Rosario Bléfari: una voz para el mundo por venir

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Cantante, actriz, escritora, periodista, docente. Con hitos culturales como la banda Suárez o su actuación en la película Silvia Prieto, su accionar cultural abrió las puertas a nuevos modos de entender el arte, y con él, la existencia. Hada madrina de los sonidos del mañana, la recordamos a partir de sus propias palabras, que surgen de dos entrevistas que nos brindó un tiempo atrás.

Por Juan Manuel Ciucci

Abrazar el oficio de periodista nos permite a veces acceder a personas que nos producen una fuerte admiración artística o personal, y el resultado termina siendo casi una invitación para que quien lea se interese también por aquello que nos conmueve, y pueda ser a su vez parte replicante. Existe además una pulsión por difundir obras que nos permiten ampliar nuestros
horizontes perceptivos, búsquedas que escapan a los moldes preconcebidos que hoy inundan en forma de logaritmos las escuchas spotifeadas del sentido común.

Pude decirse con certeza que Rosario Bléfari ha sido la gran impulsora de un modo distinto de construir y percibir la música en nuestro país. Aquello que se llama indie, lo que las modas y el marketing han querido construir como categoría de consumo, fue mucho antes un intento, una búsqueda de acciones y sonoridades que trajeran nuevos modos de habitar nuestras vidas. Tiempos en que los restos de los relatos fundantes ya no ofrecían ninguna novedad, y que la escena cultural parecía un eco permanente del pasado.

Allí Suárez fue una potencia arrebatadora para nuevas formas de lo poético, de expresiones del deseo, de intimidades que se decían intrascendentes para un mundo tan ordenado y patriarcal. Su voz nos ofrecía un registro inhabitual en nuestro medio, y fue la manera de encontrarnos y dejarnos sentir, un amparo para las dudas y penares que anunciaban un mundo distinto por venir. Hoy quizás sea la diversidad la que nos permite pensar ese trayecto cultural, político, social, que comenzaba a construirse. Y al que Rosario le pondría, mucho antes, voz y palabras.

El nombre de tu nombre

Pude charlar con ella algunas veces, en notas donde quería ayudar a difundir su trabajo, siempre tan vibrante y hermoso, escapado de las modas y las difusiones masivas. De aquellas historias tan conocidas, donde hoy dirán que es un clásico aquello que ayer no difundían. En 2012 charlamos largamente en torno a su multiplicidad artística, en tiempos donde presentaba uno de sus más hermosos discos solistas: Privilegio.

Círculo Ecuador: ¿Cómo te sentís en este tiempo de “artes especializadas” donde desarrollas tu propio registro en varias de ellas?

Rosario Bléfari: Bueno, lo que veo es que cada vez es más lo natural, digamos, lo que suele pasar y le pasa a muchas personas. De hecho creo que siempre pasó eso. Lo que pasa es que tenía menos visibilidad, o crédito. Como el hecho de decir “Bueno, ¿a qué te dedicas? ¿Sos fotógrafo, pintor, qué sos?”. Siempre eso traía algún tipo de problema, por lo menos lo que yo
vi, sobre todo en la primera juventud. Con los amigos y las amigas que tenían distintos intereses, que les gustaba sacar fotos y también pintar. Ya esa pequeña dualidad, podía ser un problema a la hora de definirse como artista visual, incluso.

Pero después con el tiempo me parece que fue cambiando, y cada vez se acepta más. Igual siempre hay algo de eso, relacionado más que nada con lo de hacer una carrera, con la parte más comercial del asunto. Con el artista que se vende, ahí es donde eso sigue siendo, y supongo seguirá siendo, un poco un escollo para el que tiene distintos intereses. Y que cambia, va cambiando y es difícil de etiquetar. Todo lo que es difícil de etiquetar es difícil de vender. “¿Esto qué es, un guante, una media, un gorro? Y, si te lo pones en la mano es un guante, si te lo pones en la cabeza es un gorro”. Es posible que no le vaya muy bien a eso en el mercado, por cómo es la comercialización de las cosas. Es terrible eso, como que todo tiene que estar
definido y ser algo, cubrir una necesidad determinada.

CE: En ese marco por ahí toma más relevancia tu faceta musical, porque hay una industria más establecida…

RB: Claro, pero vos fíjate que dentro de eso también pasa, a nivel género, te tenés que definir. “¿Es rock, es pop? ¿Es rock qué, qué tipo de rock?¿Es indie, alternativo, heavy?” Cuanto más definido estás, es más fácil. Aquel que está escuchando y le gusta el hardcore tal, va a decir “Eso me interesa”. Es así, es terrible. Y si vos decís “este disco son canciones”, la respuesta es “pero qué tipo de canciones”. “Y, no sé” (risas).El que tiene un interés determinado y definido es difícil que por eso se interese. Y eso pasa en la música, justamente porque hay una industria. Y se comercializa, como todas las artes que se comercializan. En un momento la persona quiere vivir de eso, porque es lo que le gusta hacer, entonces entra en relación con el dinero, con el intercambio del dinero y lo que haces. Tarde o temprano, al estar en una sociedad que se maneja de esa manera, en pequeño o en grande, independiente o como sea entra en relación con eso.

CE: Ahí vos también podés tener un conflicto, porque pasas de discos más enchufados a desenchufados…

RB: Sí, yo no lo vivo particularmente como un conflicto, porque pudiera ser conflictivo para la persona que a mí… ponele que tuviera una compañía que me vende y ahí sí les sería conflictivo. “Ahora Rosario qué capricho, que justo estábamos tratando de que se interesara un público más de las canciones, sale con una cosa ruidosa y eléctrica, rápida, que ahuyenta al que le gustaba lo otro”. En general a la persona que le gusta algo, busca más de lo mismo. Saliéndonos de lo comercial, yendo al punto de los gustos, el gusto humano es conservador, lamentablemente es conservador. Y la curiosidad, el probar, el escuchar otras cosas muchas veces se confunde con la falta de personalidad. O a veces con que le da lo mismo, se sienta en la mesa y le ponen arroz y lo come, le ponen un bife y lo come. Eso también, como una especie de consumo indiscriminado, pero tampoco es eso. Es con lo que se puede confundir, a la curiosidad que prueba. “Quiero entrar en confianza hasta saber si me gusta o no, porque es distinto a lo que ya conocía”.

Pero pienso que el gusto humano es conservador, porque tiene que ver con la formación de una personalidad. Con ese momento de la adolescencia, supuestamente es un momento de rebeldía, de romper con todo; es un momento muy conservador, porque te aferras a una cosa determinada que sea bien definida. Y lo que no pertenece a eso, es posible que no quieras saber nada, o te burles, o lo deseches. Ya de movida el ser humano tiene eso de aferrarse a algo, tal vez por lo del miedo al vacío, a la muerte, supongo que debe ser por eso, obviamente.

Y vamos buscando siempre lo que ya nos gusta. Entonces yo como artista, como hacedora, por lo menos en la música, cuando parece que hay un cambio, yo como conservadora también, no lo vivo como un cambio, en realidad. Son sutilezas formales. Lo que me puede llegar a pasar en algunos momentos, es que al probar determinadas cosas… Por ejemplo en este disco Privilegio, que es un disco fuerte, rockero, en el sentido de la electricidad, de la formación clásica de una banda; también estoy buscando como algo que conocía, en un punto. Siempre es como una especie de retorno, o volver a poner en escena algo que aparentemente es nuevo por el paso anterior de lo que se dijo, pero todo va por el mismo lado. Si uno se fija en las letras, en las canciones, en las melodías, hay una línea que no cambia, que se conserva inevitablemente.

CE: ¿Volver a conformar bandas que te acompañan, lo sentís como volver sobre un espacio que ya conocías?

RB: Por eso digo, lo que aparentemente es un cambio, como que decís que vas a cambiar… La otra vez hablaba con un amigo pintor, como para darte un ejemplo de otra disciplina. Y me decía que todos le habían dicho de la muestra “cómo cambiaste, que giro inesperado”, y él decía “si es lo mismo que vengo haciendo de toda la vida”. En un punto para él es lo mismo, pero yo le decía que tenía que admitir que por ejemplo si predominaban los azules chorreados en la muestra anterior, yendo a lo primero que el ojo busca, y ahora hay un festival de colores cálidos, eso es lo que percibe la gente como un cambio. “Sí, pero para mí es como un camino en el que vas, que se va desgranando en formas diferentes”, me decía.

Yo nunca pienso, te lo juro, “este disco que viene va a ser así, completamente distinto al anterior”. Al contrario, pienso qué vehículo va a ser el más apropiado para ese grupo de canciones que van a ir a ese disco. También pasa que cuando uno viene tocando con una banda, la banda es un poco siempre el vehículo. Los discos de bandas son por lo general más estables porque siempre están esas personas que tocan de determinada manera y por más que se propongan otra producción y venga otro productor, esas personas le van a imprimir una cosa a ese disco, que vos vas a reconocer el famoso sonido de los Stones, por ejemplo. Y por más que le den vueltas, a la voz por ejemplo, no hay forma de zafar de eso, cuando hay un sonido definido.

CE: ¿Cómo te llevas con las nuevas tecnologías, y con el formato disco? Privilegio salió el año pasado y lo presentaste este año. ¿Cómo ves que va a ser ese futuro?

RB: Es todo un tema, porque me pasó por primera vez que.. .el concepto de disco lo sigo teniendo. Digamos que las canciones a pedido pueden ser un disco. También tengo discos esperando, en el sentido de grupos de temas que sé que conforman un disco, tengo por lo menos dos seguro, como concepto de álbum. Todavía soy conservadora, mantengo el concepto de álbum porque me gusta. Me parecen como los capítulos de un libro, me sigue siendo atractiva la idea de un grupo de canciones que no es sólo un rejunte caprichoso porque entraba esa duración en el soporte que esté en este momento en boga…

CE: Incluso a veces depende del formato, o un simple, o un LP, o un CD…

RB: Pero muchas veces en algunos otros géneros pasa que según el formato, se armaba la obra en función de eso. Se sacaban los simples, o había que juntar diez temas de tantos minutos que era lo que entraba para aprovechar el tiempo. A mí me gusta como obra la idea de un grupo de temas, pero en cuanto a lo material, al CD en particular, no me imagino la verdad si el próximo disco será así. Por otro lado me daría como pena dejar de hacerlo, también. Por ejemplo cuando yo viajo o voy a algún lugar, y llevo el disco, llevarlo como objeto y entregarlo todavía sigue siendo algo muy vigente, no caducó en ese sentido. Por más que la misma persona a la que se lo dé, escuche todo en MP3 en el celular; igual vienen y me compran los discos, o yo se los regalo. Noto que está igual que siempre, esa cuestión con el disco en sí. Entonces me daría pena no tenerlos.

Me acuerdo cuando el cassette murió, que ahora también resucita por momentos, que muchos hacían el cassette y el CD, y era como triste no hacer más el cassette. También pasa con el vinilo, en Europa en el sello que yo edité un par de discos, que se llama Mónica, es un sello de Berlín; a la directora del sello le pasaba que ella tenía todos los discos en CD y en vinilo. La última vez que la vi, ya hace como tres años, me dijo que no sabía si iba a poder seguir haciendo los vinilos porque ya se le hacía caro, ya no se vendía tanto. Había pasado el furor del vinilo, resucitado. Y le daba pena al mismo tiempo ya no tener determinados títulos, que ya no iban a estar en vinilo, y ya los otros no se iban a reeditar. Esos momentos en que deja de existir ese formato es triste, y tampoco lo podés sostener a troche y moche. Pero por otro lado yo siento que los sigo moviendo a los discos; la verdad no sé qué voy a hacer en los próximos discos. No me gustaría que fuera sólo virtual, tal vez algún soporte… Tampoco me gusta demasiado algo que pasa ahora que viene el disco con cosas, viste, con las antiparras con el nombre del grupo (risas), me parece todo eso cualquiera, como regalos. Como si tuvieran que regalar algo para que compres un disco, para eso que no se fabriquen más directamente, y chau.

En tiempos de Sue Mon Mont

En 2015 volvimos a dialogar, esta vez presentaba nueva banda, como un nuevo espacio que contuviera su prolífico accionar. Pudimos retomar charlas sobre el mercado, discográficas, canciones necesarias y el futuro del disco.        

CE: ¿Cómo surge la nueva banda?

RB: A principios de este año tenía ganas de formar una banda para encarar una serie de temas nuevos que tenía. Pero quería cambiar un poco el modo de trabajo, en el sentido de fusionarme con otros músicos en un proyecto más de igual a igual que como proyecto solista. Que los demás no dependieran de mí en un sentido de iniciativas, sino para compartir todo, las decisiones, de un modo más igualitario, compartir beneficios y esfuerzos, ¿no? Entonces pensé en aquellos músicos que había visto tocar al ir a ver un show o al compartir fechas, y que me habían llamado la atención, me habían gustado. Que tuvieran algo familiar pero al mismo tiempo diferente con algún elemento que no me había tocado compartir con otros músicos. Pensé en esas personas que ahora son Gustavo Monsalvo (que es el guitarrista de El Mató a un policía motorizado), Marcos Díaz (que toca la guitarra en Bosques, pero el bajo en Sue Mon Mont) y Tifa Rex (baterista de Los Reyes del Falsete).

Los convoque y les conté esto, tal cual lo cuento ahora, les dije que tenía una cantidad de temas de distintas ramas, digamos. No eran parecidos, tenía material de más, con distintas tendencias podríamos decir. Quedamos en que como todos estamos bastante ocupados, ellos con sus bandas, yo pretendía seguir tocando mis temas de repertorio, no quería abandonar las canciones que son las que grabé, pero que siempre se renuevan. Pero quería separarlas de la banda que trabaja los temas nuevos. Yo también tenía otra banda, somos músicos muy ocupados, más allá de las otras obligaciones que cada uno tiene. Acordamos que teníamos que ser muy precisos, muy certeros. Como tener una sola flecha, y tener que tirar esa. No poder ir probando, o haciendo procesos de conocimiento. En parte porque ya todos nos conocíamos, aunque no fuéramos amigos nos habíamos cruzado en fechas, estamos como en el mismo pueblo musical. Cierta familiaridad de códigos hay, aunque cada banda tiene los suyos, son microclimas que cada banda maneja. En términos generales teníamos cierta confianza, eso hizo más fácil acelerar los tiempos.

Les pasé algunos demos, sencillamente grabados por mí, y empezamos a encontrar los 5 que les habían gustado a todos. Y los ensayos fueron increíbles, al tercer ensayo ya teníamos sacados 15 temas; echados a correr, porque el demo es un boceto. La personalidad de la banda se iba a ver en la forma de tocar esos temas. Eso quedó demostrado desde un principio, grabé esos primeros ensayos y los temas que grabamos ahora para el disco, detalle más detalle menos, de movida estaban planteados así. Recuerdo que con algunos temas decíamos “¿cómo es? Y, no sé, toquémoslo”; y salíamos y lo marcábamos, y no había ningún probar nada, lo tocábamos. Eso nos producía mucha adrenalina, mucha alegría, y también muchas ganas de mostrarlo. Porque podría haberse dado que no pasara todo eso. Pero pasó que nos gustaba como oyentes de nosotros mismos, digamos.

Ahí dijimos grabémoslo, hagamos un disco, ya que no sabemos cómo seguirá… Cuando los convoque les dije que no tenía ningún plan para hacer esto o lo otro. Pero que sabía que como íbamos a tener poco tiempo, era ensayar, tocar, hacer fechas, pocas porque nuestras fechas van a ser más especiales y esporádicas. Vamos a dejar un disco porque tal vez no toquemos siempre, no sé cuánto puede durar. Pero dejado librado al azar de que nos guste mucho y veamos que es posible volver a armar otro grupo de temas en el futuro. La intención que de movida les dejé clara era que no se sintiera nadie, incluso yo, comprometida: “nos casamos con este proyecto, y de ahora en más tenemos mil cosas por hacer”. No, hagámoslo para estos temas, como si fueran el guion de una película y este equipo se reúne para ese guion, para ésta película, para estos temas. Después a veces pasa que convocas al mismo equipo para hacer otra, o el mismo equipo lo decide. Pero en principio el compromiso es por el presente, por estas canciones y ésta reunión. Y no sentir la presión de empezar un itinerario de supuestos logros o lo que sea. Sin ninguna pretensión más que construir la obra de ese disco, y ese grupo de temas.

CE: Decís que estos temas nacieron de vos, en ese ir haciendo ¿se sumaron desde la banda?

RB: Por supuesto que lo que yo les mostré es un boceto del tema, pero para que cada uno se sume. En cuanto al tema, mi aporte es la melodía y la letra, ese es mi gran aporte (risas) y quiero que se lo apropien y lo coloquen en el lugar de que cada uno sienta que lo que está tocando lo representa. Como un actor que actúa su estilo, por más que esté haciendo un papel u otro. Quería que tuviera eso, que se adueñaran completamente de estas canciones. Y pasó que pasó se dio muy espontánea esa manera de hacerlo, lo que más me sorprendió fue que no requirió de un proceso largo…

Viste que en el rock pasa que es muy delicado todo lo que se refiere a las estéticas de cada uno. Lo que me gusta, lo que sí y lo que no. Había que coincidir, como si fuera una partida de cartas en la que cada uno pone sobre la mesa su carta y tiene que armar juego con las de los demás. Y que tu carta es la que elegís como la mejor jugada estética tuya. Eso era lo que podía también salir mal, que no pase o que no encaje. Me sorprendió que se pudo construir algo que cada uno siente que es propio, sobre un material que está hecho por todos, aunque la melodía y la letra sea mía. Hubo cambios, una estructura que se terminó de armar, pero eso parecido a cualquier trabajo de banda, donde los que hacen las canciones las muestran, y ese pasaje a llevarlo a la banda hace que una parte sea más larga, o sentís que en determinado lugar se puede improvisar. Es un montón de terreno libre para vestir la canción, para ponerla en escena. El boceto es como el guion, y la ejecución y la composición del resto de las líneas y de los instrumentos es la puesta en escena. Algo tan valioso porque es lo que le da la cara a esa obra, sino no tiene identidad. Cuando se toca en una banda esa composición de los instrumentos es la que le da identidad a la canción.

CE: Antes mencionaste el disco, seguís sosteniendo lo de publicar en formato disco…

RB: Sí, cuando terminé mi último disco, y entraba en la etapa de grabar el otro con mi banda anterior en el plan solista en que venía, me dio una sensación de que no iba a grabar más discos. Que no sabía cómo, pero con algún otro formato. Que iba a tener que resolverlo de otra manera, aunque no veía cuál, no me veía fabricando el CD. Después, con el tiempo que pasó, me di cuenta que un CD, además de cualquier otro tipo de soporte, no resta. Al contrario, es un formato más. Empecé a pensar que no hay un formato que lo reemplaza, sino que se multiplican los formatos. Pasé de no ver nada, de no ver cuál sería la forma, no veía un disco, pensaba mucho en las piedras que sacó Roberto Jacoby, porque me parecía súper metafórico. Es perfecto, como volver a cero, la edad de piedra, no sé. Unos chicos editaron Horrible de Suárez en cassette, y muchos lo quieren, me dieron algunos a mí y los llevo a los recitales, y todo el mundo lo quiere. Viste que también está el vinilo, las ediciones en vinilo están a la orden del día. Y el CD también, finalmente no es más que un soporte más, que no es reemplazado por otro con el mismo peso. Sino que tal vez se diversifiquen los formatos.  El disco sigue siendo una cosa que las personas queremos tener. Y por eso lo fabricamos, para seguir llevando en las valijas y bolsos a la hora de tocar, y además así es como financiamos la grabación también. La venta del disco es importante para que exista el disco también como cosa virtual, como concepto álbum, el estudio, la gráfica, todo. Es el objeto que se lleva, se trae, se guarda, se pierde, se cuida, se vende, se regala, se rompe. El objeto.

CE: ¿Querés contarnos algo del nombre de la banda?

RB: Bueno, el nombre de la banda fue como una especie de sueño que tuve. Esos momentos de ensoñación, cuando te estás quedando dormido, como cuando ves una película y te vas quedando dormido y se te mezcla lo que estás mirando. En un momento así, hace mucho, antes de que pensara en hacer una banda, tuve una ensoñación donde veía ese nombre. Era como “qué bueno sería tener una banda Sue Mon Mont”, simplemente como un pensamiento entredormida. Como hacemos todos, siempre se piensa en nombres de bandas, es como parte de ser siempre un adolescente del rock. Al otro día, como me gustó mucho lo escribí, y abrí un facebook y no puse nada, puse una foto donde estaba yo en una sombra, una sombra mía y nada más. Paso mucho tiempo hasta que se me ocurrió ésta idea, y llamé a los chicos y teníamos que ponerle un nombre. Les conté éste, a ellos les gustó mucho, yo no sabía bien si no era un delirio, y se fue imponiendo. Al final, ya teníamos que tener un nombre, era “¿y cómo se llaman?”. Y ahí se cierra todo, y es como inevitable. Y así fue. No quiere decir nada, quiere decir algo que quién sabe qué querrá decir. Solo lo sabe mi inconsciente (risas).

CE: Ya con el disco en la calle, ¿cómo se ven hoy? ¿Cuál es su relación con las expectativas y las opiniones que generan?

RB: Estamos muy contentos con las primeras reacciones de quienes escucharon el disco, no sabíamos qué iba a pasar después de las escuchas de los ensayos que habíamos colgado en un primer momento en soundcloud. Podía ser que el disco no alcanzara lo que esperaban a partir de esa primera aproximación, porque el resto de las canciones no les interesara o por el sonido o porque se hubieran aburrido de esperar. Pero por suerte recibimos una ola de “lo escucho todo el tiempo”, “me gusta el disco entero” y por supuesto preferencias de algunos temas, pero bastante variadas esas preferencias. Este disco recién comienza para nosotros. De hecho le pusimos 2015 en la tapa porque temíamos no tenerlo listo para diciembre, es decir que no saliera por alguna contingencia de la fábrica antes que terminara el año. Así que quedó adelantado pero por suerte pudo estar este verano entre alguna gente que se enteró de su existencia.

Al menos se enteraron todos los que nos vieron aquella primera noche de lluvia del 2013 cuando tocamos por primera vez y algunos cantaban las canciones en el mismo momento que la escuchaban y no podíamos creerlo. Nuestras expectativas ahora son tocarlo en vivo, hacerlo sonar en vivo, y hacer escuchar las sucesivas canciones que vamos sacando nuevas. Porque nos está pasando que empezamos también a sacar nuevas canciones, a ponerlas en marcha y estamos  muy entusiasmados con eso porque nos demuestra hasta ahora que no fue una magia inicial, de pura suerte o que se da solamente una vez -eso de juntarnos sacar un tema y enseguida hacerlo sonar bastante cerca de como más nos gusta-, que es algo que se nos da. Tenemos un camino a recorrer en ese aspecto, de nuevos temas y por lo tanto de nuevos desafíos musicales al mismo tiempo de volvernos mejores intérpretes de nosotros mismos en la ejecución de Sue Mon Mont, el disco.

CE: Es la banda también un diálogo generacional, con una referente de una escena musical que todos comparten al frente. ¿Cómo se construye desde ahí la banda? ¿Cómo dialogan saberes y experiencias?

RB: Es un diálogo tácito, no hacemos ninguna mención de la música que conocemos bien o nos gusta salvo al pasar, o para hacer un chiste con lo que no nos gusta, pero no para ponernos de acuerdo sobre cómo tocar un pasaje, son más vale comentarios entre tema y tema, como algo marginal al acto de tocar. Todo el tiempo nuestra experiencia y saber está en diálogo y es muy lindo ver cómo cada uno cuando aporta una observación o una forma de tocar algo, la línea que inventa para el bajo, un corte de la batería, un pasaje melódico de la guitarra, un momento improvisado de la voz, vamos todos escuchándonos y escuchando la enorme marea de las cosas en común que hemos escuchado y la impresión que podemos tener sobre eso.

Puede haber diferencias, puntos de desencuentro,  pero entonces nos desviamos y buscamos un nuevo cauce en común, nadie hace lo que no quiere hacer, a veces puede dar un poco de vergüenza cuando tocas con personas que no conocías tanto o con la que tampoco hablaste tanto de música como para conocer cada uno de sus gustos o disgustos, da vergüenza a veces pasar -tocar, cantar, proponer, algo que a los otros les desagrade, pero estamos en una etapa en la que podríamos detenernos y decírnoslo en el momento. Creo que fue algo que desde el comienzo se dió, de no dejarnos pasar algo que no nos sintiésemos orgullosos de estar tocando juntos. Al principio podía ser más difícil, por no saber cómo decir, cómo aceptar un rechazo sin ofenderse, pero pasó muy pocas veces, en algún detalle, y cuando fue algo más grande como en la elección de qué tema tocar o cuestiones de la tapa rápidamente evadimos conflictos, cediendo y yendo al encuentro de algo donde confluir. Creo que muchas bandas tienen esa relación, no es algo tampoco fuera de lo común. Tal vez es sorprendente en este caso porque nosotros no éramos amigos, hermanos o del mismo barrio, nada de eso previo, no había una relación previa. Realmente no hay un director, todos tiene mucha personalidad y bueno, vamos llevándolo bastante bien, en forma equilibrada, caótica, espontánea, en nuestro trato. Puede sentirse en un ensayo cómo todos parecen estar en el mismo lugar de fuerza, como los tensores de una carpa.

CE: Todos tienen otros proyectos, otras bandas. ¿Cuál es el dialogo de Sue mon mont con ellas?

RB: No sabría contestar esto sin mis compañeros, mi visión es como si fuésemos completamente otros, incluso yo con respecto a mis bandas anteriores, Suárez y la de solista, es realmente otra cosa. Podemos todos mencionar algo que estuvimos haciendo con la otra banda, un viaje, una anécdota, un plan, pero es como si se tratara de una vida paralela, pero sin conflicto ni celos, también como de movida fue así, sabiendo que éramos de otras bandas. También creo que se produce una especie de recreo de la otra banda para todos, pero a la vez cuando se van -o nos vamos porque yo también anduve tocando con “La vida gigante” el año pasado-, a tocar con los otros, eso se transforma en un recreo de SMM, así que es positivo siempre.

Me alegra personalmente cada vez que me cuentan cosas que hacen o van a hacer, si son cosas lindas claro, recitales que salieron bien, planes de discos, lo que sea y cuando se cuenta alguna desventura, también está bueno porque da una sensación de comunión, donde podemos compartir cómo les pasan a todos cosas parecidas, de esa forma es como tocar con músicos que somos a la vez unas especies de arterias que conectan muchas bandas. Eso les suele pasar a los músicos que tocan como nosotros en más de un proyecto. Es muy bueno y es algo nuevo. Porque tampoco se trata de sesionistas, con todo el respeto, pero que también podrían decir yo toqué con tal con cual, pero que están siempre un poco más de afuera, acá somos en todos los proyectos arte y parte.

CE: Las letras recorren paisajes del amor, y tienen un ámbito recurrente en los trenes. ¿Qué conexión encontraron allí?

RB: Trenes, colectivos, autos, justamente hemos tenido que viajar por la ciudad, venir desde el punto donde cada uno vive o anda, vivimos en puntos distantes y a la vez nos movemos mucho. Por lo menos eso escucho de los demás y de mí. La ciudad nos obliga a desplazamientos constantes en transportes públicos o como sea. La idea del desplazamiento está asociada a la música que también nos permite viajar estando quietos, desplazarnos por el tiempo. Hoy en día, la gente escucha música mucho en los transportes y a veces lee también pero ¿cuántos van con auriculares? a veces son casi todos. Parecen todas de amor las letras, pero son de amistad, desamistad y desamor también, amores filiales, amores fraternales, amores imaginarios. La relación con las personas a través del tiempo. Ese es el gran tema. La misma miel, que es una canción de amistad, lo pone simple: fuimos muy amigos, muy unidos, tanto hasta hartarnos,  nos alejamos y entonces volvemos a sentir la necesidad de reunirnos en honor a las cosas que compartimos: la misma miel. Lo pendular, el ir y venir de los sentimientos, en las relaciones con los demás, que a su vez es lo que nos liga al mundo y nos define en cada otro.

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