“Cuando hablamos de la feminización de la pobreza estamos hablando, en parte, de las trabajadoras domésticas”

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Entrevista a la Licenciada Verónica Casas, antropóloga social y becaria CEIL-CONICET, a partir de la “Encuesta a trabajadoras/es de casas particulares y su situación laboral en el contexto de aislamiento por la pandemia de covid-19 en Argentina”. “Es fundamental señalar que los/as empleadores/as no están cumpliendo, dejando a la deriva a muchas que contaban con ese ingreso para subsistir”.

Por Juan Manuel Ciucci

En estos días se dio a conocer el informe final de los resultados de una encuesta a Trabajadoras de Casas Particulares en relación con su situación laboral en el contexto de la Pandemia por COVID-19 en nuestro país, realizada por investigadorxs del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales – CONICET y el Programa de Salud, Subjetividad y Trabajo de la Universidad de Lanús. Desde Círculo Ecuador hemos realizado una publicación con los datos de dicha encuesta, que nos permiten analizar la situación de uno de los sectores laborales más postergado e invisibilizado. Ofrecemos ahora esta entrevista con la Licenciada Verónica Casas, antropóloga social y becaria CEIL-CONICET, que nos permite profundizar tanto en la encuesta y sus resultados, como en las propuestas que podemos pensar y poner en práctica para combatir una desigualdad estructural que la pandemia no ha hecho más que agravar.

Círculo Ecuador: ¿Cómo surge la encuesta?

Verónica Casas: La idea de realizar una encuesta surgió luego de escuchar a trabajadoras -y también leerlas en las redes- denunciando sobre su situación laboral que había empeorado cuando  se decretó el aislamiento social preventivo y obligatorio el 20 de marzo. Junto a Hernán Palermo (CEIL-CONICET) y Miriam Wlosko (UNLa), quisimos relevar y cuantificar estas experiencias, para visibilizarlas. El sector del trabajo doméstico fue históricamente invisibilizado y está atravesado por múltiples desigualdades. Esas desigualdades que en el contexto de pandemia se profundizan aún más.

CE: Teniendo en cuenta que es siempre un sector muy diverso y dinámico, ¿cómo lograron contactarse con les entrevistades y establecer el lazo para realizar la encuesta?

VC: Metodológicamente se trató de una encuesta autoadministrada, con un cuestionario anónimo que gestionamos a través de una plataforma online. La difundimos por WhatsApp con trabajadoras que ya conocíamos (y difundieron), por e-mail y en las redes sociales, especialmente en los grupos de Facebook de trabajadoras domésticas.  La encuesta la realizamos entre el 13 de abril y el 10 de mayo, y obtuvimos la respuesta de 635 trabajadoras (hablo en femenino, porque casi la totalidad de las que respondieron son mujeres). Quiero remarcar que muchas trabajadoras nos ayudaron a difundirla, hay una gran necesidad de contar, de hacer circular la información y visibilizar este trabajo.

CE: Como decías el 99,4% son mujeres, lo que reafirma la absoluta participación femenina en los trabajos de cuidados. ¿Qué discusiones supone/abre para ustedes este dato?

VC: El dato que refleja la encuesta se replica con los datos del sector de trabajo doméstico, ya que es un trabajo feminizado, es decir compuesto mayoritariamente por mujeres. Y esto tiene que ver con el sistema patriarcal y la división sexual del trabajo que estableció históricamente que la esfera pública/productiva está ligada a los hombres y la esfera privada/reproductiva a las mujeres. El trabajo doméstico y de cuidados se ha considerado un no-trabajo y cuya responsabilidad recae “naturalmente” sobre las mujeres. El estereotipo de “mujer cuidadora” que posee un instinto maternal, y que tiene cualidades innatas para realizar las tareas domésticas está muy arraigado en la sociedad. Cuando las mujeres “salen” al mercado de trabajo, lo hacen principalmente en los sectores que siguen estando ligados a estas actividades de cuidado: el trabajo doméstico remunerado, la enfermería y la docencia, son ejemplos claros de trabajos que tienen una amplia participación femenina y que tienen puntos en común con esta imagen de “mujer cuidadora”.  

CE: Más del 60% de las trabajadoras se encuentran registradas, pero sólo el 33% del total sigue cobrando su sueldo completo sin poder ir a trabajar debido a la cuarentena. Además, el 47% no está cobrando, está cobrando menos o no sabe si cobrará. Teniendo en cuenta que les cabe una gran responsabilidad a quienes las emplean, ¿qué acciones estatales les parece que se deberían llevar a cabo en este contexto?

VC: Partimos de la base que es un sector con un 77% de trabajadoras que se encuentran en la informalidad, es decir que están “en negro”. En ese sentido, se hace muy difícil el control por parte del Estado. Sin embargo, si bien hay dificultades en llegar a las no registradas, de mínima considero que hay que realizar controles en estos cambios de categoría que están haciendo los/as empleadores/as. En la encuesta pudimos ver cómo los/as empleadores/as las cambian de la categoría de “tareas generales” (categoría 5°) a “asistencia y cuidados” (categoría 4°), que es una actividad considerada esencial y que puede asistir a trabajar. Es decir, que la encuesta reflejó que hay trabajadoras de limpieza que están yendo a trabajar. Y muchas aceptan este cambio de categoría, por temor al despido o para generar algún ingreso.  

Por otro lado, estamos hablando de un sector de mujeres con salarios de pobreza, la mayoría con hijos/as a cargo –con un gran porcentaje que son jefas de hogar-. Si bien en la encuesta un 28% contestó que cobra la AUH y un poco más de la mitad cobró el IFE, esto no termina siendo suficiente, si tenemos en cuenta que el 47% de las encuestadas afirmó que no percibe ningún otro ingreso por fuera de lo que percibe por su trabajo. Así que es preciso reforzar con políticas focalizadas a este sector, ya que cuando hablamos de la feminización de la pobreza, estamos hablando -en parte- de las trabajadoras domésticas.

Y por último, considero fundamental que se refuercen las campañas de difusión, donde se informen los derechos de las trabajadoras en este contexto de aislamiento y las obligaciones de los/as empleadores/as. Muchas veces los empleadores usan la desinformación como estrategia para no pagar o pagar menos. Por ejemplo, existen casos de empleadores que les dijeron a las trabajadoras que los $10.000 del IFE se los iban a descontar de su salario.

CE: Es notable aún la baja participación sindical en el sector. ¿Qué problemas les parece que esto acarrea y qué soluciones se podrían llevar adelante?

VC: Creo que hay diversos factores que llevan a una baja participación sindical. Uno de ellos, es que recién en el año 2013 se sancionó la Ley 26.844 que estableció un régimen especial para el sector y extendió derechos laborales a todas las trabajadoras sin importar la cantidad de horas que trabajen. Este factor sumado a las características de ser un trabajo aislado, al interior de los hogares, lo hace un sector bastante complejo para la participación.  Y claramente, si no hay participación y fuerza es mucho más difícil que las condiciones de trabajo mejoren. De todos modos, la afiliación ha ido creciendo. Y me parece que en situaciones como las que estamos viviendo, empieza a circular con más fuerza esto de la necesidad de estar unidas, y como muchas dicen “hacer valer nuestros derechos”. También surgen formas de organización alternativas que resultan muy interesantes, por ejemplo hace un tiempo hablé con una trabajadora en Córdoba que hace unos años armó grupos de WhatsApp de trabajadoras y desde allí se organizan, consultan y han realizado marchas para reclamar por sus derechos.  Estas redes también son parte de la necesaria participación del sector.

CE: ¿Qué datos fueron para ustedes los más importantes al terminar la encuesta? ¿Y cuáles los más sorprendentes?

VC: El dato principal de la encuesta es que entre 5 y 6 de cada 10 (un 55,6%)vio empeorada su situación laboral a partir del aislamiento social preventivo y obligatorio. Mostraron trabajadoras que no les pagan, les pagan menos, en algunos hogares les pagan y en otros no o directamente las despidieron. Sólo un 33% cumple el aislamiento y le pagan y un 17% le pagan porque va a trabajar. Es fundamental señalar que los/as empleadores/as no están cumpliendo, dejando a la deriva a muchas que contaban con ese ingreso para subsistir. Más si tenemos en cuenta, como señalé recién, que casi la mitad solo tiene de ingreso lo que genera por su trabajo. Y lo más sorprendente fue detectar que el miedo a veces estaba más relacionado con la posibilidad de perder el trabajo que con el COVID-19. Relatos donde se percibía bronca, incertidumbre e impotencia.

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