Entrevista a María Luisa Peralta – Día de la Visibilidad Lésbica

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Por Mario Bedosti

El 7 de marzo se conmemora en nuestro país el Día de la Visibilidad Lésbica. Ese mismo día del 2010, Natalia “La Pepa” Gaitán fue asesinada por el padrastro de su novia, Daniel Torres, de un escopetazo. A raíz de este crimen lesbofóbico, el asesino recibió una condena de 14 años de prisión. Desde ese día, el nombre de La Pepa Gaitán fue recuperado como una bandera de lucha de la comunidad lésbica en Argentina.

Círculo Ecuador entrevistó en el marco de esta nueva conmemoración a María Luisa Peralta, activista lesbiana de Buenos Aires. María Luisa comenzó su militancia en 1996 en Lesbianas a la Vista, integrando luego diversas organizaciones, como Lesmadres, Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto y el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género, entre otras. Peralta es también una de las fundadoras de Potencia Tortillera, un archivo digitalizado del activismo Lésbico en Argentina. En los últimos años su activismo se ha enfocado en tecnologías reproductivas, maternidades lésbicas, familias LGBTIQ y antipunitivismo. Al momento de realizar esta entrevista, María Luisa de encontraba transitando el regreso de su viaje a Haití, donde participó de una audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el derecho a la identidades de les niñes que son hijes de familias LGBTIQ. Desde Círculo Ecuador agradecemos su predisposición y su incansable energía militante al brindarnos esta entrevista.

Círculo Ecuador: El 7 de marzo es el día de la visibilidad lésbica en Argentina en conmemoración del asesinato de La Pepa Gaitán. ¿Cuál es para vos el significado político de esta fecha?

María Luisa Peralta: Para mi hay dos o tres cosas que son importantes de remarcar. Primero que es una fecha que nos damos desde el activismo lésbico como respuesta frente al asesinato de una compañera, la Pepa Gaitán. Entonces, frente a esa violencia extrema de que una torta sea asesinada por ser torta, respondemos desde un lugar de memoria, de denuncia, de celebración de las existencias lesbianas, pero sin hacerlo una fiesta, en el sentido de dejar de lado lo doloroso, porque lo que nos importa no es en esta fecha simplemente decir “somos visibles” sin más, sino mostrar las condiciones de vida reales que tenemos las lesbianas. Las cosas que hemos construido, las cosas que hemos ganado, la forma en la que elegimos vivir y también las consecuencias, los castigos, los precios que seguimos teniendo que pagar. Hay castigos y violencias que seguimos recibiendo justamente por esa forma en la que hemos elegido vivir nuestras existencias lesbianas.

Nosotras somos lesbianas dentro del heterocispatriarcado, y eso tiene muchas consecuencias. De visibilizar eso es de lo que hablamos en el 7 de marzo. Y en ese sentido, también quisiera decir que esto de que es un día de lucha hay que seguir manteniéndolo así. Nosotras podemos agradecer y conversar con los espacios que se nos abren a veces desde el Estado, sobre todo cuando en el gobierno hay participando desde distintos niveles compañeras, compañeros y compañeres que vienen de los movimientos LGBT, del movimiento feminista, que son afines, que tienen una sensibilidad y que quieren darle también visibilidad a esta fecha. Me parece muy bueno ese gesto, me parece una cosa para destacar positivamente. Pero también, que el lugar de la denuncia es el lugar del activismo y que lo que queremos del Estado es política pública. Entonces, nos parece muy bien que haya iniciativas de memoria desde el Estado, pero queremos también política pública activa justamente para poder enfrentar estas situaciones de diversos tipos de violencias que seguimos padeciendo las lesbianas.

C.E: Considerando que el concepto de violencia es multidimensional, ¿cuáles considerás que son las principales problemáticas que enfrentan las lesbianas en Argentina?

M.L.P: Tenemos por un lado durante los años del macrismo un rebrote muy preocupante, muy notable de las violencias contras las personas LGTB, especialmente a manos de particulares. Ha seguido habiendo violencia institucional en la forma de malos tratos, de discriminación, de  violencia verbal y psicológica. Ha seguido habiendo violencia institucional por parte de la policía especialmente hacia las personas trans y hacia quienes viven en prostitución o hacen trabajo sexual. Digo las dos cosas porque es un debate y quiero respetar las dos posiciones de las compañeras. Todo esto ha seguido pasando, pero además en paralelo ha habido un aumento muy tremendo de las violencias por parte de particulares contra todas las personas LGTB: golpizas y violencias sexuales contra lesbianas de una forma que hace tiempo no veíamos. Mucha violencia también contra gays, travestis y otras personas trans. Todo esto ha sido muy notable de los años del macrismo.

El macrismo ha tenido también una política de pinkwashing, de utilizar cierto discurso de la diversidad, de seguir usufructuando a nivel internacional con cosas logradas en el gobierno anterior, como las leyes de matrimonio y de identidad de género (nunca hablan de la ley de fertilización asistida). Pero si bien siguieron haciendo eso, y cosas como el Buenos Aires Diverso, todas cosas muy pinkwashing, muy lavadas y sin contenido real, ha sido también un gobierno que ha alentado la intolerancia, ha alentado los discursos de odio. Ha alentado además esta asociación entre la reacción virulenta antikirchnerista y esa idea de que las persona LGTB fueron un grupo que recibió privilegios o prebendas por parte del kirchnerismo cuando en realidad, lo que hubo, fue un reconocimiento de derechos. Todas estas prácticas del macrismo justamente son absurdas. Cosas como el protocolo que hizo Bullrich como Ministra de Seguridad sobre detención de personas LGTB: ese protocolo lo único que tenía eran los estándares elementales de respeto de derechos humanos que tiene que tener cualquiera detención que hace la policía a cualquier persona. El modo en que fue anunciado este protocolo generó en el público la respuesta de que nosotres teníamos privilegios porque la policía actuaba de forma  especial para detener una personas LGTB, lo cual no era verdad.

Todas esas políticas del macrismo alentaron este crecimiento de la violencia hacia nosotros, que por supuesto se potencia con el deterioro gigantesco de las condiciones materiales vida. Cada vez que la economía se va a la mierda rebrota lo peor, que es la xenofobia, la homolesbobitransfobia, el racismo, el ataque de clase. Todo eso que siempre hemos visto quienes estamos en esos colectivos que funcionamos como chivo expiatorio del malestar, lo padecemos cada vez que la economía se pone más dura y que la gente empieza a vivir peor y con condiciones realmente extremas. De lo mal que se está rebrota la violencia hacia nosotros.

Por otro lado sigue siendo real que las lesbianas seguimos teniendo como colectivo distintos problemas: para el acceso y la permanencia en empleos formales, por ejemplo. Muchas están muy precarizadas. Muchas veces ciertas dinámicas de los empleos formales son muy difíciles de tolerar cuando una está llevando una existencia lésbica visible y con cierto posicionamiento político: desde normas en la vestimenta, estructuras verticales donde siempre hay un machista arriba, hasta formas de competencia que para muchas no son aceptables. Además, en general sigue siendo cierto que más allá de las discusiones políticas que nosotras podamos tener somos consideradas mujeres, y por lo tanto en muchísimos empleos nos siguen pagando menos en relación a los hombres. Además, sigue habiendo grandes prejuicios contras las personas LGTB y contra las lesbianas para contratarlas. También somos las primeras personas en ser despedidas. Sigue estando esta idea de que al último que hay que despedir es al hombre padre de familia. Entonces cuando lo económico se complica, siempre en la lista quienes estamos primeras somos las lesbianas.

Hoy sigue habiendo también problemas en el acceso a la salud, a través del respeto a las identidad lesbianas. No hay una mirada que se salga de lo heterocentrado y entonces sigue habiendo problemas para el acceso a la salud ginecológica: en la consulta la primera pregunta es “¿cómo te cuidás?”, dando por descontado que una es heterosexual. Siguen habiendo grandes dificultades para el ejercicio del derecho a la fertilización asistida, donde también nos encontramos con miradas patologizantes, heterosexistas, lesbofóbicas que nos someten a formas de violencia que algunas consideramos violencia obstétrica. Si bien tradicionalmente estas situaciones no están incluidas en la definición de violencia obstétrica (ya que esa definición ha salido de un feminismo que arrancó a pensar a la violencia  obstétrica a partir del momento del embarazo) nosotras consideramos que hay violencia obstétrica desde antes, en las instancias de intentar lograr el embarazo.

Luego por supuesto la lesbofobia en nuestras familias de origen, que sigue siendo inmensa y aparece en multitud de formas. Desde tortas que son echadas de su casa, tortas que son golpeadas, hasta las muchas formas de destrato, de ninguneo, de invisibilización, del no hablar de la vida de la torta, de no invitar a nuestras parejas, de negarle entidad a nuestras vidas lesbianas. También se trata que estemos siempre disponibles para cuidar a las familias en cualquiera de sus formas, para compensar nuestro lesbianismo. Esas también son formas de la violencia que nos generan daño y que siguen estando generalizadas. Hay muy poco cuestionamiento de las formas en que las familias de origen a lo largo de nuestra vida (no solo cuando somos adolescentes y dependemos económicamente de la familia sino cuando somos adultas también) siguen teniendo desprecios, maltratos, ninguneos. Todas esas son formas de violencia.

C.E: De cara a la masificación que el feminismo ha experimentado en los últimos años, ¿cuál pensás que es el lugar específico de las lesbianas dentro del movimiento?

M.L.P: Esta pregunta tiene para mí varios costados. Lo primero que quiero decir es que para mí  es bastante complicado que sólo se pregunte por el feminismo, porque el activismo lésbico no sólo es parte del feminismo. El activismo lésbico es central en el activismo LGTB. Yo creo que precisamente uno de los problemas que hay con la masificación del feminismo es que lo que se ha masificado es un feminismo muy mujerista, con muy poco registro de la historia del propio feminismo y de las historia de otros movimientos sociales, como el LGTB. Esto ha permitido que volvieran a intentar y a ganar a su vez masividad las posiciones más radicalizadas de un feminismo anti personas trans y anti gays, con esta cosa esencialista de la idea de mujeres, de ver a las lesbianas como mujeres desde una forma esencialista del pensar el ser mujer.

Un feminismo que además se ha masificado desde el horror y el dolor de los femicidos, lo que ha exacerbado ese pensamiento y ese posicionamiento de víctimas. Es un feminismo centrado en el lugar de las víctimas y que desde ese lugar ha tomado una política de pánico sexual. Entonces tiene grandes fricciones con un movimiento LGTB que tiene en su centro una agenda de liberación sexual. Más allá de que en las últimas décadas tiene un componente de derechos civiles y de derechos políticos sigue siendo un movimiento de liberación sexual. Y en esos lugares es donde hay mucha fricción con este feminismo contemporáneo que realmente hace política y teoriza desde el pánico sexual.

Las cuestiones esencialistas son muy complicadas para nosotras como lesbianas, y entonces aparece un borramiento de todo una cantidad de desarrollos políticos y teóricos que hemos hecho las lesbianas a partir de nuestras propias existencias, de nuestros modos de vivir como lesbianas. Se pretende que debemos volver a sumergirnos en una idea homogénea y esencializada de ser mujer cuando muchas tenemos un desarrollo acerca de porque no nos consideramos mujeres sino lesbianas, y esto queda borrado. Se nos acusa otra vez de dividir al movimiento y se niega la enorme cantidad de trabajo, y con trabajo quiero decir intelectual, político, físico y emocional que las lesbiana han puesto durante décadas. Trabajo en diversos sectores del movimiento feminista,  en diversas geografías del movimiento feminista. Entonces cuando hacemos valer esto y hacemos reclamos desde ese lugar para que nos reconozcan, validen y visibilicen viene esta reacción de que estamos queriendo romper el movimiento, de que estamos dejando excluidas a las mujeres heterosexuales. Creo que esto años de masificación son complejos por lo que ha sido la dinámica de la masificación. Y lo digo no sólo en relación a esto de negar 40 años de activismo LGTB y los logros que hemos tenido, sino negar también la propia historia del movimiento feminista, es muy impresionante ver eso.

Entonces se llega a posiciones un poco ridículas y enojosas. Por ejemplo cuando se activa en relación al aborto, hay una cosa autocomplaciente sobre la lucha feminista en sí, y se niega que si se puede dar hoy la discusión sobre el aborto en Argentina, no es solamente por lo que ha hecho el movimiento feminista sino también por lo que hecho el movimiento LGTB. Cuando fue la discusión sobre el matrimonio igualitario por ejemplo, más allá de lo que podamos opinar sobre el matrimonio (yo tengo una posición crítica a la institución matrimonial). En ese debate lo que pasó fue que la iglesia se enfrentó al movimiento LGTB y perdió. El movimiento le ganó a la Iglesia católica, le puso un freno a sus pretensiones de seguir regulando la vida civil en Argentina. Eso fue clave, y en un momento muchísimos activistas LGTB, que como yo teníamos posiciones críticas, salimos a pelear por el matrimonio porque nos dimos cuenta que lo que estaba en juego era muchísimo más que esa ley. Era el lugar de la Iglesia católica para seguir regulando e imponiendo su opinión sobre la vida civil de todas, de todos y de todes.

Eso fue clave y fue mucho lo que avanzamos como movimiento, lo que propusimos como leyes, como política pública, como modo de vincularnos, como modo de hacer familia, como presencia en la calle, como presencia visible en las escuelas. Todo eso ha sido parte del conglomerado de cosas que conduce a que hoy se esté discutiendo el aborto. Y voy a decir esto también: es mucho lo que hemos hecho las lesbianas desde nuestro lugar de lesbianas en el activismo por el aborto. Por ejemplo, las Lesbianas Feministas por la Descriminalización del Aborto instalamos la primera línea de información para hacer abortos seguros con misoprostol. Y yo creo que hay un borramiento de esa historia lésbica. Fue muy complicado para muchas compañeras que eso lo hiciéramos nosotras. Fue un grupo que hizo activismo con metodología lésbica en aborto. La visibilidad que le dimos: nosotras firmábamos, dábamos la cara, entablábamos la relación con lo tecnológico. Y el hacerlo nosotras mismas, pasar a la acción directa, eso es muy del activismo lésbico y del activismo LGTB. Entonces me parece que el lugar del activismo lésbico en este feminismo contemporáneo, para las compañeras que quieren estar ahí es un lugar más que legitimado, más que válido, pero que es conflictivo. Creo que estamos en momentos de muchas disputas, de muchas discusiones y de muchas rispideces. Creo que es un lugar que en este momento está siendo de mucho conflicto.

C.E: Los cuatro años del gobierno de Macri representaron un fuerte retroceso en materia de derechos para el conjunto social y para lesbianas y la comunidad LGBTIQ en particular, ¿considerás que el gobierno de Fernández presenta una oportunidad positiva para la agenda de políticas de las diversidades?

M.L.P: Bueno del macrismo ya dije algunas cosas, así que no voy a repetir. Pero sobre todo preguntan si me parecía que el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández abre posibilidades. Yo creo que en comparación con el macrismo seguro que hay mejores posibilidades. Me parece que lo que han tenido hasta ahora de posicionamientos discursivos revalidando la cuestión de la ampliación de derechos, de la diversidad, del respeto como principios de gobiernos son buenos augurios. La creación de ministerios a nivel nacional y provincial de Mujeres, Género y Diversidad, más allá de cuanto podamos discutir los nombres, es una medida importante que abre la posibilidad o la expectativa de que haya políticas públicas concretas que antes no hemos tenido, y que no hemos tenido con ese nivel de jerarquía

Si bien es una buena perspectiva, hay que ver si el gobierno está dispuesto a hacer algunas de las cosas que hay que hacer, sobre todo cuando estas implican presupuesto. Es un problema grave que estamos teniendo tanto con la ley de fertilización asistida como con la ley de identidad de género. Ambas sufren incumplimientos reiterados porque son leyes que implican presupuestos. Hay una reticencia de las obras sociales y de las prepagas a cubrir los tratamientos. Hay falta de recursos suficientes en algunos hospitales público que brindan este tipo de atención. Falta de recursos es falta de dinero, falta de profesionales capacitados, una cantidad de cosas. Entonces, habría que ver si hay disposición a por ejemplo, comprometerse con hacer que la aplicación de estas leyes sea efectiva, y no tengamos que estar reclamando permanentemente.

Y luego por supuesto algunas cosas que están pendientes, como el cupo laboral trans, la ley de reparación a las personas trans que se ha presentado ya varias veces y ciertas cuestiones de normativa internacional. Yo trabajo en una organización internacional. Hacemos activismo a nivel regional y yo represento a mi organización ante la OEA. Trabajo para Akahatá y somos parte de una coalición de organizaciones LGTB de Latinoamérica y el Caribe con trabajo ante la OEA. Venimos trabajando fuerte y desde hace mucho por la firma y la ratificación de la Convención Americana contra toda forma de Discriminación e Intolerancia y de la Convención Interamericana contra el Racismo, la Discriminación Racial y Formas Conexas de Intolerancia. Argentina ha firmado esas dos convenciones pero no ha ratificado ninguna. Creemos que esto es una de las cosas en las que podríamos tener compromiso de este gobierno para retomar así cierto lugar de liderazgo que Argentina tenía en materia de derechos de personas LGTB a nivel regional, alentando a otros países de la región no sólo a ratificar estas convenciones de la OEA sino además a agilizar sus leyes nacionales y sus políticas públicas en favor de las personas LGTB.

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