Planificación: el arma más efectiva ante la crisis del coronavirus

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Por Jorge Giordano

Los hechos de las últimas horas, con largas aglomeraciones de adultos mayores agolpándose en bancos del conurbano bonaerense para cobrar y realizar trámites, pusieron en relevancia la necesidad de un mayor nivel de planificación para sortear la crisis sanitaria y económica del coronavirus. 

La responsabilidad primordial de esta planificación recae sobre el Estado nacional, que ha dispuesto el aislamiento preventivo y obligatorio, valorado positivamente por la mayor parte de la población. Este rol preponderante del Estado, que anota éxitos como la temprana cuarentena, también lo vuelve responsable del incumplimiento de las medidas de cuarentena verificadas en las puertas de los bancos.

El presidente Alberto Fernández calificó a esta crisis del coronavirus como “una guerra contra un enemigo invisible”. Basándose en esta premisa, el economista Emmanuel Álvarez Agis citó “Cómo pagar la guerra”, un artículo del economista John Keynes sobre cómo Gran Bretaña debía afrontar la Segunda Guerra Mundial. Frente a la magnitud de la crisis, Agis llama a “poner las fuerzas productivas privadas a disposición del Estado nacional”.

La pandemia obliga a la revalorización del papel estatal en todo el mundo, en particular en lo relativo al sistema de salud pero también considerando la dimensión económica. Estados Unidos realizó la mayor inyección de dinero de emergencia en la economía en su historia, superando inclusive al rescate de la crisis financiera del 2008. España hizo lo propio: invertirá 200 mil millones de euros, casi un 20% de su Producto Bruto Interno. 

En la Argentina, la realidad económica es sumamente distinta. En medio de una heredada y gigantesca crisis de deuda y una recesión que lleva más de un año, el paquete de estímulo a la economía promovido por el gobierno nacional equivale a poco más del 2% del PBI. Se descuenta que el parate productivo nacional e internacional empeorará los indicadores económicos negativos.

Ante iniciativas “estatistas” en el resto del mundo, como la nacionalización del sistema de salud privado en Irlanda y el rumor de una réplica en nuestro país, el gran empresariado local se ha mostrado inquieto. Los 1500 despidos de Techint, la empresa privada más grande del país, marcan la pauta para el resto. 

Frente a esta situación de “guerra” planteada por Alberto Fernández es imprescindible recordar una experiencia forjada en tiempos excepcionales: el Consejo Nacional de Posguerra diseñado por Juan Domingo Perón -en ese entonces, vicepresidente- en 1944.

El organismo, fundamental en la historia argentina de la planificación, tuvo como objetivo ordenar criterios y elaborar políticas de largo plazo ante el escenario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Las preocupaciones centrales de ese momento: los altos niveles de desempleo e inflación.

La experiencia reunía a representantes de todas las esferas de la sociedad argentina: sindicatos, empresarios, científicos y militares coordinados por el poder Ejecutivo Nacional. Definieron principios rectores como la libertad económica, el estímulo a la producción, la industria y el capital privado. Se incorporó personal técnico y administrativo para generar datos y estadísticas que permitieran formular políticas concretas y efectivas.

El Consejo definió un ambicioso programa de construcción de obras públicas, planes de vivienda populares y la puesta en marcha de fábricas estatales y mixtas. Estos lineamientos desembocaron luego en el planteamiento y ejecución del Primer Plan Quinquenal, que incluyó entre otras medidas la centralización del sistema de salud público, el voto femenino, la nacionalización de los ferrocarriles, servicios telefónicos y de gas, la creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, la Secretaría de Trabajo, la actual Universidad Tecnólogica Nacional, parques nacionales y la construcción del Aeropuerto de Ezeiza, usinas hidroeléctricas, puertos, destilerías, escuelas y hospitales. Gran parte de la Argentina virtuosa que conocemos nació de estos planes quinquenales implementados por el peronismo.

El actual gobierno nacional muestra una predisposición a este tipo de esquemas, con el planteo de la Mesa contra el Hambre y, próximamente, una iniciativa fundamental para el futuro del país: el Consejo Económico y Social para el Desarrollo. Hace tan sólo un mes, el presidente anunció que enviaría el proyecto de ley para la constitución legal del Consejo, que ya había comenzado con sus reuniones integrando al Estado, la Unión de Industriales Argentinos y la CGT.

El Consejo representa una oportunidad de inédita unidad para dirigir la economía y direccionar los esfuerzos hacia los objetivos que nos fortalecen como Nación. ¿Qué sentido tiene ponerle dinero en el bolsillo a la gente, si ese mismo dinero termina en las arcas de bancos, hipermercados y grandes empresas que especulan y no reinvierten en el país? 

La solución no es una ola de estatizaciones, sino la coordinación entre sector público y privado detrás de intereses nacionales. La acción del Consejo en la reconstrucción de la economía, planificada en conjunto con las organizaciones de la sociedad y dirigida por el Estado, puede ser la llave para sortear la crisis del coronavirus y proyectar las tan mentadas políticas de largo plazo que garanticen el desarrollo nacional.

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