Golpe fascista en Bolivia: la derecha recargada

Internacionales

Por: Juan Manuel Ciucci

No hay muchas maneras de analizar lo que está sucediendo en Bolivia: se llama golpe de estado, y su orientación antipopular, racista y anti-originaria revela su vertiente fascista. Un odio de clase que hace años viene germinando en una sociedad que vio empoderarse a las clases subalternas, encontró la manera de organizarse y lograr por la vía violenta la renuncia de Evo Morales y García Linera. Desde el ajustado triunfo electoral semanas atrás, el país se vio sacudido por una fuerte movilización parapolicial, que se coronó el sábado con el alzamiento policial y éste domingo con el apoyo militar.

Los discursos democráticos y republicanos poco han dicho ante tamaño ataque a la democracia boliviana

y menos aún ante las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que han sufrido funcionarios oficiales y militantes populares. Es que son palabras que se disparan contra los gobiernos de la región que intentan mejorar la existencia de las mayorías, con el fin de desestabilizar esos procesos y poner fin a las experiencias emancipadoras latinoamericanas. Vemos éste proceder desde hace años en Venezuela, y hemos visto cómo lo han desarrollado exitosamente en pocos días en Bolivia. No es momento para discutir aquellos errores internos que ambos procesos pueden haber cometido, y que fueron aprovechados para construir el escenario actual.

Un nuevo golpe de Estado sacude nuestra región: urge por lo tanto la condena internacional y el apoyo incondicional al Pueblo boliviano, en esta hora tan difícil.

Basta ver el relato de los medios hegemónicos para comprender la distinta vara que se utiliza para pensar procesos sociales que hoy conmueven a nuestra región. Mientras en Chile la reacción autoritaria y criminal del gobierno por defender su poder y los privilegios de las clases dominantes es silenciado o hasta justificado con la excusa de “mantener el orden”; desde hace días se viene construyendo la “necesidad” de que Evo de un paso al costado. Se ocultan también las características de la banda criminal que en estos momentos se ha apoderado del Ejecutivo en Bolivia, y las atrocidades que ya están cometiendo. En tanto que la OEA brinda la plataforma “institucional” detrás de la cual pueden ocultarse los cómplices del golpismo de todo el continente.

Nos debe quedar claro que la recuperación de los gobiernos populares de la región de la que hablamos tiempo atrás, será duramente resistida por las derechas vernáculas y foráneas.

Claros ejemplos de esto es la sangrienta reacción en Chile contra las protestas populares contra un modelo de ajuste y exclusión, y ésta tristísima noticia que nos llega desde La Paz. El viaje del Presidente electo argentino a México la semana pasada preocupó y mucho a los EEUU y sus secuaces, que al mismo tiempo que se mostraron dispuestos al diálogo y el acercamiento, operan en los espacios que han visto debilitados. La libertad de Lula ayer nomás fue otra dura señal para los sectores reaccionarios, que sin dudas hoy celebran la caída de Evo.

Hay una operación fundamental para ser analizada respecto a lo sucedido en Chile y su utilización por parte de la derecha continental: esa explosión popular intenta ser igualada con los alzamientos fascistas que se dieron en Bolivia, a fin de empantanar la discusión y dificultar el análisis crítico de lo sucedido. Algo parecido sucedió con las “guarimbas” en Venezuela: se presenta como protesta popular una fuerte operación desestabilizadora avalada por potencias extranjeras. Nos recuerda la utilización que realizó occidente de la “primavera árabe”, que lejos de lograr mayores libertades para sus pueblos fue campo propicio para operaciones que balcanizaron la zona y permitieron ocupaciones extranjeras. El paradigma de toda ésta tragedia es quizás Arabia Saudita: sostenida por sus aliados occidentales, la dinastía gobernante continúa explotando y empobreciendo a su Pueblo, utilizando la violencia política como sistema.

En este contexto, las democracias de la región se encuentran tensionadas al máximo, dado que las fuerzas de la derecha muestran nuevamente su escaso compromiso con las constituciones de los países: no tienen el menor empacho en asumir acciones antidemocráticas para adueñarse del poder en Bolivia. Embanderados de manera hipócrita con la “defensa de las instituciones”, no dudan en destruirlas cuando los pueblos les niegan el acceso al poder.

Las clases populares latinoamericanas enfrentan enemigos inescrupulosos, capaces de todo para evitar el renacer de proyectos emancipadores en la región.

El futuro se presenta sin dudas preocupante, y será preciso reorganizar la solidaridad continental para evitar que este golpe de Estado se consolide en Bolivia. Años atrás fue posible evitar otro golpe contra Evo, e incluso contra Rafael Correa en Ecuador. La historia nos demuestra que la unidad es el camino, una vez más. El presente está, como siempre, en manos de nuestros pueblos. No hay alegría que nos puedan arrebatar, si estamos conscientes de las peleas que nos esperan y de las fuerzas con qué contamos para poder enfrentarlas. No es tiempo ni de tristezas ni de abatimientos: estamos en los albores de un nuevo tiempo histórico que nos reclama firmes y comprometides. Debemos potenciar el cambio de escenario político en nuestro país, a fin de consolidar el cambio de época que la hora nos demanda. Debemos construir las herramientas renovadoras y revolucionarias necesarias para lograrlo.

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