Las Provincias Unidas Del Sud: Génesis de la Argentinidad Política

Dossier# Gestión publica

Por Franco Cicerone

El 9 de Julio de 1816 declararon su independencia las Provincias Unidas del Sud. Las ex subunidades políticas del Virreinato del Río de la Plata cortaron para siempre las cadenas que las sujetaban a la corona española dándose así su propia soberanía. Ahora, si bien estaba clara la postura emancipatoria, no lo eran tanto los medios por los cuales llegar a la misma, y menos aun el proyecto político que lo encausaría.

En este sentido, creo que es importante conocer qué significó políticamente la independencia “Argentina” en tanto nueva forma de pensarse espacialmente. La constitución de una confederación a la “sureña”, con énfasis en la autonomía decisional de cada subunidad política por sobre la autoridad central; una propuesta federal a la “yanki”, con énfasis en la descentralización, pero con una primacía de la autoridad central; o, un gobierno centralizado (unitario) a la europea fueron las principales discusiones en torno a la organización política del incipiente país independiente, como a su vez, la génesis de fuertes disputas políticas no saldadas que llegan hasta nuestros días.

El problema de la copartipación federal, de las competencias provinciales y de la autonomía política de las provincias en sí misma no es una problemática específica de nuestros días. Como se ha dicho, es algo que se encuentra en el seno del debate político argentino, en el origen mismo de la argentinidad política. Es más, se puede pensar que vino primero la discusión por la subordinación interna que por la unidad e identidad nacional. ¿Quién subordina a quién? ¿Qué grado de autonomía van a tener las subunidades políticas (las provincias)? ¿Cuál es el rol del centro? Pareciera que -Primero vemos cómo se reparte la torta y después cómo nos llamamos-.

Las primeras provincias firmantes de la declaración de independencia, que podríamos denominar fundacionales (Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, La Rioja, Mendoza, Jujuy, Salta, Tucumán, San Juan, Santiago del Estero y las olvidadas Mizque, Charcas y Chichas), no consensuaron y especificaron de inmediato el tipo de organización política de las Provincias Unidas del Sud. De hecho, esta discusión cobró tal magnitud que hasta se barajó la posibilidad de una monarquía constitucional Inca, propuesta realizada por Manuel Belgrano que fue rápidamente desechada.

Hay que recordar que la experiencia “federal” era relativamente nueva. Este invento híbrido que se encuentra a medio camino entre los tradicionales países europeos westfalianos y la pretendida unidad política mínima “sureña” fue el principal obstáculo con el que se encontraron nuestros “padres fundadores”: Nadie sabía muy bien qué era ser federal. Lo interesante de esto es que la historia argentina se encuentra repleto de personajes que proclaman una u otro forma de gobierno (unitarios Vs federales), pero que de hecho practicaron su propia idea de lo que ellos consideraban federal o unitario.

Un ejemplo de esto fue el Pacto Federal propuesto por Rosas. Este pacto, más que federal, fue estrictamente confederal ya que cada provincia se dictaba su propia constitución y no había necesidad de validarla frente a una unidad central. Esta situación “excepcional”, según los propios actores, concluiría con la eventual conformación de una constituyente federal.  

Ahora bien, en vez de que se constituya un gobierno central para manejar los asuntos internacionales como en cualquier confederación, se le otorgó dicho poder a la provincia de Buenos Aires. Y si tenemos en cuenta que el centro económico de esta nueva experiencia política siempre fue el puerto de Buenos Aires, lo que se decía Federación terminaba funcionando como una confederación de derecho y un Estado Unitario de hecho. 23 años tardó en concretarse esa constituyente, la aparición formal y de hecho de una Argentina Federal, y la secesión de una rebelde provincia de Buenos Aires. 

Este berenjenal taxonómico, producto de las disputas políticas nunca saldadas entre los distintos miembros de las Provincias Unidas del Sud, puede ser visto como eso, o como algo original, único, como nos gusta decir: bien argentino. En este sentido me parece oportuno tratar de desmitificar la educación “Billiken” que tenemos sobre la independencia argentina y tratar de “traer de vuelta” todas las discusiones políticas que, cristalizadas el 9 de Julio de 1816, dieron el puntapié inicial para la construcción de la argentinidad política.

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