No hay tiempo de más: ¿cómo hacemos independencia?

Dossier# Gestión publica

“Se torna peligroso ya que no encontremos las maneras políticas de pensar ése mundo venidero, que no es ni más ni menos que el mundo que tenemos hoy. Debemos recuperar la mística transformadora que nos permitió encarara las campañas electorales del año pasado, contagiados de la segura necesidad de recuperar la Patria y ponerla al servicio del Pueblo”.

Por Juan Manuel Ciucci

En un contexto en el que quienes más tienen creen tener derecho a salir a la calle en plena pandemia para quejarse en defensa de la propiedad privada, las preguntas en torno al derecho social que nos asiste como comunidad se hacen urgentes. Como lo es también la necesidad de salir de esta embolia en la que nos han sumido el coronavirus y la prensa hegemónica, y poder pensar nuevas maneras de enfrentar la adversidad por venir.

La sensación de volver a decir(nos) lo mismo me sale al cruce al tipear estas palabras, no queriendo que sean un mero estímulo, una esperanza vacía, una invocación a una acción que no llega. Hoy es el día en donde institucionalmente nos volcamos a reflexionar en torno a la Independencia: la mayúscula, la lograda en 1816 cuando dejábamos de ser colonia. Ese recuerdo nos persigue, como una evocación de un tiempo de gloria en que luchábamos en pos de la libertad. Una memoria que de a poco se fue deshilachando, ya sin la clara noción de lo que significó, ni de lo que nos implica hoy recordarlo. Sin llegar al paroxismo de la angustia macrista ante los reyes de la España, pero perdidos también ante la evocación de aquella gesta heroica. Casi como el sinsabor que nos produce releer las partes que no cantamos del Himno Nacional, aquellas entre las más vivaces y combativas, gracias a un decreto de Julio Argentino Roca que las censuraba en 1900 por inconvenientes.

Son estos los mismos sectores que intentan mantenernos dominados hoy bajo el influjo de las potencias mundiales con las que guardan lazos políticos y económicos: las clases pudientes y sus representantes que viven quejándose de los avances “estatizantes” y de las faltas de “libertad”. De este lado de la mecha, sin embargo, este aniversario nos mantiene en una pasividad incómoda, viendo cómo los sectores más conservadores de nuestro país comienzan a realizar sus políticas de desestabilización y desgaste, que hemos sufrido en otros tiempos. Ante esto, falta determinar cuál será la manera en que vayamos encontrándonos en las calles o en las casas, donde sea, para expresar no sólo nuestro apoyo al proyecto de país que votamos hace tan sólo unos meses, sino a la necesidad de avanzar con fuerza para lograrlo. Por si acaso, hoy se ha propuesto otro “ruidazo” por la tarde, pero esta vez en apoyo del gobierno.

Estamos ante una fase de cansancio que a todes nos ocupa, ya con tantos días de pandemia encima y sin una clara salida de lo peor de este conflicto. Pero se torna peligroso ya que no encontremos las maneras políticas de pensar ése mundo venidero, que no es ni más ni menos que el mundo que tenemos hoy. Debemos recuperar la mística transformadora que nos permitió encarar las campañas electorales del año pasado, contagiados de la segura necesidad de recuperar la Patria y ponerla al servicio del Pueblo. Son tiempos difíciles porque no terminamos de organizarnos para accionar, y la espera se vuelca hacia el Estado.  Pero si hemos aprendido algo en estos años resistentes, fue a no volver a depositar todo nuestro accionar en esa escala sino que debemos vivificar el accionar “ciudadane”. No para despolitizarlo, sino todo lo contrario: para potenciarlo con una política que desde las bases impulse las medidas que necesitamos implementar ya mismo.

Las propuestas de avanzada que se intentaron motorizar en esta cuarentena sufrieron fuertes retrocesos o silencios, y provocaron una falsa esperanza que resulta sumamente dañina en este contexto. Sabemos quiénes por cuestiones laborales o solidarias recorremos las calles, que ciertamente se viene la peor parte de la pandemia, pero no sólo por su accionar directo sino por todos los problemas que indirectamente provocará sobre los sectores más castigados. Una constante a lo largo de todo este tiempo ha sido la organización territorial, que desde los barrios ha salido a enfrentar esta enfermedad y la miseria que puede acarrear. Si algo falta hoy en las calles es más presencia militante, para organizar de modo seguro la solidaridad, la contención, el amor por les otres. Para que cuando no sepamos qué puede venir, podamos tejer los lazos de confianza en el proyecto de país que estamos entre todes queriendo impulsar. Para dejar de buscar arriba las soluciones, y agitar las brasas que nos permitan otro mañana. Como una recuperación del espíritu independentista que nos guio hace ya 204 años, y que necesitamos repolitizar para poder ser más justes, libres, y soberanes. Nos urge el país desbastado que nos ha dejado la derecha cambiaria. Nos urge en presente de pandemia que vivimos. No hay tiempo de más.  

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