Larreta en pandemia: avatares del mito del “buen gestor”

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La desidia planificada que afecta a los barrios populares está revelando toda su crudeza ante el avance del coronavirus, y la ausencia de respuestas por parte del Estado porteño. Que desde hace 15 años gobierna esta Ciudad, y no ha hecho más que profundizar la desigualdad. Algo que permanece oculto por la cobertura mediática que ha construido Larreta.

Por Juan Manuel Ciucci

La foto nos impresionó a todes: en una misma mesa, ante las cámaras que transmitían a todos los hogares las novedades de la cuarentena, estaban los tres juntos. Alberto, Axel y Larreta (me guardo el Horacio para gente más querida) mostraban así lo que las lógicas de la gobernabilidad imponen. Ante una pandemia no hay lugar para discrepancias partidarias, lo que corresponde es unir criterios y enfrentar el conflicto de un modo articulado. Más aún cuando la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma mantienen una relación simbiótica donde sus poblaciones viven, trabajan o se relacionan cruzando territorios indistintamente.

Esta demostración de fortaleza de la clase política para enviar un mensaje de unidad en un momento de crisis significaba, además, aturdir la unidad opositora que intentaba construirse como discurso alternativo ante el apabullante accionar de Alberto, que lo lleva a tener una aceptación ciudadana altísima. Los discursos críticos hacia la cuarentena que exhibieron Bullrich y algunos de sus secuaces, se daban de lleno con la plena aceptación del Jefe de Gobierno de las indicaciones de la Presidencia de la Nación. Es conocido el dicho: una cosa es ser opositor desde el llano y otra muy distinta desde una posición de responsabilidad.

Pero ese mensaje que podía tener un sentido al inicio de esta pandemia, se va tornando complejo ante el accionar de Larreta en la Ciudad. Ese modelo de país y de provincia que encarnaba el macrismo y ante el cual resistimos durante cuatro años, tuvo su final en octubre pasado. En estos días que se cumple un año de la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de elegir como compañero de fórmula a Alberto, festejamos no estar a la merced de un personaje tan ineficiente como Macri en esta pandemia. No es difícil imaginar cual sería el escenario con un Ministerio de Salud que era apenas una Secretaría, con un presupuesto que apuntaba siempre al ajuste y con un Estado que se pensaba superador cuanta menos intervención tuviera. 

Resulta que en la Ciudad de Buenos Aires seguimos con ese modelo, y potenciado por ser la terminal autorizada para manejar la acción pública en este tiempo de crisis. Por lo tanto, la desidia planificada que afecta a los barrios populares está revelando toda su crudeza ante el avance del coronavirus, y la ausencia de respuestas por parte del Estado porteño. Que desde hace 15 años gobierna esta Ciudad, y no ha hecho más que profundizar la desigualdad. Algo que permanece oculto por la cobertura mediática que ha construido Larreta, merced a una pauta oficial que permite subsistir a numerosos medios de comunicación.

Pero también a partir de cierta mitología que lo rodea, que lo ubica dentro del universo de “los buenos gestores”.  Si hasta Juan Grabois, el gran crítico nacional, lo ha elogiado públicamente en más de una oportunidad, y sin ir más lejos en enero último han recorrido juntos el barrio 20 de Villa Lugano. (https://www.infobae.com/politica/2020/01/10/horacio-rodriguez-larreta-y-juan-grabois-recorrieron-juntos-el-barrio-20-de-villa-lugano/) Esa imagen de un “tipo capaz” más allá de su ideología es parte del problema que transitamos. Como lo es también el histórico acuerdismo que ha logrado en la Legislatura, que le permite contar con muy pocos opositores. Todo esto lo vuelve casi intangible a la hora de recibir críticas, y en momentos de crisis como el actual también parece libre de recibirlas. De allí el peligro de ser parte de una misma foto, de una misma acción, de un mismo modo de abordar ésta crisis.

Es por esto que resulta muy alentador ver las últimas reuniones que ha mantenido el Presidente con referentas/es de barrios populares, para interiorizarse de la situación que atraviesan y prometer una acción más específica del Gobierno Nacional. Ésta coyuntura de pandemia que ha demostrado una vez más la incapacidad de las lógicas del mercado para atender las necesidades y los conflictos sociales, debería permitir avanzar con una intervención estatal más firme y decidida. Que pueda gestionar aquello ante lo cual el sector privado se muestra incapaz, pero no sólo aportando capital para sostener dichas estructuras, sino convirtiéndolas en un bien público. La salud, la alimentación, la producción de bienes, los servicios. Es momento para que el Estado avance por sobre aquellos espacios que por tanto tiempo fueron conquistando lugares merced al capital y una construcción e imposición de consensos de corte neoliberal.

Ése otro país que volvimos para recuperar, necesita en este momento de un avance más radical hacía una equitativa redistribución de la riqueza. La pobreza estructural ante la cual asumieron Alberto y Cristina tras cuatro años de macrismo se verá sin dudas profundizada luego de ésta crisis. Todos los esfuerzos del Gobierno Nacional permitieron que hasta aquí transitemos una situación mucho menos grave que la que viven algunos países vecinos, que con sus lógicas neoliberales le han hecho pagar al pueblo con miles de muertes ésta pandemia. En la Ciudad se maneja ése mismo discurso y esa misma lógica, lo que nos lleva a temer hoy mismo una avanzada aún más fatal del coronavirus. Ésta tragedia ya tiene un nombre propio, Ramona, que nos interpela ante lo que falta, siempre.

El futuro será pues mucho más complejo, pero al mismo tiempo nos brinda la oportunidad de avanzar por caminos novedosos, dónde podamos recuperar pisos de justicia y solidaridad que intentaron negarnos tiempo atrás. La salida está en la posibilidad creativa que encontremos para evitar las disidencias internas, enfrentar la avanzada conservadora y lograr una mayor productividad de la mano de una más justa distribución. El impuesto a las grandes riquezas es un primer paso en ése sentido, pero debemos ser capaces de avanzar a fondo en ése camino, para salir de esta cuarentena con la fortaleza que está coyuntura tan desgraciada nos impone.

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