Los feminismos que aprendemos a construir

Feminismos Noticias

Por Abril García Mur

¿Por qué describirnos? ¿Por qué mirarnos? ¿Por qué no criticarnos? ¿Por qué idealizarnos? ¿Por qué levantarnos? ¿Por qué defendernos? ¿Por qué convencernos? Porque los mejores días siempre fueron, son y serán feministas y diversos. En momentos de contradicciones, peleas mediáticas, salidas abruptas, deseos cuestionados, disputas hegemonizantes, deudas con colectivos, tareas por delante, masificación y dudas en la organización, infinidad de horizontes posibles y confusión, miedos a la despolitización: pareciera necesario volver a narrarnos. Sin ánimos de perder el pensamiento crítico que nos caracteriza como feministas, con la voluntad de desearnos compañeres, de encontrarnos en las calles y de hacer arder el cistema opresor, machirulo y capitalista. Reconocernos para comprendernos compañeres que anhelan transformar la realidad enfrentando las dificultades de la unidad en la diversidad.

La rancheada feminista

El mate que se ceba, el glitter que se pega, el pañuelo que se ata, la risa que hace doler la panza, las lágrimas que brotan y no olvidan, el porro que gira, la birra que brinda, le compañere que besa/abraza/toca/siente/contiene, el círculo/la ronda que no para de expandirse.

A las 5 de la tarde del 19 de febrero nos empezamos a encontrar para el primer – pero no el último – pañuelazo del año. La Plaza que mira el Congreso – ese que todavía nos intenta evitar – se empezó a copar de cuerpes encontrando en el pasto verde abortero un espacio para ranchear. La rancheada feminista también es nuestra y nos encuentra ocupando el espacio público entre nosotres, sin miedo a ser violentades/acosades/excluídes. Encontrarse para ranchear es parte de lo que hacemos y lo que somos. Es abrir las piernas al sentarse, sentir orgullo de todos los pelos que tiene un cuerpe, mear atrás de un auto, acostarse sobre cuerpes, quedarse en tetas, hablar hablar hablar, ser escuchade, escuchar tocarse. Transitar el espacio que nos roban, nos cercenan y nos reprimen con vergüenzas y miedos. Sentirse cuidade por les miles que en unas horas nos inventamos el mundo que queremos. Es hacer política con les cuerpes, performatear el estar, politizar nuestro derecho a ser nosotres.

Foto: Círculo Ecuador

Nunca más soles

Empieza a caer el sol y nos vamos amuchando hacia el escenario. Nos encuentra ahí el dolor de repasar nuestras violencias, la rabia ante las injusticias patriarcales que nos atraviesan, la necesidad de desclandestinizar nuestras elecciones, el derecho a abortar en cualquier lugar. Pero lo mejor de todo, es que nos encuentra ahí la inmensa sensación de no estar nunca más soles. La extraña condición colectiva que no consulta si estás organizade, si vas sole, si vas una vez, si vas mil veces, si sos feminista hace 100 años o te enteraste ayer qué reclamamos. Les viejes, les nueves, les que sabemos, les que no sabemos, les que entendemos mucho y les que entendemos poco: todes siendo miles y reconociéndonos en mismas experiencias corporales transitadas y, sobre todo, en mismos deseos hacia el porvenir. Unidad en la diversidad y confusión creativa que nos desafía en lo que nos falta, pero que nos emociona hasta las lágrimas por ver todo lo que construímos hasta acá. Colectivos que hegemonizan y colectivos postergados, colectivos porteños y federales y latinoamericanos, colectivos cis y colectivos trans, colectivos nacionales y plurinacionales y migrantes, colectivos organizados y colectivos que no, confluyen en los gritos y agites que nos proponemos. Que el miedo arda mientras abortamos al Estado opresor que es un macho violador.

Deseamos qué

Sube ella: la del pañuelo blanco, la que está en todas, la que entendió todo. El recibimiento a Norita Cortiñas se da entre llamados feministas, aplausos y un recordatorio: Madres de la Plaza el Pueblo feminista siempre las abraza. Y ahí arriba, Norita está junto a nuestras otras heroínas de bastón, pelo blanco y arrugas de luchas acumuladas. Nelly, Olga, Martha, Nina, Marta, entre otras: las del pañuelo verde, las que están en todas, las que entendieron todo. Somos les hijes, les nietes, les compañeres de esas brujas que están y ya no están pero que sin duda no pudieron quemar. Somos miles abrazando colectivamente no solo a nuestras pioneras, sino a los proyectos políticos de emancipación que ellas nos representan. “Norita corazón, acá tenés las pibas para la revolución”, las pibas y les pibes que todavía estamos aprendiendo a revolucionar lo que nos somete, y en ese revolucionar nos sentimos cerca de aquelles compañeres que fueron escribiendo nuestra historia como pueblo feminista: antipatriarcales, anticapitalistas, antineoliberales. En la búsqueda de proyectos emancipadores vamos forjando nuevas formas políticas que se acumulan en una conciencia feminista y diversa propia pero que no olvida su Historia. Ni despolitizades ni banales, rebeldes aún en la revolución.

Foto: Círculo Ecuador

Queremos ser esta nueva humanidad

Susy Shock nos propone gritar bien fuerte lo que nos hace doler el pecho: “No queremos ser más esta humanidad” (Hojarascas, 2017). Entonces ¿qué humanidad queremos ser? ¿qué feminismos queremos construir? Nos caracteriza la crítica, la desconfianza a lo estático, la ansiedad por dejar de ser horizontes, la necesidad de lo urgente, el reconocimiento de lo impostergable, un modo constante de revolucionarnos, la sensación de traición ante la avanzada de sectores biologicistas/conservadores/transfóbicos/lgbtfóbicos en nuestro nombre, la constante revisión de lo que nos falta. Nos preocupa lo hegemonizante y lo determinista hacia dentro. Nos ocupa que no sea solo una ley, una consigna, un color, una moda, unos años de suerte. En 5 años nuestros movimientos feministas y diversos en articulación adquirieron una masificación y visibilidad pública digna de considerarse como cuarta ola. En estos 5 años se condensaron luchas que tienen muchísima más historia que este brevísimo tiempo. Durante todo este tiempo nunca dejamos de ser eternes disconformes de lo que se dice no se puede cambiar, incluso y sobre todo hacia adentro. La humanidad que queremos ser son los feminismos que estamos aprendiendo a construir.

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