¿Cuántos femicidios más vamos a contar?

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Un cúmulo de preguntas que irrumpe casi como un hechizo o una plegaria que convierte la rabia en acción. Circulando en redes, creciendo en manos anónimas, compartimos un texto que con sus dudas nos abre a las respuestas que debemos darnos de forma urgente. “¿Y si de una vez, y sin esperar el próximo femicidio o travesticidio, consideramos que la violencia machista requiere de una intervención tan urgente como el esfuerzo dedicado a detener el avance del COVID-19?”.

Por: Feministas anónimas

¿Por qué nos acostumbramos a la violencia de género? ¿Por qué seguimos contando femicidios? ¿Cuántos más vamos a contar? ¿Y los travesticidios? ¿Por qué importa “menos”? ¿Por qué es “menos importante”? ¿Es menos importante que la salud o el hambre?

¿Qué pasaría si fueran hombres a quienes matan uno por día?¿Qué pasaría si se convoca a los ministerios de géneros, las secretarias, los equipos especializados al comité de crisis?

¿Por qué seguimos haciendo como que la violencia de género es una cuestión privada cuando es algo que nos afecta a todes?

¿Qué pasaría si empezamos a afinar la mirada y la escucha para con esa vecina que sospechamos que sufre violencia doméstica? 

¿Y si cada une nos ponemos a disposición de las redes territoriales para sumarnos al trabajo que vienen haciendo para acompañar las situaciones de violencia?

¿Y si se destinan recursos públicos para financiar esas redes territoriales y las compañeras feministas de los barrios dejan de ser puras voluntades? 

¿Qué pasaría si nuestro presidente habla de nuevas masculinidades?  

¿Y si en cada informe presidencial se le otorga relevancia a la violencia contra cuerpos feminizados?  ¿No nos merecemos una filmina?

¿Qué sucedería si se refuerzan con profesionales las líneas de atención a víctimas de violencia?

¿Y si las que se quedan en sus casas son las compañeras y quienes deben retirarse son los agresores?

¿Qué pasaría si pensamos el minuto después de la denuncia?

¿Cómo podríamos actuar si ese minuto después nos importa tanto como el instante posterior al test del virus?

¿Qué está tan roto que no lo podemos tejer entre todes? 

¿Qué pasaría si los diarios, las radios, los programas de la televisión, los anuncios, las propagandas, los chivos, nos contaran que para que no haya más víctimas por la violencia machista todavía queda mucho por cambiar y que el cambio tiene que ser ahora? 

¿Y si pudiéramos asumir que las urgencias del COVID-19 tienen que incorporar las urgencias de las que hablan sólo cuando encuentran cadáveres? 

¿Qué pasaría si todo tema urgente se considera desde la perspectiva de género? ¿Queríamos un ministerio para eso, o para que sea corralito de “nuestros” temas?

¿Qué pasaría si dejamos de contar las muertas y pasamos a contar los casos en los cuales la denuncia efectivamente salvó a una compañera? 

¿Y si pusiéramos el foco también en el hombre que ejerce violencia? 

¿Qué pasaría si efectivamente se acortaran los tiempos de los procesos judiciales y las sentencias se escribieran con perspectiva de género?

¿Y si actuáramos con la certeza de que el papel firmado por un juez no disuade a quien ejerce violencia?

¿Qué pasaría si la voluntad política colocara en el debate salud-economía a la violencia machista como variable que amenaza la reproducción de la vida?

¿Y si de una vez, y sin esperar el próximo femicidio o travesticidio, consideramos que la violencia machista requiere de una intervención tan urgente como el esfuerzo dedicado a detener el avance del COVID-19?

Si nuestra rabia no puede expresarse en las calles, que sea insumo de imaginación política.

Dibujo: Gisela Basualda, asesinada en Capilla del Monte, retratada por Paula Carrizo
https://www.instagram.com/p/B_dRwbOgJsj/?igshid=1olzkytanxrwo

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