Estatales Porteñes: Construir justicia social en tiempos de crisis

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“En este punto, es importante recordar que les trabajadores de Ciudad seguimos desempeñando tareas para les mismes funcionaries que tan sólo unos años atrás nos tildaban de ñoquis, de grasa militante por cadena nacional, y que ahora pretenden que podamos estar a la altura de la situación al menor costo posible (para elles)”.

Por Paula Carrizo

Los últimos días fueron realmente álgidos para quienes trabajamos en las tareas que, podríamos decir, se asocian básicamente a los cuidados (educación, salud, desarrollo) en la órbita del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. A las ya crónicas falencias edilicias, de escasez de personal, de modalidades de contratación fraudulentas que nos hemos cansado de denunciar, se le suman hechos como la intoxicación de más de 30 niñxs y docentes en una escuela pública porteña debido al mal estado de la comida (tema que Ofelia Fernández llevó a la legislatura y el macrismo se negó a tratar), y el contagio de dengue de al menos cinco trabajadorxs y niñxs en un hogar dependiente del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (que se suman a los más de 600 casos en toda la ciudad), entre otras situaciones igualmente aberrantes producto de la desidia gubernamental al mando de Horacio Rodríguez Larreta.

El –francamente dinámico- escenario actual, a partir de la declaración del coronavirus como pandemia por parte de la OMS, y de las medidas que el gobierno nacional está implementando para hacer frente a la situación, puso sobre la mesa algunas verdades fundamentales. La importancia de contar con un sistema de salud público, universal, de calidad, fortalecido (ni que hablar de que Salud haya vuelto a contar con rango Ministerial), y la necesidad de recuperar un sentido de responsabilidad social. Ese sentido que tanto la dictadura como los gobiernos neoliberales posteriores procuraron aniquilar. Las salidas a las crisis son colectivas, codo a codo, cuidándonos entre todxs. Con afecto, responsabilidad, sin caer ni fomentar ni el escepticismo ni la paranoia, que suelen volcarse en alternativas errantes e individualistas. Más que nunca, la matria es el otrx.

En este punto, es importante recordar que les trabajadores de Ciudad seguimos desempeñando tareas para les mismes funcionaries que tan sólo unos años atrás nos tildaban de ñoquis, de grasa militante por cadena nacional, y que ahora pretenden que podamos estar a la altura de la situación al menor costo posible (para elles). Como trabajadores estatales organizades, nuestro compromiso y nuestra lucha no se reducen a condiciones laborales y salariales dignas -fundamentales la labor en promoción y restitución de derechos- sino a la exigencia de políticas públicas que estén a la altura de las necesidades de nuestro pueblo. La meta que nos propusimos a partir del 10 de diciembre, y que sostenemos ante la adversidad, es la de ser protagonistas de la reconstrucción del Estado. De un Estado democrático y feminista, que tenga como principal valor la justicia social.

Hoy por hoy, las discusiones que emergen en cada encuentro, en cada grupo de whatsapp entre estatales, giran básicamente en torno a cómo exigir a las autoridades pertinentes los insumos y condiciones necesarias para cuidarnos, pero sobre todo para cuidar a las personas para las cuales trabajamos: niñxs, adolescentes y adultes en situación de calle, personas con consumo problemático de sustancias, mujeres víctimas de violencia de género, niñxs institucionalizadxs en hogares. La población en situación de mayor vulnerabilidad, podríamos decir. En este sentido, y en este contexto, responsabilidad social implica también poder acompañar colectivamente –como sociedad- esta lucha. Poder entender que nuestro trabajo son tus derechos, y poder hacernos el aguante visibilizando y difundiendo nuestras  denuncias y reivindicaciones, que son también las tuyas, para que se materialicen en respuestas concretas.

Una frase contundente que se viralizó con velocidad, planteaba que la romantización de la cuarentena es un privilegio de clase. Las problemáticas sociales que venimos acarreando, emergen en toda su crudeza ante el interrogante de cómo garantizar respuestas para los sectores más postergados. Un rompecabezas a resolver cuyas piezas incluyen a las más de 7251 personas que hoy por hoy habitan las calles porteñas, personas en contexto de encierro, víctimas de violencia de género, barriadas que no cuentan con acceso a servicios básicos como el agua, trabajadorxs de la economía popular, trabajadorxs estatales precarizades, y la mayor parte de las políticas sociales en la ciudad desfinanciadas y desmanteladas. Ir construyendo las respuestas a este interrogante es lo que habilitará transitar comunitariamente este escenario de la mejor manera posible.

Hablando con algunes compañeres, les compartía cómo la vorágine de estos días me remitió a la imagen del momento en el cuál comienzan a reprimir una manifestación. Es un momento de incertidumbre, que genera miedo, angustia. Que dan ganas de salir corriendo. A la vez, si salimos corriendo y el resto también sale corriendo, lo que provocamos es una estampida masiva en la cual terminamos aplastándonos entre nosotrxs. En esos momentos, cuando parece que el caos es inminente, siempre hay una voz que emerge con tranquilidad pero con firmeza, llamando al colectivo a mantener la calma, y marcando el rumbo a seguir, a caminar, codo a codo, mirándonos a los ojos, hasta estar a resguardo. Entonces, ahora nos toca exactamente eso. Estar más organizadxs que nunca, con templanza y convicción, poniendo a jugar todo el aprendizaje adquirido en estos años. Trabajando colectivamente, en unidad, en función de las prioridades que nos interpelan y convocan. Buscando maneras creativas para poder cuidar y fortalecer las redes que supimos construir. Cuidando al otre, al de al lado, para que no decaiga y para que podamos construir, una vez más –como buscaron hacer las mejores tradiciones política sindicales de nuestro país- una salida superadora a este presente y esta ciudad para pocos que ya no dan para más.

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