Post-pandemia: una oportunidad para democratizar y federalizar

Destacados Gestión publica

Queriendo pensar que esta crisis nos permite también imaginar oportunidades, es que proponemos desarrollar dos puntos entre los muchos desde los que sería interesante reordenar ese mundo venidero, y propiciar una mayor participación popular en las tareas que deberemos enfrentar. Es desde esta óptica que nuestros impulsos pueden volverse centrales para lograr un mañana mejor para todes, y avanzar en una mayor democratización y federalización de nuestras sociedades y territorios.

Por Juan Manuel Ciucci

Foto por Juan Ignacio Roncoroni

Estamos en tiempo de descuento: cada día se nos hace más complejo imaginar el mundo por venir, al mismo tiempo que no soportamos más la “nueva normalidad” que esta pandemia nos impone. Así, vamos intentando construir consensos para avanzar, sabiendo que contamos con una oposición absolutamente irresponsable, salvo cuando debe gestionar territorios y construir consensos para evitar la tragedia.

El debate público parece centrarse nuevamente en debates tan anacrónicos ya como “la defensa de la propiedad privada” ante las marchas de los anti-cuarentena o “el derecho a la defensa por mano propia” ante un jubilado que asesina a un asaltante frente a las cámaras de seguridad. Sin embargo, necesitamos construir un escenario desde donde podamos pensar conjuntamente las salidas que se nos presentan para organizar el mundo venidero una vez que podamos controlar esta pandemia. Se han anunciado medidas económicas para paliar la difícil situación venidera, algo que es fundamental. Pero también lo es encontrar acciones que nos permitan avanzar en la búsqueda de justicia social en un país que ha transitado cuatro de sus peores años hace meses nomas, un déficit que vuelve aún más complejo el panorama que nos dejará el coronavirus.

Queriendo pensar que esta crisis nos permite también imaginar oportunidades, es que proponemos desarrollar dos puntos entre los muchos desde los que sería interesante reordenar ese mundo venidero, y propiciar una mayor participación popular en las tareas que deberemos enfrentar. Es desde esta óptica que nuestros impulsos pueden volverse centrales para lograr un mañana mejor para todes, y avanzar en una mayor democratización y federalización de nuestras sociedades y territorios.

Federalizar: hacia la redistribución de la población

Quizás como nunca antes se presenta la oportunidad de ocupar de un modo distinto el territorio nacional. Aquella herencia de ciudades superpobladas y grandes extensiones de territorio desocupado, puede revertirse a partir de un accionar fuerte por parte del Estado Nacional. Por un lado, la pandemia de coronavirus ha demostrado la inviabilidad de las grandes metrópolis a futuro, ya que la conglomeración a la que asistimos será el caldo de cultivo necesario para las pestes futuras ante las cuales esta pandemia parece ser un primer aviso. Debemos modificar los modos de habitar nuestro territorio, si queremos prepararnos adecuadamente a lo que vendrá. Si durante mucho tiempo el principal problema eran las fuentes de trabajo necesarias para la reasignación territorial, el presente de teletrabajo al que asistimos puede brindarnos varias respuestas. Será la manera de encontrar una oportunidad ante esta necesidad que se nos impone de trabajar desde nuestros hogares y de evitar las conglomeraciones tanto en el espacio de trabajo como en el transporte público.

Para ello, debemos lograr trabajar sobre un deseo que en este contexto se ha vuelto mayoritario: salir de las ciudades y poder vivir en espacios con una mayor/mejor relación con la naturaleza. Será necesaria una fuerte inversión en infraestructura, y parte de los proyectos que se han anticipado por parte del Gobierno Nacional tienen como fundamento justamente la obra pública. Somos un país que necesita desarrollar grandes extensiones de su territorio, donde aún faltan rutas, agua potable, gas natural, hospitales, escuelas, etc. Es posible imaginar hoy nuevas poblaciones, donde se impulse la migración interna para revertir la tradicional ocupación del territorio del AMBA por parte de pobladores de diversas provincias de nuestro país. Ésa búsqueda de oportunidades que implica “viajar al centro” es fundamental redireccionarla hacia los márgenes, de tal modo que se convierta en una apuesta estratégica la reconfiguración del territorio nacional.

El Área Metropolitana de Buenos Aires, con más de un tercio de la población total del país, concentra la mayor densidad urbana de la Argentina. En este contexto de pandemia, la alta aglomeración hizo que la zona se convierta en el epicentro de contagios y muertes por coronavirus. Esta crisis nos debe permitir relocalizar a gran parte de esa población, que por el grado de superpoblación ve muchas veces vulnerado su derecho a una vivienda digna. Por lo que la redistribución de la población no sólo beneficiaría a quienes no cuentan con un hogar propio y deben alquilar eternamente, sino también a quienes buscan mejorar su modo de vida. Este contexto parece ideal para lanzar un plan de esta índole, donde voluntariamente una gran mayoría buscaría reubicarse en alguna zona alejada de las grandes urbes. El teletrabajo les puede permitir conservar sus empleos, algo que la nueva legislación deberá tener muy en cuenta, por lo que por primera vez la generación de puestos de trabajo no sería el principal inconveniente a sortear.

Por otro lado, esto permitiría robustecer la federalización de nuestro país, donde la distribución del ingreso necesariamente debería modificarse, y zonas hasta ahora olvidadas de nuestro país tomarían nuevo impulso. A su vez permite discutir la titularidad de propiedades que continúan vacías en la actualidad, y que ante la inactividad por un lapso de tiempo estipulado (5/10 años) el Estado debería poder hacer uso de las mismas, reasignando titularidades y enfrentando los gastos que esto implique. Otra acción posible sería la suspensión de obras de viviendas en los grandes tejidos urbanos por un lapso de tiempo, y el consecuente impulso para que las mismas se desarrollen en otras zonas de nuestro país. Asimismo, impulsar la relocalización de empresas, como también de dependencias estatales, que permitirían profundizar la descentralización tanto económica como política. Algo de esto ha dicho el presidente cuando presentó su propuesta de “capitales alternativas”: ése impulso anunciado a principios de año en otro contexto mundial es hoy fundamental para avanzar en un presente que nos urge.

Democratizar: el poder desde las bases

Esta pandemia también nos ha dejado en claro que, si bien el papel del Estado es fundamental, no alcanza. Así como también comprobamos una verdad que permanecía oculta: el “mercado” no es capaz de garantizar ni siquiera su propia existencia. Cuando se encuentran en problemas, las grandes empresas sólo saben hacer una cosa: pedirle ayuda al Estado. Ante esto, debemos encontrar la manera de enfrentar la crisis venidera potenciando la participación popular. Las diversas salidas que se han desarrollado desde las bases en este último tiempo (con la reaparición de las ollas populares como emblema) es una demostración práctica de este poder popular que debemos sostener y organizar.

El modo de participación puede variar, pero de lo que se trata es de potenciar los espacios deliberativos en donde puede intervenir la ciudadanía. El ejemplo de las Comunas en la Ciudad de Buenos Aires es clave para pensar esto: una descentralización del poder a la que el macrismo gobernante durante los últimos 13 años le ha dado la espalda. Desfinanciadas, vulneradas, desconocidas, sufren la falta del apoyo necesario para irrumpir con fuerza en la vida pública de la Ciudad. Sin que siquiera se cumpla con la Ley de Comunas, han quedado siempre atadas al accionar de las militancias barriales para poder ocupar su lugar y poder llevar adelante los reclamos de la ciudadanía.

En este contexto, donde la cercanía es clave para la acción en el territorio, esa discusión encuentra un nuevo pliegue, desde donde poder pensar a las Comunas y los Consejos Consultivos como el centro mismo desde el cual potenciar la participación ciudadana. Al mismo tiempo que los diversos planes y acciones estatales tiene allí el mejor órgano gestor, que puede poner en práctica no sólo los designios oficiales sino encontrar en el territorio nuevas propuestas que vayan escalando los grados de institucionalización necesarios para expandirse en toda la Ciudad.

Este ejemplo local nos permite imaginar una democracia mucho más profunda y participativa, donde no se reduzca la participación ciudadana a emitir un voto cada cuatro años, sino que sea en el día a día donde se construya esa nueva realidad. Algo que no viene a suplantar el accionar de las organizaciones sociales y políticas, sino que en todo caso puede volverse complementario de las mismas. Se trata de imaginar espacios donde las propuestas y necesidades de las bases encuentren su primer espacio de contención y acción, en base a las propias prácticas que durante años lo sectores populares se han dado en contextos tan difíciles como el actual. Es una manera además de luchar contra la atomización que la virtualidad implica, y una descentralización del poder que permita una mejor gestión de recursos e ideas. Así como la salida popular ante la crisis del 2001 encontró en las asambleas una manera de potenciarse, parece este un tiempo propicio para repensar esas prácticas y dotarlas de recursos e implicancias concretas para potenciar la participación ciudadana. 

Algo positivo de este presente incierto que atravesamos, es que nadie parece tener la respuesta indicada, ni la salida segura. Ante esta suspensión de seguridades institucionalizadas, la invención es sin dudas una necesaria compañía. Tenemos por delante un mundo nuevo a repensar, al que la pandemia no vino más que a exhibir en toda su injusticia y desigualdad. Esa nueva humanidad que está naciendo, tiene la oportunidad de crear las nuevas herramientas que la hora nos demanda.        

Deja un comentario