El día de las Independencias

Dossier# Gestión publica Internacionales

Por Luis Vergara

La conmemoración de la fecha independentista, no puede circunscribirse solamente dentro de las fronteras nacionales. El recordatorio debe contribuir a una visión, más amplia y crítica, de la realidad. La función reivindicativa de mirar el pasado, se complementa con el accionar constructivo sobre el presente. Sin alejarnos de la actualidad argentina en este 9 de julio, el panorama mundial de la pandemia nos acerca problemáticas que abordan causas lejanas, pero no ajenas.


El común de las naciones latinoamericanas alcanzó la ruptura colonial con sus metrópolis a mediados del siglo XIX. A través de la tercera ola de democratización liberal, el mundo occidental desató los últimos nudos coloniales, mayoritariamente en África y Asia. Los estados fueron libres y los pueblos independientes. Esta mirada, estructurada como eslogan indiscutible, invisibiliza las situaciones puntuales de grupos que sobrevivieron por fuera de una lógica de “independencia” que no los incorporó. Lejos de plantear una postura normativa, es importante vislumbrar cuál es nuestro límite de tolerancia para involucrarnos, o no, en determinadas reivindicaciones que ponen en jaque la independencia de otros. La situación palestina no es la única injusticia en el mundo, desde ya. Pero sí una que se presenta con total claridad ante los ojos de la comunidad internacional.


Sin caer en falsos postulados que trae en sí la globalización, y remarcando la necesidad de un enfoque latinoamericanista, el accionar del topador Estado de Israel debe alertarnos sobre la grave situación de atropello a la independencia palestina. Los intentos por parte del gobierno de Netanyahu de anexar hasta un 30% de tierras en Cisjordania, transforman la coyuntura del conflicto palestino-israelí en una cotidianeidad que se profundiza exponencialmente. ¿Qué se anexa? La totalidad del Valle del Jordán, sumando las tierras ocupadas de Cisjordania. El primero
conforma uno de los sectores más productivos, respecto a fertilidad de la tierra, en Oriente Medio. Las segundas, territorio palestino ocupado por Israel desde 1967, tras la Guerra de los Seis Días. El resultado implicó instalar 200 asentamientos judíos en la zona. El comienzo, incesante hasta la actualidad, de minar la posibilidad del Estado de Palestina soberano.


Existen distintas perspectivas, desde diversas miradas, que resaltan, o posiciones parciales o reivindicaciones obsoletas. La intención es plantear dos interrogantes, en principio, opacados. Quizá indagar en estas cuestiones sirva como ejercicio para concretar una salida a futuro. En principio, ¿ existen actores de relevancia que pueden encauzar el destino del pueblo palestino? ¿con quienes cuentan para revertir un presente de quita de tierras, o al menos contrarrestarlo? Más allá de conceptualizar académicamente sobre usurpación, robo o neocolonialismo, es necesario materializar la lucha por revertir estos conceptos en la realidad e identificar a quienes pueden y deben llevarlo a cabo. Por otro lado, y sin poner en tela de juicio la legalidad de la existencia de un estado israelí, el interrogante que emerge es entender el rol de la comunidad internacional frente a los avasallamientos de un Estado que reproduce un colonialismo del s XIX, en pleno siglo XXI.

El respaldo estadounidense permite desoír las resoluciones que imparte la ONU, o las denuncias que apuntan a la violación de DDHH por parte del ejército israelí. El accionar unilateral, tutelado por el Acuerdo de “Paz más grande de la Historia” otorga la potestad explícita de ejercer el robo en tierras palestinas. Elaborado bajo la gestión Trump, y con participación nula de representantes de la OLP, el documento inhabilita pensar una autonomía verídica, un independencia plena del pueblo palestino. Si el territorio, un pilar fundamental para, al menos parecerse a las independencias contemporáneas, es agujereado con estas anexiones, ¿ en que futuro cercano existe la idea de una Palestina Libre? La importancia radica, más allá del avasallamiento a los hogares y el cercamiento israelí, en frenar un colonialismo cultural. La perspectiva del Estado de Israel no es concretar la posibilidad de dos estados. La finalidad pareciera ser encarcelar palestinos en territorio israelí. No incorporarlos como ciudadanos, se traduce en adaptar la lucha contra el terrorismo (hasta el hartazgo vinculado únicamente al Islam) a una limpieza étnica en nombre de la “estabilidad” y la seguridad interna. Conociendo el accionar de las fuerzas armadas israelíes, las consecuencias son claras: condenarlos a su inexistencia. Anexar territorios palestinos y ocupar la totalidad del Jordán, implica dejar “islas” de hogares palestinos rodeados de la hipermilitarizada fuerza israelí. La semejanza con los bantustanes del apartheid sudafricano es latente. También el respaldo estadounidense. Pilar fundamental para sostener la gobernanza racista en el sur de África, que con indiferencia y doble moral, reproduce nuevamente al sostener financiera y militarmente a los cada vez más radicalizados gobernantes israelíes.


El regreso del conservadurismo en la región Latinoamérica (un mal de nunca acabar), nos permite ver independencias que se reconfiguran en nuevas luchas para “”poder seguir siendo”. Si bien el escenario las presenta afianzadas, es necesario unir lazos con pueblos que aún buscan concretar la idea de independencia. El acople a esas campañas también resignifican y vuelven a poner sobre la mesa, el imaginario que tenemos sobre la independencia en esta aldea mundial. Y construirnos como esa “comunidad internacional” que si busca una Palestina independiente.

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