luchar contra las intolerancias y violencias que están en la vida cotidiana de nuestras sociedades agredidas por el capitalismo. 

Hay muchas perspectivas que se abren justamente desde una mirada global ecofeminista. Voy a poner un ejemplo: nosotras acabamos de realizar un trabajo respecto a un tren que atraviesa Montevideo, de sur a norte, generando separaciones en los barrios que determinan una agresión más a la vida comunitaria. Y establecen para la vida cotidiana de la gente perjuicios incontables. Cuando se discutió por dónde trazar el tren, esas dimensiones no estaban en el eje central del debate, se pensó solo en la inversión económica y no en la destrucción de las relación sociales cotidianas. Entonces es nuestra responsabilidad intervenir en esos debates de mega proyectos colocando una dimensión que sea comprensible con la vida cotidiana de las personas y llevar eso al eje de lo público. 

Creo que ese debate tiene una fuerza muy significativa. El movimiento feminista tiene hoy una potencialidad de articular las dimensiones de la vida que crecen en espacios diferentes: la vida privada, lo subjetivo, el cuidado, el cuidado de la naturaleza, la ecología. Todas esas perspectivas pueden articularse en espacios feministas. 

Recomendamos el libro “Las bases materiales que sustentan la vida. Perspectivas Ecofeministas” coordinando por Lilian, y realizado junto a compañeras de Cotidiano Mujer y el Colectivo Feminista Dafnias

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