La lengua es de todes

Cultura Feminismos Noticias

Por Yanina Abreu*

En el V Congreso Latinoamericano de Traducción e Interpretación, inaugurado en 2010 por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el filósofo uruguayo Ricardo Soca reflexionó acerca de cómo deben, quienes se dedican a la traducción de textos, abordar el problema de las palabras y expresiones que no están respaldadas por lo que él denominó “autoridad lingüística”. Soca sostuvo que quienes trabajan con la lengua deben tomar a la normativa como una referencia para justificar sus decisiones, pero sin olvidar que las sociedades se transforman constantemente y que, en esas transformaciones, el cambio lingüístico siempre está un paso delante de la norma.

En la actualidad, las sociedades de todo el mundo se encuentran atravesando un profundo y vertiginoso cambio de paradigma impulsado, principalmente, por el movimiento de mujeres y por el movimiento LGBTQI (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgénero, transexuales, queer, intersex). Dichos movimientos, han sabido introducir sus reclamos en diversas esferas sociales y exigen, cada vez con más fuerza, la presencia de perspectiva de género en las políticas públicas, en las legislaciones, en el Estado y en las instituciones. En lo que refiere a la lengua, estos movimientos se han ocupado de nombrar las experiencias de quienes no se identifican con el género cis masculino y que no habían sido nombradas porque los diccionarios fueron creados en función de las propias vivencias y formas de concebir el mundo de unos pocos hombres blancos, heterosexuales y de clase alta. Sin embargo, el desafío más grande de los feminismos y del movimiento LGBTQI en lo que refiere a la lengua es incluir dentro de ella a los géneros no binarios, dejar de invisibilizar su presencia y la de las femineidades en lugares donde es necesario destacarla: en la ciencia, la política, la economía, etc. Frente a este desafío, en los países hispanohablantes muchas personas no binarias comenzaron a identificarse con el pronombre “le” y se propuso reemplazar la letra o de las generalizaciones, por la letra e. Esto último fue y es muy discutido por la sociedad en general, pero también dentro de los mismos movimientos. Muchas mujeres trans se manifestaron en contra ya que el uso de la e oculta la identidad de género por la que tanto lucharon. De la misma manera, muchas mujeres cis argumentaron que la generalización con la letra e las invisibiliza de la misma manera que la generalización en masculino. Sin embargo, aunque no todas y todes aprueben el uso de la letra e para generalizar, sí hay un común acuerdo en que es urgente y necesario nombrar a todas las personas, porque los dos géneros gramaticales del español, cuando remiten a seres animados y sexuados, no reflejan la diversidad genérica real. Nuestra lengua también debe deconstruirse y allí tenemos un gran desafío.

Ilustración: Lynnie Z.

Las traductoras feministas de todo el mundo vienen dando este debate hace ya varios años y han sabido utilizar su creatividad para incluir la perspectiva de género en sus traducciones. Rosario Martín Ruano analiza el trabajo de las traductoras canadienses y sostiene que su objetivo es voltear el orden existente “La traducción, según de Lotbinière-Harwood (1989: 9), implica “reescribir en femenino” (“rewriting in the feminine”); para Godard (1990 [1995:94]), supone “feminizar el texto” (womanhandling the text). Es más, como insiste la primera, si bien la “neutralización” y la “desexualización pueden ser vías para lograr un lenguaje inclusivo, para hacer visibles a las mujeres se precisa resexualizar el lenguaje (de Lotbinière-Harwood 1991: 115). De ahí que las versiones de esta y otras traductoras, por medios sumamente creativos y abiertamente intervencionistas, no desaprovechen ninguna ocasión para marcar el elemento femenino” (Escudero L., (2008). Traducción. Género. Poscolonialismo., Buenos Aires, Argentina, La Crujía Ediciones. Pág. 52).

Al experimentar la escritura desde una perspectiva feminista, se encuentran en la normativa del español diferentes barreras que dificultan o imposibilitan por completo la toma de decisiones sin recaer ni en el binarismo de género, ni en la generalización en masculino. Podemos rompernos la cabeza pensando maneras de evitar el sexismo y el binarismo sin utilizar la tan cuestionada e, pero, probablemente, lo que terminemos evitando sea la marcación del género. Por ejemplo, para no decir “los médicos” o “los médicos, las médicas y les mediques”, podemos decir “quienes se dedican a la medicina”, pero no se trata solamente de que el masculino deje de ser el único protagonista de toda actividad humana, sino de lograr que el resto de las identidades también tengan lugar en nuestra lengua, porque si no  ¿es el español realmente de todes les hablantes? ¿O, al igual que la sociedad patriarcal que queremos dejar atrás, excluye a lxs que no se adapten a sus normas?

Según el Diccionario de la RAE, la norma es un conjunto de criterios lingüísticos que regulan su uso según lo que es considerado correcto. ¿Considerado correcto por quienes? ¿Por un grupo de señores de un país primermundista que nunca fueron discriminados por ser hombres, blancos y ricos? 

Para Ricardo Soca, “La lengua es de la comunidad que la habla y, es lo que esta comunidad acepta lo que de verdad <<existe>>, y es lo que el uso da por bueno lo único que en definitiva es <<correcto>>”. Para nosotras, nosotres y nosotros, también. Lo que no se nombra no existe y por eso tenemos que ponerle punto final a las historias contadas y protagonizadas por hombres cis, hacernos presentes en el habla y en la escritura.

Nombrarnos es también una forma de resistencia y aunque no tenemos aún la solución perfecta, si es que la hay, nos paramos firmes frente a esos señores de traje y les decimos que no nos importan sus manuales ni todas las excusas que ponen para ocultar su odio hacia las mujeres, lesbianas, travestis, transexuales, transgénero y no binaries, porque seamos clares: no es solamente una cuestión de gramática; el problema es mucho más profundo: es una cuestión de no querer reconocer que el mundo no es femenino o masculino y que la invisibilización de identidades en la lengua es una de las tantas piezas que termina formando el rompecabezas de los crímenes de odio directamente relacionados con el género.

Y no es que no entendamos lo que la RAE nos explica una y otra vez como si el problema fuese nuestra capacidad de comprensión, al contrario, lo entendemos a la perfección y justamente por eso estamos en desacuerdo.

Entendemos que el masculino, por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos y demás. El problema es que no queremos que el masculino abarque nada. ¿por qué elles no entienden eso? Necesitamos hacernos visibles, necesitamos dejar de hablar de los científicos y empezar a destacar a las mujeres en la ciencia, ¿por qué seguir sosteniendo a través del lenguaje el imaginario colectivo de que solo los hombres son profesionales? ¿Por qué no visibilizar, por ejemplo, el incansable trabajo de lxs trans para ocupar espacios políticos? El lenguaje nos define, nos identifica y de ninguna manera nos pueden desaparecer de la historia cerrándonos las puertas de la lengua. Lo que la RAE tiene que agregar en sus diccionarios, no son palabras, son personas.

Como dice un cartel que circula por las redes sociales (cuya autora desconozco): RAE, no sos vos, es tu marco teórico.

En una entrevista para Infobae, la escritora argentino-española Clara Obligado dijo “Nunca he intentado disolver mi castellano natal en el castellano que se habla en España. Soy quien soy, con mi historia, y eso se ve en mi manera de hablar, pero también soy la persona que ha vivido cuarenta años fuera de su tierra, o en su otra tierra. Me considero extranjera en ambos países, aunque entiendo que otras personas opten por el rechazo o la asimilación. La mía es una postura intermedia. Si bien escribo muchas veces como si fuera española, también utilizo palabras que vienen de mi origen, o de otros castellanos. Puedo utilizar, en un mismo texto, ‘pileta’ y ‘piscina’. Intentar ‘contener’ el idioma es un absurdo. Es de todos, cambiará con todos, y esa es, justamente, su riqueza”

Si bien ella hace referencia al uso del español de España como estándar, la idea es la misma: el español está vivo y es de todes y entre todxs lo adaptamos al momento histórico. Lo adaptamos con el uso. Habitamos espacios, estamos en las calles, reclamamos lugares en el congreso y en los directorios de empresas, y, también, habitamos el lenguaje, lo hacemos nuestro, lo moldeamos a nuestras necesidades de expresión y a la RAE ni cabida.

Ilustración: Sonia Lazo

Argentina es reconocida en el mundo por su legislación en materia de igualdad de género, y la incansable lucha de nuestro movimiento de mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales y no binaries es el motor feminista de América Latina. Como resultado de las batallas a las que supimos ponerle el cuerpo con organización y convicción, el principal candidato a presidente 2019, Alberto Fernández, tuvo la festejada iniciativa de poner un sol en el lugar de la letra o en su slogan de campaña “ES CON TOD🌞S”, reconociendo así la diversidad que habita en nuestro país y dejando en claro que el “todos” -al igual que Macri y Vidal- ya fue; pero, por sobre todas las cosas, que el lenguaje también es político y que lxs politicxs nos están escuchando.  Es que definitivamente, en estos últimos cuatro años, los feminismos fueron los protagonistas de la lucha por los derechos humanos y la justicia social.

¿Qué sería de las ollas populares sin las mujeres que se las ponen al hombro, de lxs trabajadorxs sexuales sin las mujeres y trans que levantaron la voz para pedir derechos laborales, de les niñes con problemas de salud sin las mamá cultiva que se organizaron para lograr la legalización del cannabis medicinal, de la oposición al macrismo sin los feminismos que le hicieron el primer paro y sostuvieron una militancia activa durante sus cuatro años de gobierno, del periodismo sin las periodistas que día a día batallan para desarmar la violencia oculta en los titulares de los diarios y comunicar con responsabilidad, de las infancias trans sin la asociación Infancias Libres, de las personas gordas sin lxs activistas gordxs reclamando su derecho a ser felices, de la homosexualidad sin los gays, lesbianas y bisexuales organizades, del poder judicial sin las abogadas que lo dejan todo para despojarlo de su machismo y misogonia junto con los feminismos que salen a la calle a repudiar sus vergonzosos fallos, de las víctimas de abuso sexual sin las valientes que se animaron a denunciar, de nuestra memoria sin las abuelas de plaza de mayo, de las personas que no quieren gestar sin los feminismos que supieron movilizar a todo el país exigiendo aborto legal, seguro y gratuito, del amor sin les jóvenes que en cada reunión debaten sobre responsabilidad afectiva?

Invisibilizar todo esto detrás de un masculino genérico sería cómo mínimo irresponsable. 

Como ciudadanas, ciudadanes y ciudadanos de un país referente en materia de diversidad sexual y defensor de los derechos humanos, tenemos la obligación moral de usar la e, la x, el @ y todo lo que rompa con las estructuras lingüísticas que nos quieren imponer, porque solo con el uso vamos a generar el cambio que cubrirá las necesidades de expresión de esta sociedad que avanza con prisa y sin pausa hacia la igualdad social.

A la lengua patriarcal también la vamos a tirar.

*Estudiante de traducción técnico-científico-literaria en idioma inglés del Lenguas Vivas Sofía Broquen de Spangenberg. Orienta su formación hacia la traducción con perspectiva de género porque cree en el poder de la lengua con herramienta de sensibilización. Integra la Comisión de creación de un manual de estilo para la utilización de un lenguaje no sexista y no binario dentro de la Universidad Nacional de San Martín. Forma parte de la grupa de Traductoras e Intérpretes Feministas de Argentina. Actualmente asiste a un taller de escritura no ficción con perspectiva de género.

Este texto es el resultado de un debate del que participó en una clase de lengua Española. Es una reflexión que forma parte de su objetivo personal con la lengua.

Deja un comentario