Una formula acertada

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Por Natalia Magnético y Sebastián Sciarotta

Los resultados de las elecciones de primera vuelta en Argentina dieron como ganadora a la fórmula presidencial Fernández-Fernández. La composición de aquella dupla que nos presentaría la ex mandataria, Cristina Fernández, a mediados de mayo fue sorpresiva para propios y ajenos. A pesar de tal sorpresa, rápidamente se pudieron observar tanto en los sucesos concretos como en las percepciones que la decisión fue acertada. Cómo ha señalado Juan Manuel Ciucci días atrás, la fórmula  ganadora sabría hacerse del ethos que caracterizó a duplas signadas por su dualidad: Juan Perón y Eva Duarte, Cristina Fernández y Néstor Kirchner. La confianza en la capacidad de gobernabilidad que daría un armador político y dialoguista como la figura de Alberto Fernández y la modificación en la forma de presentarse de Cristina en la escena, que logró desenfocar la apelación descalificadora constante y característica de la oposición, generaron el repliegue de los atomizados dirigentes del peronismo hacia la fórmula. El aire bienaventurado para aunar fuerzas que consiguió el Frente de Todxs también contó con otras causas, entre las que se destaca el contexto de crisis económica. Ante tal escenario, el movimiento político que ha sabido hacerse con el protagonismo en la arena política desde sus comienzos, debía estar a la altura de las circunstancias y, en linea con esto, la jugada ajedratica de Cristina Fernández dejaba sin grandes posibilidades a otros actores de actuar por fuera porque era claro que habría concentración de votos en dos propuestas. 

El tipo de elección también ha contribuído a un escenario de múltiples apoyos, puesto que se espera mayor compromiso del arco político que no necesariamente compite directamente en las elecciones -sindicatos, organizaciones y movimientos sociales, referentxs- en las elecciones presidenciales que en los procesos electorales de medio término.

Lo que la superpolarización se llevó

El escrutinio definitivo de las PASO celebradas el 11 de Agosto dió como ganador al Frente de Todxs con el 47,78% de los votos, mientras que Juntos por el Cambio cotejó un total del 31,79% de los votos (tengamos en cuenta que en las PASO se consideran los votos en blanco como parte del total, mientras que en las elecciones generales se excluyen). El escrutinio final de las Elecciones Generales del 27 de octubre, le otorgan un 48,24% al Frente de Todxs y un 40,2% a Juntos por el Cambio a nivel nacional. 

¿Cómo se explica la gran diferencia entre las PASO y las Generales? Los datos comparados nos revelan que aumentó alrededor de 5% la participación electoral en la instancia General con respecto a las elecciones de Agosto. Esto no se presenta como una novedad dado que desde la instauración de las PASO (sancionada en 2009 y aplicada al calendario electoral en 2011) se han dado características similares. A su vez, se presentó durante toda la campaña un escenario electoral altamente polarizado, que se acrecentó luego del triunfo notable del Frente de Todxs en ocasión de las PASO. Tal polarización generó que votantes que en las PASO se comportaron mediante el voto sincero, utilicen el voto estratégico para las Elecciones Generales. El escenario se volvió propio de un ballotage, el 88% de los electores se volcaron por las dos opciones dominantes.

Desde sus comienzos, el partido de Mauricio Macri (PRO) ha trabajado con detalle en su imagen mediática y en la publicidad política. En lo que refiere a la estrategia de campaña transitada luego de las PASO, la alianza gobernante apeló a un discurso optimista, acercando al candidato presidencial y a figuras de Cambiemos a les votantes, en un recorrido de puntos estratégicos bajo el lema “Sí Se Puede”. Con ese mismo aire triunfalista se presentaron los resultados del día domingo 27, en donde analistas políticos y periodistas intentaron instalar que la diferencia entre las dos principales fuerzas ubicaba a Cambiemos como “perdedor pero ganador” y que el presidente saliente, Mauricio Macri, sería el indudable jefe de la oposición. Es innegable que el porcentaje que cosechó la Alianza Cambiemos ubica al partido como primera oposición, pero no podemos soslayar algunas características que se presentan. La fragmentación interna del partido que conduce Macri – la conflictividad entre el ala de Marcos Peña vs. el entorno de M. E. Vidal-, la renuncia a su banca de diputada, desde marzo de 2020, presentada por Elisa Carrió días después de perder las elecciones en primera vuelta; la posibilidad de un nuevo liderazgo o bien un potencial candidato encarnado en Horacio Rodriguez Larreta -cuya capacidad de re elección continua se agotó con el triunfo cosechado-, el peso que eventualmente podría perder la figura de Macri en provincias que supieron ser aliadas por referencia de la UCR y, finalmente, la alianza con la Unión Cívica Radical que se encuentra sectorizada en su compromiso con el presidente saliente. Más destacable aún es un dato que se desprende de la revisión histórica: Macri es el primer presidente en funciones que se presenta para ser reelegido y no lo logra. 

De dónde vienen los votos

Si bien el triunfo de la fórmula Fernández-Fernández tiñó casi todo el país de azul, en las provincias centrales se consagró triunfador el amarillo. La fórmula de Cambiemos sumó más votos que en las PASO en las 24 provincias, en 13 lo hizo por encima del promedio porcentual con respecto a su crecimiento en todo el país (7,27 puntos, pasando de 32,93% a 40,20%), mientras que en 11 lo hizo por debajo. Siguiendo la lógica de las últimas elecciones, Córdoba se destaca por la diferencia de 32 puntos a favor de la fórmula que encabeza Mauricio Macri. En Santa Fe y Entre Ríos los resultados fueron muy parejos, con una diferencia de 0,8% y 1.074 votos respectivamente en favor de Juntos por el Cambio, revirtiendo el resultado de las PASO. 

Por su parte, en Mendoza la alianza gobernante se impuso con el 50,1% de los votos logrando también revertir el resultado de las PASO. En cuanto a San Luis, se observa la misma particularidad. 

El Congreso: retrato de la polarización

En el ámbito legislativo, el 27 de octubre también se eligieron 130 diputades y 24 senadores, los cuales conformarán el Congreso a partir del 10 de diciembre. Para la representación en la Cámara de Diputados Nacional, el Frente de Todxs contará con 120 diputades entre FPV y el Justicialismo y aliades, por sobre las 257 bancas total de la cámara baja. La alianza de Juntos por el Cambio tendrá un total de 119 integrantes. Dado que el quórum para sesionar se logra con 129 diputades, las dos fuerzas principales deberán tejer alianzas aunque ambas se encuentran muy cerca de esa cifra. 

La conformación que se presenta en la Cámara de Senadores ubica al Frente de Todxs con 37 legisladores sobre 72 bancadas totales, pudiendo conseguir quórum propio. Por su parte, Juntos por el Cambio contará con 29 senadores. 

Sin dejar de considerar la inestabilidad de las alianzas políticas y la posibilidad de su fraccionamiento, es preciso dar cuenta de que con los resultados que se han obtenido en las elecciones últimas el Congreso de la Nación estará conformado en un  92,7% por dos fuerzas políticas. 

Con todo, les analistas políticos debemos mirar con atención lo que pueda suceder con las alianzas que el PRO ha sabido concretar (y protagonizar) y que han devenido en coaliciones competitivas, poniendo consideración especial al nuevo escenario que se presenta con el peronismo unido, la posibilidad de reelección de Alberto Fernández y la necesaria reconfiguración de una Unión Cívica Radical a la que el proceso de coalición ha dejado expuesta. 

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