Humedales en alerta: una emergencia que requiere mayor acción del Estado

Ambiente Destacados
Por Lucas Figueroa*

Hace unos meses comenzábamos a impactarnos con imágenes tomadas por vecinxs de Rosario (Santa Fe) que retrataban focos de incendio del otro lado del rio Paraná, particularmente en las Islas del Delta (Entre Rios). Con el correr del tiempo, tras iniciativas de organizaciones ambientales, expertxs en el tema, legisladores nacionales (como el Diputado Leonardo Grosso – Frente de Todxs) y la llegada del humo a la Ciudad de Buenos Aires comprendimos que lo que estaba ocurriendo eran quemas, principalmente, intencionales en pastizales que forman parte de una ecorregión denominada humedales.

Las quemas en las zonas de humedales del Delta son producto, en mayor medida, de productores que, aprovechando una sequía histórica en la zona, una inusual bajante de la corriente del rio y una falta de legislación activa, buscan expandir la producción ganadera mediante incendios intencionales.
La siguiente figura muestra los focos de incendios activos en la actualidad (24/8) y, particularmente, en la zona mencionada.

La siguiente figura muestra los focos de incendios activos en la actualidad (24/8) y, particularmente, en la zona mencionada.

Figura 1: Focos activos de incendio al 24 de agosto de 2020

¿Qué son los humedales y cuál es la situación en Argentina?

Según un informe del actual Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, “un humedal es un ambiente en el cual la presencia temporaria o permanente de agua superficial o subsuperficial causa flujos biogeoquímicos propios y diferentes a los ambientes terrestres y acuáticos”. Para clarificar, la figura siguiente intenta demostrar las condiciones ambientales que debe tener un humedal.

Figura N° 2: Esquema de Humedales

Fuente: Kantus et al, 2011, pp. 268

Kandus y Minotti (2018), investigadoras de la Universidad Nacional de San Martín, dicen que lo que caracteriza a un humedal son sus aspectos funcionales (relacionados a las características ecosistémicas) y no los estructurales (relacionados más con la distribución en el espacio). Es por ello que es posible encontrar humedales en estructuras de bosques, pastizales, praderas, salares o cuerpos de agua libre, como muestra la siguiente figura.

Figura 3: Imágenes sobre humedales en Argentina


Fuente: Kandus y Minotti, 2018, pp. 156.
a)bosque inundable, Riacho Formosa; b) bosque ribereño, Delta del Paraná; c) vega en la Puna Jujeña; d) cañada en la Cuenca del Río Lujan, Buenos Aires; e) geiser y arroyo de aguas calientes, ANP Domuyo, Neuquén; f) praderas marinas de Macrocystis pirifera rodeando las islas del Canal de Beagle, Tierra del Fuego; g) bañado La Estrella, Formosa; h) marisma costera en San Clemente del Tuyú, Buenos Aires-

En Argentina, el 21,5% del territorio está compuesto por humedales que brindan importantes servicios ecosistémicos. Entre otras cosas: disminuyen los efectos de las inundaciones, son reservorios de agua para consumo y producción, mejoran la calidad del agua, retienen contaminantes y capturan dióxido de carbono. A pesar de estos beneficios ecosistémicos, los humedales están amenazados por diferentes actividades que se contraponen a su sostenibilidad. Entre las más importantes se encuentran: la mencionada expansión de la frontera ganadera y agrícola, la urbanización de barrios privados y la producción minera. Si bien no existen datos precisos sobre la evolución de la superficie con humedales en nuestro país, a nivel mundial estos ecosistemas se encuentran en constante retroceso. Según estimaciones del organismo de monitorear la Convención Ramsar sobre Humedales (ONU, 1971), desde 1970 a 2015 se ha perdido el 35% de los humedales a nivel mundial, sin embargo, el dato alarmante del informe es que América Latina lidera el ranking al haber perdido el 59% de los humedales.

Figura 4: Índice de tendencias de la extensión de los humedales y tendencias mundiales y regionales de las áreas de humedales naturales desde 1970.


Fuente: Convención Ramsar (2018)

Sin embargo, a pesar de su reconocida relevancia ecosistémica y su estado de amenaza, el Congreso de la Nación no ha logrado legislar estos ecosistemas a pesar de dos intentos fallidos.

Ley de Humedales, una historia de fracasos con ¿una luz al final del camino?

En dos oportunidades (2013 y 2016), la Cámara de Senadores de la Nación le dio media sanción a dos proyectos que tenían como objetivo regular las actividades humanas sobre los humedales. Sin embargo, en ambas ocasiones, el proyecto no fue tratado en las comisiones legislativas correspondientes de la Cámara de Diputados y perdió estado parlamentario.

Ambos proyectos establecían la realización de un Inventario Nacional de Humedales por parte del MAyDS, la elaboración de leyes provinciales de Ordenamientos Territoriales de Humedales y la disposición de un fondo económico pensado para compensar a lxs propietarixs públicos y privados que protegieran los humedales (similares herramientas se encuentran establecidas en la Ley Nacional de Bosques N°26..331/07). No obstante, el poder de lobby de sectores productivos ligados a las actividades agropecuarias y de la minería del litio y legisladores representantes de algunas provincias que cuentan con una gran cantidad de humedales en sus territorios (entre ellas, Entre Ríos, Formosa, Corrientes, Salta y Jujuy) lograron obstaculizar la sanción de la mencionada ley.

Luego de la amplia repercusión en la opinión pública por los incendios en el Delta, Diputadxs y Senadorxs de diferentes fuerzas políticas presentaron seis proyectos de ley en búsqueda de regular el manejo de las actividades que se realizan en zonas con humedales. Aunque estos proyectos guardan algunas diferencias, en general comparten lineamientos generales que pueden resultar importantes para garantizar su sostenibilidad (así lo reconoce también un documento firmado por más de cien investigadorxs del CONICET). Entre ellos, puede mencionarse: el Ordenamiento Territorial de Humedales -OTH- (ley provincial de adecuación a los estándares nacionales) con el que se fijen zonas que requieran mayor protección para ser conservadas y otras en las que puedan realizarse algunas actividades, pero garantizando la sostenibilidad del ecosistema. Una moratoria que frena inmediatamente las actividades que se realicen sobre los humedales hasta que se sancionen los respectivos OTH. Los procesos de participación pública, libre e informada con el objetivo de garantizar la activa participación de las personas y colectivos en los procesos de elaboración de los OTH. Y el fondo nacional de humedales con el que se brinden incentivos económicos a quienes deben proteger estos ecosistemas.

Actualmente, Leonardo Grosso (Frente de Todos), presidente de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Diputados, por un lado, y Gladys González (Juntos por el Cambio), presidenta de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado, por el otro, están organizando reuniones con distintos expertxs y organizaciones socioambientales involucradas en la gestión de los humedales en vistas de mejorar los respectivos proyectos presentados. Al mismo tiempo, el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Juan Cabandié, ha pronunciado la necesidad de tener una ley nacional de humedales. Estos eventos, sumado a la acción activa y constante de las organizaciones ambientales tanto en las redes sociales como en movilizaciones presenciales en distintas partes del país (a pesar de Asilamiento Social, Preventivo y Obligatorio) brindan elementos que parecen mostrar que es posible, en el mediano plazo, la sanción de la ley nacional de humedales. Sin embargo, a diferencia de otras leyes ambientales que fueron sancionadas (como la Ley Nacional de Bosques o la de Glaciares), es necesario tener presente que lxs productorxs y sectores económicos potencialmente afectados son heterogéneos y poderosos, ya que pueden verse afectados el sector agropecuario, minero e inmobiliario[1]. A su vez, hay que considerar el rol que puedan jugar lxs legisladorxs representantes de provincias con una gran cantidad de humedales en su territorio, dada la influencia de los intereses provinciales en el Congreso de la Nación. Las cartas están echadas, los humedales en amenaza y lobby dispuesto para bloquear nuevamente el intento de sanción de una ley de humedales.

Las experiencias de leyes ambientales nacionales previas ilustran que nos esperan tiempos intensos, de negociaciones, presiones formales e informales e intentos de modificación para reducir los estándares normativos. Será esencial la acción constante de las organizaciones socioambientales, de los expertxs y de la ciudadanía activa para mantener el tema en agenda y presionar para que lxs legisladorxs finalmente sancionen la ley de humedales. 

*Mg. Lucas M. Figueroa

Escuela de Política y Gobierno (EPyG), Universidad Nacional de San Martín (UNSAM)

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Área de Ambiente y Política (AAP)

Twitter: @lucasmfigueroa1


[1] La Ley Nacional de Bosques afectaba principalmente al sector agropecuario, mientras que la Ley Nacional de Glaciares al sector minero.

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