Registros barriales: experiencias comunitarias en el Fuerte Apache

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Por Rocío Beccaria (Fotos, textos y recolección de testimonios)*

La organización comunitaria en barrios populares se da a través de comedores, merenderos y centros culturales. Día a día, les vecines se vuelven protagonistas de estas experiencias y las llevan adelante. La situación de la pandemia lejos está de frenarles, es más, estos espacios se vuelven esenciales reforzando su trabajo, permitiendo enfrentar la emergencia sanitaria de manera colectiva . Registrar la organización en los barrios nos permite visibilizarla, difundirla, reconocerla. En el barrio Fuerte Apache, los merenderos “Bigotitos Blancos” y “Bichito de Luz”, y el centro Cultural Cristiano, sostienen las tareas comunitarias entre compañeres y vecines. En esta nota, compartimos parte su experiencia. 

Merendero “Bigotitos blancos”

El merendero tuvo sus comienzos hace cinco años para asistir a les chiques del barrio brindándoles la merienda. La aparición del Coronavirus, impulsó al merendero a realizar “ollas populares” para poder ayudar a quienes se más se ven perjudicades por el contexto. Asimismo, con el inicio de la cuarentena, se impulsó el programa“Yo ayudo desde casa”, que convoca a personas que quieren ayudar a hacerlo desde sus casas realizando y repartiendo comida. De esta forma, los domingos dos compañeras pasan a retirar las viandas por las casas y las traen al barrio para ser entregadas en la semana. 

Gustavo Dzakich, coordinador del merendero cuenta: “Nosotros todo lo que hacemos, lo hacemos de corazón porque hay gente que lo necesita; pero también teniendo las precauciones que hay que tener, porque también tenemos que cuidar a nuestras familias. Estamos todo el día, y el que quiere se acerca a ayudar, pero como te dije te tiene que salir de corazón”. Gustavo es quien se encarga de gestionar las donaciones, conseguir los elementos necesarios, y ayudar en la entrega de las comidas. El merendero también tuvo que adaptarse al protocolo sanitario: “Cuando venimos, lo primero que hacemos es desinfectar y limpiar todo, el municipio nos donó desinfectantes; y vamos a la placita del doce y tambien desinfectamos ahi”, cuenta Gustavo. 

Al igual que en otros barrios y otras experiencias comunitarias, las mujeres son protagonistas. En este merendero, son las encargadas de hacer las comidas y las meriendas. Asimismo, se van acercando en ocasiones vecinos y vecinas del barrio para colaborar. Los días lunes y jueves, preparan la cena y los miércoles y domingos, la merienda. Los otros días, prestan los elementos para que otres vecines puedan realizar ollas.

Con respecto a las donaciones, la mayor parte las obtienen de parte de Desarrollo Social y por parte de una Concejala, vecina del barrio. Por su parte, el municipio les entrega elementos de desinfección, que son utilizados al inicio de cada día en el merendero. En ciertas ocasiones reciben también donaciones de empresas alimenticias de la zona.

El testimonio de una de las compañeras refleja la voluntad de les vecines que sostienen este espacio: “Lo hago de corazón, me encanta ayudar, me encanta estar con los chicos. La verdad que si podría hacerlo de mi bolsillo lo haría”. 

Merendero “Bichito de Luz”

Este merendero se inició hace más de quince años impulsado por las vecinas del barrio. Miriam, referenta del merendero junto a Raquel, afirma:“Para mí esto es como un trabajo, yo me levanto todos los días a las cuatro de la mañana y ya me vengo temprano para acá, a poner las ollas y a preparar todo. Lo que cambió con la pandemia, es que se multiplicó la cantidad de gente que viene; si antes venían cincuenta, ahora vienen cien…”. El merendero se organiza en dos equipos: en el turno mañana, se encuentra Raquel, quien hace la comida del mediodía; por la tarde, Miriam y Daniel se encargan de la merienda, como así también de hacer la cena los días miércoles. 

Las donaciones y mercadería son entregadas por el municipio. El estallido de la pandemia amplió la necesidad y la realización de las ollas populares a lo largo de todo el barrio, lo que implicó una reducción de cantidad. Miriam explica que “es entendible, porque lo están distribuyendo también en las otras ollas”.

El merendero es un espacio abierto para quienes quisieran realizar alguna olla. Es el caso de Damián Cabana, vecino del barrio, quien a partir de la pandemia empezó a realizar ollas para aportar: “la mercadería es aportada por los vecinos, y mientras pueda vamos a seguir haciendo las ollas”, cuenta.

Centro Cultural Cristiano

Hace un año, en una de sus visitas al barrio, Ivan y Sara se encontraron con una vecina que les expresó la imposibilidad de alimentar a sus hijes. A partir de esta situación, ambos decidieron poner un comedor, en donde también funciona una iglesia, para poder asistir a quienes más lo necesitan 

Si bien, al comenzar la cuarentena, solo asistían a quienes ya venían participando del comedor, con el transcurso de las semanas el número de personas se multiplicó lo que les implicó un aumento grande en la cantidad de viandas a realizar. 

En el espacio, se destaca una amplia participación de mujeres, que se encargan no solo de cocinar y armar las viandas, sino también de repartir las donaciones hacia quienes lo soliciten.

Sara, una de las fundadoras y coordinadoras sostiene que: “no es solamente una la que se esfuerza por dar comida, sino que también hay gente que no conocemos y que se está movilizando y ayudando, donando ropa, elementos de limpieza. Como sabe que no puede salir, encuentra la forma de ayudar de otra manera”.

Estos casos son algunos de los ejemplos de los distintos espacios y experiencias comunitarias en el barrio. El inicio de la cuarentena, a partir de la emergencia sanitaria, trajo un aumento de ollas populares en distintos puntos del barrio, organizados por los mismos clubes o por familias que se solidarizan con quienes están desocupades y quienes menos tienen. En estas experiencias se puede notar una amplia participación de mujeres. Ellas son quienes se encargan de hacer el trabajo más pesado: levantarse temprano, poner las ollas, cocinar y servir la comidas. A su vez, se refleja la enorme solidaridad que hay entre vecines: hay quienes se acercan y ayudan en la preparación o hay quienes aportan con lo que pueden. En momentos de crisis los barrios se reafirman como comunidad, enseñando que la salida nunca es individual, si no siempre colectiva.

*Rocío es estudiante de Administración Pública de la Universidad Nacional de San Martín. Es vecina del Fuerte Apache lo que le permitió hacer un registro presencial de comedores y merenderos del barrio, al mismo tiempo que relevar datos y recoger testimonios. 

Contactos para donaciones

Gustavo Dzakich ( coordinador Merendero Bigotitos Blancos): 1167354964

Ivan (Centro Cultural Cristiano): 1153487135

Raquel de Rosa: 1155845124/ Daniel Benítez 1144353417 (Merendero Bichito de Luz)

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