Qué tiemble el Estado, de pibis con ganas

Feminismos

Por Mario Bedosti

A una semana de la asunción de un nuevo gobierno se abre una nueva oportunidad para la comunidad LGBTIQ+ en Argentina. Luego de cuatro años de desidia y abandono por parte del Estado, nuestra comunidad observa con expectativa y esperanza la nueva gestión del peronismo, de la mano de Alberto Fernández y Cristina Fernández. En un contexto de emergencia generalizado, la situación de las personas LGBTIQ+ en el país reclama un abordaje serio, comprometido y urgente de cara a una renovada ola de violencias y vulneración de derechos. Los gestos positivos para con nuestra agenda por parte del Frente de Todes sientan las bases de para batería de políticas públicas que no pueden esperar.

Es 17 de diciembre de 2019 y en Argentina el binomio Fernández-Fernández cumple una semana desde su llegada a la Casa Rosada.  El contundente apoyo que el Frente de Todes recibió en las elecciones generales, que le otorgó la victoria en primera vuelta, da muestra de la masiva decepción popular respecto de la gestión macrista. Pero también da testimonio de las enormes expectativas que pesan sobre las espaldas de Alberto y Cristina. La sociedad en su conjunto depositó una vez más en el peronismo las esperanzas de un futuro mejor. En un contexto de tierra arrasada por las políticas neoliberales, la comunidad LGBTIQ+ se ubica entre los sectores más postergados y necesitados de urgentes políticas públicas de reparación.

A pesar de que Argentina cuenta con leyes que son pioneras en el mundo en materia de reconocimiento de derechos de personas LGBTIQ+, nuestra vida cotidiana sigue atravesada por violencias físicas, simbólicas, económicas y políticas. En otras palabras, sin desmedro de los históricos avances en materia de política pública que como comunidad supimos conseguir, nos siguen persiguiendo, violentando y matando por el simple hecho de ser quienes somos. A pesar de la ausencia de estadísticas oficiales (una de las múltiples deudas estatales), basta recorrer los medios de comunicación independientes y las redes sociales para encontrar noticias en el orden de lo semanal que describan algún ataque de odio a personas LGBTIQ+. Una pareja de lesbianas perseguidas por la justicia por sólo expresar su amor en público; maricas molidas a palos a la salida de boliches, personas trans asesinadas con total impunidad son moneda corriente en nuestro país.

Hace solo unas semanas nos enteramos del asesinato de Pablo Fullana Borsato, militante gay de Colón (Buenos Aires), y del ataque con un látigo a una pareja de chicos en una plaza de la Ciudad de Buenos Aires. Por supuesto, esta es sólo una pequeña muestra de la información a la que podemos acceder por tratarse de noticias que pudieron hacerse lugar en medio de la desatención mediática que reciben nuestres muertes. Como es trágica costumbre, la situación se vuelve incomparablemente más alarmante para el colectivo trans, cuya expectativa de vida llega a los escasos 35 años.

De cara a esta emergencia, una primera pregunta que cabe hacernos es acerca de las causas de esta persecución. Nuestra comunidad tiene una larga historia de resistencia y lucha en contra del odio hacia nuestras identidades. Los años de lucha nos han llevado a importantes victorias, como lo fueron la ley de identidad de género, el matrimonio igualitario y las políticas subnacionales de cupo laboral trans. Si bien no es poco lo que hemos logrado, la deuda en materia de derechos humanos por parte del Estado argentino sigue siendo enorme. Un rápido repaso por los años de la administración macrista da un saldo negativo en esta materia. En términos de gestión, el gobierno no sólo no tomó ninguna medida para promover nuestros derechos, sino que desfinanció el INADI y el INAM. Por su parte, María Eugenia Vidal, en la provincia de Buenos Aires, dejó paralizado el cupo laboral trans, reglamentándolo a escasos días de dejar la gobernación.

Sin embargo, también hay un plano simbólico que debe ser destacado: cuando una comunidad es blanco de violencia y de odio, la actividad de un gobierno no sólo pasa por las medidas de gobierno, sino por una acción discursiva promotora del respeto y la protección de derechos. Una vez más, aquí el macrismo falló de manera resonante. Frente a esta desidia, asistimos también a un fortalecimiento de los sectores religiosos ultraconservadores, envalentonados en su lucha contra el derecho al aborto, la ESI y la “ideología de género”. Nuestra región, y el mundo en general, atraviesa un momento político en donde ideas conservadoras y fascistas se presentan nuevamente como proyectos renovados, no sin potencia política. El mesianismo de Jair Bolsonaro en Brasil y la entrada de la dictadora Jeanine Añez al Palacio Quemado con una biblia en manos tras destituir al presidente constitucional Evo Morales, son quizás las muestras más gráficas y estremecedoras. La comunidad LGBTIQ+ se enfrenta hoy nuevamente a discursos que buscan censurar no sólo nuestros derechos, sino nuestra existencia misma.

Como contracara del ascenso de estos discursos de odio, se para firme sin embargo, el enorme movimiento feminista argentino y global, hermano en la lucha del movimiento LGBTIQ+. Durante los años de resistencia al macrismo, han sido sin dudas los feminismos quienes han estado a la cabeza de la lucha contra las políticas de ajuste y saqueo. Fueron las mujeres, lesbianas, trans, bisexuales y no binaries quienes le hicieron el primer paro a la gestión de Mauricio Macri en los albores de su administración. Fue la lucha de este colectivo la que llevó el año pasado a las históricas movilizaciones en favor del derecho al aborto en nuestro país. Y fue sin lugar a dudas esa misma lucha, la que llevó a Alberto Fernández a tomar la decisión de crear el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. 

Este recorrido nos lleva de nuevo al presente, y a la configuración de una nueva ventana de oportunidad para la promoción de las políticas que nuestra comunidad requiere con tanta urgencia. Esta ventana está configurada por la sumatoria de acciones discursivas positivas que ha hecho el presidente electo. Durante la campaña Alberto se expresó públicamente en contra de la injusta condena contra Marian Gómez por besarse con su esposa en público. Además, a escasos días de alzarse con la victoria en las elecciones, celebró la Marcha del Orgullo, comprometiéndose a la construcción de “una Argentina para todos, todas y todes”. Por otro lado, debe recordarse también que fue el kirchnerismo el que, empujado por la lucha del movimiento LGBTIQ+, impulsó y acompañó las leyes de matrimonio igualitario e identidad de género durante los gobiernos de Cristina.

En este nuevo contexto, nos encontramos como movimiento ante una posibilidad histórica que requerirá por nuestra parte de una activa y potente movilización. Movilización que debe darse como siempre en las calles, pero también y especialmente en el Estado. La creación de un Ministerio que llevará el nombre de la Diversidad, junto a la especial ponderación del INADI, que se vio reflejada en la presencia de Victoria Donda (su nueva titular) en la presentación del gabinete albertista, da cuenta de un tiempo histórico donde debemos pugnar por tener un papel protagónico. Es fundamental que la composición de dichos organismos incorpore masivamente a personas LGBTIQ+ entre sus trabajadores y su funcionariado si realmente existe intención de hacer honor a los objetivos planteados.

La historia nos enseña que si bien hemos sabido contar con sinceres y comprometides aliades, la presencia de nuestras cuerpas y nuestros deseos se impone como condición necesaria para la efectiva implementación de políticas que apunten a reparar años de desidia y olvido. Y esto responde a una doble necesidad: el hecho de que habitemos el Estado desde lugares de conducción y decisión no sólo es requisito para la defensa de nuestros derechos. Es también una reparación en sí misma: entre las múltiples violencias de las que somos víctimas, se encuentra la seria vulneración de nuestros derechos políticos.

Es hora de que todos los poderes del Estado se llenen de travas, trans, tortas, maricas, bisexuales, no binaries e intersex. No nos alcanza con que hablen por nosotres. Es nuestro tiempo de hablar, de sentirnos representades y de ser les protagonistas en el diseño, sanción e implementación de las políticas que subsanen el oprobio y la muerte a la que todavía hay sectores que quieren relegarnos. El peronismo se encuentra asimismo ante la oportunidad de llevar a la práctica la construcción de un pueblo donde efectivamente reinen “el amor y la igualdad”. Las personas LGBTIQ+ tenemos la fuerza, tenemos la experiencia y tenemos la furia de nuestras ancestras para encarar dicha tarea. Estamos listes para dar la lucha contra la cis-hetero norma en todos los espacios. Abran paso.

Deja un comentario