“Hay que implementar estrategias para conseguir por parte de los varones la responsabilización por la violencia ejercida, para que no la sigan reproduciendo”

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Ariel Sánchez está a cargo de la Dirección de Promoción de Masculinidades para la Igualdad dentro del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad sexual de la Provincia de Buenos Aires. Además, es integrante del Instituto Masculinidades y Cambio Social. En esta extensa entrevista, que será publicada en dos entregas, Sánchez caracteriza los aspectos problemáticos sobre la masculinidad hegemónica, desarrolla los principales lineamientos de su gestión y nos cuenta sobre el lanzamiento de la línea HABLEMOS, destinada a brindar una primera escucha a varones que han ejercido violencia de género.

Por Mario Bedosti

Círculo Ecuador: ¿Qué podemos entender como “masculinidades para la igualdad”? ¿Qué problemas plantean los modos hegemónicos de ejercer la masculinidad de cara a la igualdad de género?

Ariel Sánchez: La dirección lleva el nombre en plural de masculinidades, y no masculinidad, como una búsqueda, más que como un hecho concreto. Se trata de pensar modos de habitar las masculinidades que no estén ligados a prácticas de sometimiento, vulneración o exclusión, sino que sean modos de habitar y de vivir en un mundo más igualitario. En este sentido, las masculinidades para la igualdad ya existen: hay modos de habitar este mundo que no tienen que ver con esas prácticas de sometimiento y vulneración. Entonces la Dirección se propone potenciar y visibilizar estos modos y al mismo tiempo desarmar los mandatos vinculados a la masculinidad hegemónica o normativa. Esta última si es singular, es un ordenador social, un modo de construir jerarquías sexuales y de género que posiciona a los varones cis heterosexuales por encima de otras identidades, expresiones y formas de vivir. Esos mandatos de masculinidad, si bien hay muchos, se relacionan sobre todo a formas de vulnerar a otras personas, someterlas, demostrar cierta potencia a partir de fragilizar a otros, a pasivizarlos y vulnerabilizarlos. Estos mandatos tienen que ver con el reconocimiento constante de que uno no tiene faltas, que uno es una potencia en todo sentido. Sexual, física, capaz de ejercer control sobre los cuerpos de las otras personas.

En este sentido, la pregunta sobre los problemas que la masculinidad hegemónica trae aparejados tiene que ver con ciertas resistencias de los modos naturalizados de cómo volverse un varón exitoso en esta sociedad. Tiene que ver, en muchos casos, con no reconocer esas prácticas como aprendidas, sino como naturales, en tanto no hay nada que pensar sobre ellas. Sin embrago, si leemos el género en la historia vemos cómo esos fueron socializados, sobre todos los varones cis heterosexuales, podemos ver como esa violencia fue aprendida, como esa forma de sometimiento y esa necesidad de constante reconocimiento por parte de otras personas y sobre todo de otros varones no tienen nada de natural.

Hay dos elementos que funcionan y definen a la masculinidad hegemónica. Por un lado, esta es definida en términos relacionales, posicionándola por encima de lo que socialmente se denomina la feminidad. Hay un autor que se llama Michael Kimmel, que escribió hace muchísimos años, pero que todavía sirve para seguir pensando y que dice que ser varón en una sociedad es demostrar que uno lo es, y para demostrarlo tiene que probar que no es mujer y que no es homosexual. Hoy en día podríamos decir que no es maricón, porque Kimmel no habla en términos de orientación sexual sino de falta de esa potencia masculina constante.

Por otro lado, hay otro elemento que cada vez hay que tener más en cuenta y es el ciseximo vinculado a la producción de género y la cisnormatividad. Porque hay un elemento fundante que no es sólo que demuestres toda esa expresión de género vinculada a la masculinidad socialmente aceptada, sino también que hayas nacido con un pito. Entonces, quien nace con pene ya es quien puede ejercer esa masculinidad hegemónica. Después, dentro de aquellos nacidos con pene, lo que llamamos varones cis, quienes así se identifican y fueron asignados varones, tendrán que demostrar un montón de formas de reconocimiento en esa masculinidad.

Kimmel dice que la masculinidad es un recorrido como homosocialidad masculina, y esto implica una lucha constante por ser reconocido como varón.  Esto genera mucha resistencia, porque perder ese reconocimiento es perder el rasgo constitutivo de ser un “verdadero varón en esta sociedad” y esto implica muchos riesgos. En una sociedad si no sos reconocido como varón, en algún punto sos reconocido como algo inferior, como una forma inferior de ser humano.

CE: Entonces, si hablamos de varones cis heterosexuales, ¿queda algo en pie en esa identidad si le quitamos todo aquello vinculado al sometimiento y a la violencia?

AS: Yo no me preocuparía tanto sobre eso. Las categorías identitarias son eso, categorías. El problema de género fundamental acá es que hay un modo de construir cierta identidad que vulnera a otras personas, eso es lo problemático. En el mismo sentido, la heterosexualidad como orientación no es un problema, que alguien desee heterosexualmente no es un problema en sí. El problema es cuando la heterosexualidad se convierte en vulneración de otras formas de habitar las sexualidades. Cuando se convierte en un régimen político que niega otras formas de existir, otras formas de vivir. La categoría de masculinidad por sí misma no es un problema. Es un problema cuando lo estructurador es que se constituye a partir de la eliminación del otro. O a partir de construir constantemente fronteras que vayan sometiendo a otras personas, violentándolas, excluyéndolas e inferiorizándolas. Entonces ese es el problema principal del género. Es el mismo problema que cuando abordamos la discusión sobre la cisnormatividad. El problema no es que haya personas cisexuales o cisgénero, personas que han sido asignadas al nacer de un modo. Lo problemático es el sistema que construye jerarquías sexuales o de género. Lo conflictivo es el régimen que produce las jerarquías.

Por eso hablamos de pluralizar las masculinidades. Y ahí pensar que quienes quieran seguir habitándolas, y busquen incluso reconocimiento dentro de la categoría masculinidad puedan tenerlo. Porque no se trata de negarle a las personas se reconozcan en una categoría, sino que puedan habitarla sin la necesidad de abolir a las otras personas. Se trata de pensar en masculinidades que estén vinculadas al cuidado, a la empatía. Pueden seguir habitando dentro de la categoría masculinidad. Pueden seguir nombrándose así, la idea no es ir contra eso. A lo que apuntamos en definitiva es a que puedan surgir mil nombres y mil formas de nombrarse. Hoy existe ese paraguas categórico de masculinidad, y hay un montón de personas que han luchado  por habitar formas de masculinidad, entonces ¿por qué vamos a negarles esa forma de habitar? Las masculinidades trans han tenido que pelear mucho por ese reconocimiento.

Entonces la masculinidad en sí misma no es algo malo y dañino. El problema tiene que ver con este modo normativo y estos mandatos vinculados a la hegemonía. El tema es que cuando pensamos, “la masculinidad es lo que está mal”, lo que termina sucediendo es que terminamos volviendo a vulnerar a un montón de personas que habitan masculinidades, y que han luchado por ese reconocimiento y han sido vulnerados para conseguirlo. Blas Radi tiene un texto muy lindo que se llama “Notas (al pie) sobre cisnormatividad y feminismo” en el que dice que los varones trans se encuentran en una encerrona, en la que si se reconocen dentro de esa categoría de masculinidad tienen que en ese mismo acto reconocer todos los privilegios que conlleva, privilegios que jamás tuvieron y privilegios que también los oprimieron, vulneraron y excluyeron. O bien, dejar de reconocerse como masculinidad, y perder así la posibilidad de identificarse como desean y como se sienten. Entonces terminan perdiendo el derecho a la identidad. Esta encerrona en la que se encuentran tiene que ver justamente con demonizar un tipo de identidad. O de demonizar ese paragua que pueden ser las masculinidades. Y es por eso que la idea es pluralizarlas.

CE: ¿Cuáles son los principales objetivos que tenés planteados para tu gestión al frente de la Dirección? ¿Qué líneas de trabajo se encuentran desarrollando actualmente?  ¿Dirías que enfrentás obstáculos en tu tarea? ¿Cuáles?

AS: Tenemos dos objetivos diferenciados. Uno vinculado a la prevención y la promoción para la desarticulación de mandatos de masculinidad. A partir de esto la idea es pensar propuestas pedagógicas, campañas comunicacionales y educativas, armado de documentos y formación de quienes forman. También formación para organizaciones sociales, sindicatos y clubes. Se trata de poner en evidencia los efectos nocivos que generan estos mandatos de masculinidad sobre un montón de personas, inclusive sobre los propios varones cis heterosexuales, y al mismo tiempo ir promoviendo otras formas de habitar las masculinidades.

El Ministerio es un poco creación y producto del escenario que se ha planteado en los últimos años en Argentina y el mundo en torno a las discusiones feministas y de los movimientos de diversidad sexual. Discusiones que pusieron en jaque y desnaturalizaron un montón de contratos sexuales y pactos de género y sexuales que estaban naturalizados, poniéndolos en evidencia. Con el grito de Ni Una Menos pero también conmoviendo espacios educativos, laborales. Ya no dejando pasar situaciones de violencia cotidiana que se vivían en un montón de lugares. Entonces, esta Dirección viene a alojar lo que pasa con los varones en este nuevo escenario. Un escenario que los encuentra en una posición no protagónica dentro de los movimientos, pero si cuestionados en un montón de roles que los tenían como ejecutores de formas de violencia naturalizadas. Empezar a trabajar sobre esto a través de la reflexión, a través de incluir estos temas también dentro del sistema educativo. Nuestro trabajo tiene que ver con ir orientando esas desorientaciones de los varones, para que no se transformen simplemente en resistencias, negación o incluso en recrudecimiento de formas de violencia.

Nos damos la tarea de pensar la inclusión de los varones en políticas de cuidados, de pensarlos con ese eje estructurador del cuidado, de reflexionar qué relación tenemos los varones con el cuidado en términos generales. No solamente en las tareas del hogar, sino con una política de cuidado y autocuidado, sobre qué relación tenemos con la salud, nuestra propia salud, qué relación tenemos con la empatía y la mirada de las otras personas ante determinados problemas, o ante escenarios como el actual, donde la política de cuidado se vuelve central. Ya que cuidarnos es lo central de este momento, ¿cómo nos podemos pensar en ese lugar? Y sobre todo pensar cómo comenzar a incentivar a los varones a que no sólo se reconozcan como parte protagónica, sino que vayan a poner en cuestión estos mandatos ahí donde más se siguen reproduciendo, que son los grupos de varones. Eso grupos donde se socializan, donde se estructuran a través de silencios, de complicidades. Donde cuesta más mostrarse como alguien que piensa diferente, que es cuestionador. Hay que ir invitando cada vez más a varones a que vayan a desarmar esos pactos con los que fuimos educados. Esos pactos que terminan con la muerte de muchas personas, con violaciones en grupo o con asesinatos de un pibe, como ocurrió en Villa Gesell a principio de año. Son pactos de silencio, de complicidad, de no poder quedar afuera. Y después en minucias, no tenemos que hablar únicamente de asesinatos. Seguramente conocemos amigos, compañeros de trabajo que ejercen violencia y sin embargo no actuamos contra eso. Las que visibilizan las situaciones de violencia son las mujeres en muchos casos, o personas LGBTIQ, o sea quienes sufren esas violencias.

El otro objetivo tiene que ver con fortalecer el trabajo con varones que ejercen violencia, que tienen denuncias concretas, en el marco de abordajes integrales contra la violencia de género. Desde el Ministerio se pensó inicialmente a la violencia de manera integral, pensarla interseccionalmente. Pensarla en todas sus dimensiones: en ese primer momento en que se acompaña a una persona que pasó por una situación de violencia pero también pensar todo el proceso hasta la salida de esa situación. En el agenciamiento de la persona, en que encuentre una escucha, en que encuentre una salida económica, social y psicológica. Entonces en este marco, parte de la función que tengo desde esta Dirección es incluir los abordajes con los varones que ejercen violencia. Sabemos que las medidas que son simplemente punitivas no alcanzan. Porque los femicidios siguen ocurriendo, la violencia sigue existiendo. Entonces hay que apostar a estrategias no punitivas, que acompañen a las medidas punitivas. Y no que las deshagan inmediatamente. No es una cosa o la otra. Hay que implementar distintas estrategias para conseguir por parte de los varones el reconocimiento de la violencia ejercida y la responsabilización, para que no la sigan reproduciendo. Una persona con una denuncia, con una perimetral o con una tobillera, por ese hecho puntual no reconoce que ejerció violencia. Al contrario, tienden a negarla, a minimizarla o a creer que todo el mundo está en contra de él. Entonces tenemos que acompañar ese proceso de reconocimiento de la situación por la que fue denunciado, de transformación de la práctica y por lo tanto responsabilización.

En relación a los obstáculos, el principal tiene que ver con que quienes han sido denunciados por violencia de género y quienes somos hoy señalados como ejecutores de muchas situaciones de violencia, o con ciertos privilegios, no hemos tenido un trabajo de reflexión sobre el género. No nos vemos como sujetos que hemos sido atravesados por el género, educados en una matriz de género. Entonces es necesario hacer ese proceso de visibilización, de cómo esos mandatos nos atravesaron, como esos mandatos nos constituyen, pero como también esos mandatos nos afectan. Eso es una gran resistencia, y sobre todo en esa resistencia está también la resistencia a dejar cierto lugar de privilegio que tenemos en la sociedad. Todo esto constituye un gran obstáculo, pero la responsabilización del ejercicio violento y la transformación de la práctica son fundamentales porque tienen que ver con una mirada política e ideológica de la sociedad, es la búsqueda de construir una sociedad más justa e igualitaria. Que no se lleve la vida de muchísimas personas simplemente por su identidad su expresión de género o su orientación sexual.

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